Editorial: Se te acabó Colombia, Raúl Castro


El excomandante guerrillero colombiano Timochenko está muerto como candidato político. Ha sobrevivido a una cirugía cardiológica, no se encuentra para elecciones, pero incluso antes de ser ingresado hospitalariamente había decidido suspender sus actos públicos, dadas las manifestaciones populares de rechazo que venía recibiendo.

Su guerrilla reciclada en partido, con las siglas de siempre apelando ahora a otros conceptos —de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia a Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común—, no presentará otro candidato a las elecciones. Aunque las encuestas le negaban posibilidades de victoria aun contando con Timochenko.

Igual que el excomandante había logrado transformarse de terrorista asesino en candidato en una democracia, Raúl Castro fue capaz de dejar su rol de cómplice del secuestro de la paz colombiana para adoptar un nuevo papel, que gozó del beneplácito internacional: el de negociador de paz. Ahora, sin embargo, acaba de perder su apuesta colombiana más evidente.

Sobrepasado el peligro Timochenko, Colombia no ha de perder de vista la capacidad de intromisión mostrada a lo largo de más de medio siglo por el régimen castrista. Pues caben otras maniobras planeadas en La Habana, si no para estas elecciones, para más adelante.

Sin embargo, una ojeada al estado en que se encuentran hoy los aliados continentales de La Habana dibuja un panorama devastador para el Palacio de la Revolución. Lula da Silva en problemas de justicia aunque constituya el candidato favorito según las encuestas; Cristina Fernández de Kirchner con varias causas pendientes y difícil retorno a la presidencia; Rafael Correa negado y discutido por el actual presidente Lenín MorenoNicolás Maduro vetado para la próxima cita de la OEA y combatido por el Grupo de Lima

A lo que habría que agregar la nula disponibilidad para complicidades habaneras de otros gobernantes latinoamericanos, así como la política hacia Cuba de la Administración Trump.

América empieza a pesarle sobremanera a Raúl Castro, ocupe el puesto que ocupe en lo adelante. Y le pesará sobremanera también al sucesor que el presidente general nombre. Habrá que estar continentalmente atentos a lo que se avecina.