300.000 euros menos al día en ventas a Venezuela


Las exportaciones al país se han dividido por 12 en el último lustro. Las empresas advierten de que es el único mercado de la región donde prevén desinvertir

Hugo Chávez aprovechó su última visita a España, en el año 2009, para visitar La Casa del Libro en la madrileña Gran Vía y comprar un ejemplar de ‘El capitalismo funeral’. El texto, de Vicente Verdú, supone una crítica a los males derivados de la globalización y la libertad de capitales como causantes de la crisis financiera y el deterioro del ser humano. Una libertad de capitales que permite a empresas e inversores huir de aquellas regiones con más riesgo y que, hoy, está azotando con fuerza a la propia Venezuela.

Cada día que pasa mercancías españolas por valor de 300.000 euros evitan al país latinoamericano para buscar mercados alternativos con mayor estabilidad. España vendió a Venezuela productos en el año 2017 por un valor de 111 millones de euros. La cifra es algo menos de la mitad que la registrada un año antes y una duodécima parte del volumen de intercambios de 2013, cuando ambos países vivían uno de sus mejores años comerciales. Para encontrar una cifra similar a la del último año hay que retroceder dos décadas. Por su parte, las importaciones se situaron en 381 millones de euros, un 51% más que el año anterior pero tres veces menos que en 2014.

De cara a 2018 las perspectivas son todavía peores. Las grandes empresas españolas con presencia en Iberoamérica consideran que el país pasa por la peor situación económica de todo el continente y apuestan por desinvertir y romper sus lazos con este mercado, según un estudio reciente elaborado por el Instituto de Empresa. Las compañías encuestadas otorgan al país una calificación de 1,39 puntos sobre cinco, nueve décimas menos que un año antes y muy lejos ya del segundo país peor valorado, Cuba, con 2,64 puntos.

Inestabilidad económica y política

Los inversores castigan al país que dirige Nicolás Maduro por su inestabilidad económica y política. Un informe publicado esta semana por el Parlamento de Caracas advierte de que el PIB venezolano sumó en 2017 su cuarto año consecutivo de recesión con una destrucción del PIB del 13%. El FMI pronostica que este año siga retrocediendo a ritmos del 15% -evaporando la mitad del valor económico en el último lustro- con una inflación desbocada del 2.700%.

Detrás de esta crisis se encuentra una brusca caída del precio del petróleo y de la industria local que ha dejado de regar las arcas públicas con divisas internacionales. «La situación es crítica y sólo un fuerte encarecimiento del barril de petróleo puede salvar al país», explica Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de Economía del IE Business School. El crudo sigue suponiendo hoy un 25% del PIB y Venezuela acumula las mayores reservas de petróleo del mundo, si bien y de forma contradictoria su extracción se reduce año tras año por la menor inversión.

La asfixia de divisas internacionales ha cerrado al exterior las puertas del mercado venezolano. No hay dólares con los que financiar las importaciones y vender en bolívares sería una locura dada la depreciación constante que sufre la moneda local.

El Instituto de Comercio Exterior español recomienda a las empresas españolas que acudan a este mercado «sí y solo sí previamente se han asegurado de forma definitiva e irreversible el cobro en moneda convertible de sus ventas». «Venezuela ha pasado de ser un país muy interesante a un mercado sin actividad exterior», señala Jesús Urdangaray, director para América Latina de Cesce.

Fuga de empresas

Esta entidad, participada por el Estado y por los grandes bancos, ha incluido a Venezuela en el peligroso ‘grupo 7’ donde se concentran los países con mayor riesgo para hacer negocio. Cesce centra su actividad en la garantía del cobro para los exportadores españoles y en la presentación de avales en concursos internacionales. «Nuestras coberturas están cerradas en operaciones comerciales con el país», explica Urdangaray.

El actual clima económico en Venezuela no sólo ha frenado la llegada de inversores, sino que se está traduciendo ya en una fuga de empresas. La patronal local Conindustria advierte de que ya han desaparecido dos tercios del tejido productivo del país: quedan 3.800 empresas y hay «riesgo» de que este año dejen de funcionar otras 1.000. La patronal apoya su advertencia en una encuesta interna con dos grandes conclusiones: un 68% de las empresas vive una situación «mala o muy mala» y un 38% del total avisa de que no cree que pueda seguir operando más dos años por la falta de divisas, la incertidumbre ante el escenario político, el acceso a proveedores de materias primas y la baja demanda nacional.

En el otro lado están las compañías extranjeras que operan en el país, entre ellas varias españolas como Repsol, BBVA, Mapfre o Telefónica. El problema de estos grupos es que tienen que asumir de forma continua impactos en sus balances por el deterioro de sus activos vinculado a la hiperinflación. «Es una situación complicada porque hay unos costes de salida muy elevados que pasan por liquidar el negocio. ¿Quién va a comprar hoy un negocio en Venezuela?», explica Martínez Lázaro. «El problema principal para las empresas ya instaladas es el control cambiario y la falta de divisas, la prohibición de expatriar dividendos y obstáculos para pagos a proveedores en el exterior», añade Urdangaray.

Para Repsol, Venezuela sigue siendo un mercado estratégico al tratarse del primer país del mundo por reservas probadas de petróleo en el subsuelo. El grupo tiene una exposición patrimonial de 1.480 millones de euros en el país, un 35% inferior a la de 2016 tras las provisiones realizadas con cargo a las cuentas del pasado ejercicio para cubrir el deterioro del negocio en el país. Por su parte, Telefónica también sufrió unas pérdidas de 129 millones de euros en su negocio venezolano en 2017 como consecuencia de los deterioros.