Pensar y razonar son ejercicios que inevitablemente requieren de tiempo, son procesos de maduración, de preguntas y derivaciones circulares. Ni qué decir del deseo, que es un componente vital de la identidad y que se gesta a su propio ritmo.

Esa premura por atender cinco o más citas a la semana para vivir el consumo humano de Tinder, terminará por convertir el enamoramiento en una lejana emoción que experimentaban los antiguos.

¿Será que nos hacemos adictos a lo impostergable? ¿Será que si opinar se nos volvió urgente, tener razón se convirtió en emergencia y salir con muchas personas es apremiante? Estamos alterando nuestros equilibrios bioquímicos y generando lo que conocemos como resistencia a la sustancia: queremos más y más y cada vez más rápido.

¿Que qué queremos? Ah, pues lo queremos todo. Obviamente.

@AlmaDeliaMC