Editorial: Victoria de Erdogan


Recep Tayyip Erdogan logró el pasado domingo la reelección como presidente de Turquía. Su formación, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), mantendrá además la mayoría en el Parlamento aunque sea gracias a los escaños del ultraderechista Partido de Acción Nacionalista (MHP).

Erdogan adelantó el voto presidencial ante las dificultades, principalmente económicas, que estaba atravesando, con una importante pérdida de valor de la lira turca frente al euro y el dólar y una inflación de dos dígitos. La restricción sistemática de la libertad de expresión, con intervención de medios y procesamiento de periodistas críticos, y las extensas purgas desatadas tras el intento de golpe de Estado de 2016 han marcado su mandato hasta ahora. A pesar de las denuncias de fraude y varios incidentes, el mandatario seguirá hasta 2023 en el fastuoso palacio que ha construido.

Sin embargo, varios parámetros importantes han cambiado e influirán, no necesariamente para bien, en la acción del presidente reelecto. En primer lugar, el voto ultranacionalista, que en las presidenciales de 2014 optó por el candidato opositor o no acudió a las urnas, ha sido fundamental ahora para apuntalar su victoria. Además, queda por saber qué reclamará el ultraderechista MHP a Erdogan a cambio de su apoyo. El MHP es un partido que se hizo famoso en los años setenta del siglo pasado por sus pistoleros. Finalmente, el país aparece dividido en tres zonas con un oeste laico, un sureste kurdo y un centro que apoya el conservadurismo islámico. Erdogan deberá lidiar además con la gestión de millones de refugiados procedentes de la guerra siria y la intervención militar turca en países vecinos contra los kurdos.

Pero su verdadero reto es que deberá elegir entre un autoritarismo personalista apoyado en el islamismo moderado o la modernización democrática del Estado laico que fundó Atatürk. Su decisión modelará la Turquía del futuro.