Darío Villamizar: «Se está cerrando el ciclo de 70 años de guerrillas en América Latina»


El politólogo e investigador colombiano, exmiembro del desaparecido M-19, presenta en Madrid la historia condensada de siete décadas de insurgencia en su país, desde los orígenes al declive

El robo de la espada de Simón Bolívar, en su quinta de Bogotá, fue la rompedora acción que el Movimiento 19 de Abril (M-19) eligió para darse a conocer el 17 de enero de 1974. Darío Villamizar se incorporó más tarde a esa guerrilla colombiana, pero sí estaba cuando el excomandante Antonio Navarro Wolff, luego ministro de Salud y hoy senador, la devolvió el 31 de enero de 1991 en el mismo lugar en que fue sustraída. «Se quería reconocer que habrían logros con la nueva Constitución de 1991», explica el politólogo bogotano. Veinticinco años más tarde, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron la paz con el Gobierno colombiano. Mientras la última guerrilla del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), negocia el fin de la violencia en Quito. Villamizar acaba de presentar en la Casa de América el libro «Las guerrillas en Colombia, una historia desde los orígenes hasta los confines» (Debate), donde resume siete décadas de lucha armada de más de treinta organizaciones. El texto incluye extractos de documentos desclasificados de la Inteligencia estadounidense.

-Con la firma de la paz con las FARC el pasado 24 de noviembre y el proceso abierto con el ELN ¿Asistimos al punto y final de siete décadas de violencia guerrillera en Colombia y en toda América Latina?

-Se está cerrando el ciclo de las guerrillas en América Latina y el Caribe. Un ciclo que se inició a mediados de los años 50. En el caso colombiano un poco antes, a raíz del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Las últimas organizaciones guerrilleras que subsisten en el continente son el ELN y unos pocos grupos en México. Pero ya es el fin. En los años 80, cuando se registra el mayor número, hubo cerca de 420 grupos guerrilleros en todo el continente. En el caso colombiano, entre 1959 y hoy se registraron 32 grupos, también de distintas denominaciones, orígenes, tamaños, regiones o ciudades donde actuaban con mayor énfasis.

-¿Por qué Colombia ha sido el último país en acabar con las guerrillas?¿Por sus ganancias del narcotráfico, secuestro…?

-Hay determinados factores, uno de ellos es el geográfico. Colombia es un país complejo de regiones, montaña, selva, con dos costas, con una entrada muy fácil hacia el norte del continente por Panamá. Un grupo en la selva es indetectable. Por otro lado, las formas económicas para que subsistieran eran ilegales: chantaje, secuestro, minería ilegal, tráfico de especies o de maderas, narcotráfico… Economías ilegales que generaban unas rentas a las que tenía acceso la guerrilla en distintas dimensiones. No necesariamente constituían el gran cártel de la cocaína, pero en ciertos eslabones de esa cadena podrían estar o participaron algunos grupos armados.

-¿Qué ha aportado a Colombia 70 años de lucha guerrillera, con el dramático saldo de más de 260.000 muertos y 60.000 desaparecidos? El M-19, por ejemplo, participó en la elaboración de la Constitución de 1991.

-No fue solo el M-19. En ese momento se desmovilizaron cuatro grupos guerrilleros, el PRT, el Quintín Lame, el EPL y el M-19. Este último participó en la Asamblea Nacional Constituyente con listas propias y tuvo un resultado importante de 19 delegados, el 30%. Un grupo numeroso de delegados de guerrillas, partidos políticos y organizaciones sindicales tuvieron el mayor peso en la elaboración de la nueva Constitución. Muchos guerrilleros que se desmovilizaron en los años 90 y luego otros han estado participando activamente en política. Varios han sido ministros, alcaldes, gobernadores, concejales, congresistas… Nombres como Antonio Navarro Wolff, Camilo González, Luis Fernando Rincón, Gustavo Petro… Hace hace dos o tres años coincidieron cinco presidentes de claro origen guerrillero en América Latina, como José Mujica, Dilma Rousseff, Salvador Sánchez Cerén, Raúl Castro o Daniel Ortega.

-¿Se han solucionado o están en vías de arreglarse muchos de los problemas que ocasionaron la lucha armada?

-La Constitución de 1991 permitió una mayor democratización de la vida nacional. El derecho ciudadano a la participación está consagrado de varias maneras. En los años 50 los dos partidos tradicionales -liberal y conservador- crearon un frente nacional por el cual solo ellos participaban. Eso se rompió años después, pero la Constitución del 91 da paso a un sistema multipartidista, de amplia representación de las regiones y permite subsanar muchas de las carencias de la democracia colombiana. El acuerdo con las FARC profundiza en la participación política y en la cuestión agraria, motor de la lucha guerrillera de los últimos 70 años.

-¿La revolución cubana se inspiró en los movimientos guerrilleros de Colombia o fue al revés?

-En general fue inspiradora para la creación de movimientos en América Latina. En Colombia también sucedió lo mismo en el año 59. Solo que, por otras causas, en Colombia ya se venían dando brotes guerrilleros desde una década antes. Cuando asesinaron a Gaitán en 1948 se produce una explosión popular, surgen guerrillas liberales y también empieza a crearse un movimiento guerrillero orientado por los comunistas. Es el antecedente más inmediato de las FARC. Hay un hilo de continuidad desde 1950 hasta 1964, cuando ese grupo de campesinos comunistas dicen que a partir de hoy nos vamos a llamar Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Pero ya había una clarísima influencia de la revolución cubana. El ELN se formó prácticamente en Cuba, donde recibieron los primeros entrenamientos.

-¿Cómo valora el papel de Cuba, país que ha pasado de sustentar a estos grupos a albergar las conversaciones de paz?

-Sobre todo en los inicios de la revolución, Cuba tuvo un papel preponderante en el surgimiento y apoyo de esos grupos guerrilleros. Posteriormente los cubanos cumplen un papel de apoyo más solidario, más humanista, muchos familiares de combatientes fueron protegidos en la isla. A partir de los años 90, Cuba empieza a cumplir un papel muy certero en la búsqueda de la paz en distintos países. Luego estuvieron muy activos en este proceso de seis años con las FARC y con el ELN.

-¿Cree que la injerencia cubana ha sido definitiva en la crisis generalizada que atraviesa Venezuela, como sostienen observadores y opositores de ese país? ¿Teme que el fin del chavismo sea violento?

-Por ser un país limítrofe, Colombia tiene unas situaciones complejas y delicadas con Venezuela. Gran cantidad de colombianos viven allá desde hace décadas, hay un flujo migratorio de venezolanos hacia Colombia, que en los últimos meses va en aumento. Por ello cualquier desenlace violento es lo que menos quisiéramos. Confiamos en que pueda haber un diálogo del Gobierno de Maduro con la oposición en que se busquen salidas que no afecten a la población y que Venezuela vuelva a transitar por una senda de paz y de progreso.

-¿Pero ha influido la injerencia cubana?

-No, yo creo que Venezuela tiene sus problemas particulares que obedecen a las formas de gobierno que se han dado los ciudadanos y a los hechos que se han presentado posteriormente. No podríamos señalar en el caso de Venezuela la presencia o apoyo de determinado país como causante de las crisis. Como tampoco en el caso colombiano algunos políticos señalan que el desarrollo de los procesos de paz son producto del castrochavismo.

-¿La experiencia del M-19 puede ser útil a las FARC en su transformación en partido político y para reinsertarse en la vida civil?

-Sí, hay aportaciones que dar a este proceso. El M-19 posterior a la desmovilización se transformó en el partido llamado Alianza Democrática M-19, que tuvo resultados importantes en las elecciones para la Constituyente y luego en el Congreso. La Alianza fue un espacio político de tránsito de esa guerrilla a la vida civil. Su vida útil fueron 4-6 años, 2-3 procesos electorales y finalmente empezó a declinar. Cumplió su propósito. En esa época se desmovilizaron cerca de 5.000 combatientes con muy pocos casos de reincidencia, no supera el 3%, un promedio muy bajo en la media internacional.

-¿La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC), su nuevo nombre, podría ser también un movimiento de transición?

-Son dos procesos muy diferentes. Cuando el M-19 y otros grupos se desmovilizan en los años 90 persistía la lucha armada. Quedaban en armas grupos tan importantes como las FARC, el ELN y el EPL. Las condiciones eran adversas. Estaba en pleno auge el paramilitarismo, los asesinatos de dirigentes políticos, especialmente de la Unión Patriótica, y de desmovilizados. Ahora hay un mayor compromiso del Estado, está en los acuerdos, de combatir el paramilitarismo. Sin embargo, se siguen presentando asesinatos de líderes sociales, defensores de los derechos humanos y varios casos de integrantes de las FARC o familiares. Esperamos que el Estado cumpla con lo que está en el acuerdo del combate al paramilitarismo.

-¿La reconciliación es posible en Colombia? Algunos sectores estiman que no mientras haya impunidad para delitos de lesa humanidad.

-Es posible y la estamos viviendo ya. Acciones que están asumiendo ex miembros de las FARC de pedir perdón públicamente, hablar con las víctimas, de reconocer que cometieron graves errores, masacres como la de Bojayá (Chocó) o la muerte de los once diputados del Valle del Cauca. Ese tipo de cosas facilitan la reconciliación, reconocer que hubo un error, pedir u ofrecer el perdón y por otro lado encontrar que las víctimas quieren la verdad. Ahora falta profundizar en ello y para eso hay medidas que van a ser muy importantes, como la creación de una justicia especial para la paz o la comisión de la verdad, que va a empezar a funcionar el año próximo. Ahondar en la verdad va a significar también ahondar en la reconciliación.

-¿Cómo explica que el presidente Juan Manuel Santos tenga un bajo respaldo popular después de firmar la paz con las FARC y recibir el Nobel?

-La política en Colombia es compleja y cambiante. El presidente Santos tiene una oposición bastante fuerte dentro del Congreso, tiene una oposición de partidos y expresidentes antes cercanos a él que permanentemente están criticando. La paz y el Nobel podrían ser parámetros para subir la imagen del presidente, pero hay otros factores que la sociedad también está midiendo, relacionados mucho más con sus necesidades inmediatas, salud, educación, donde hay grandes déficit. Son aspectos que desde el Gobierno no se han atendido de forma adecuada. La paz es la prioridad, pero para muchos colombianos es un intangible cuando les toca permanentemente las necesidades del día a día y por eso están evaluando la labor del presidente.