El asunto no es si se participa o no, sino, para qué se participa o no



“La libertad nunca es voluntariamente otorgada por el opresor; debe ser exigida por el que está siendo oprimido”

Martin Luther King.

 

La mayoría opositora lleva década y media debatiendo si participa o no en las sistemáticas convocatorias del régimen a elecciones no competitivas. La gente se negó a votar en el 2005, luego del tremendo fraude electoral del 2004, cuando los camaradas, no contentos con la compra de conciencias, la ventaja, la adulteración del REP y la sistematización total de las elecciones, entre otros chanchullos para controlar el resultado, el día de la votación del Referéndum Revocatorio Presidencial (transformado inconstitucionalmente en plebiscito) expulsaron de la Sala de Totalización del CNE a los representantes de la oposición, Sobella Mejías y Ezequiel Zamora.

Debate que continúa, a pesar de que cuando la oposición ha concurrido y cuando no ha concurrido a las fraudulentas elecciones el resultado ha sido el mismo, el régimen hace lo que le viene en gana, la voluntad popular queda burlada, el cambio político esperado no se produce sino todo lo contrario, la revolución se profundiza y ante la pérdida de popularidad, el régimen adiciona trampas para asegurar su triunfo electoral, aunque en apariencia, a veces  ha “perdido” -no hay que pasar por alto que “las pérdidas”, han sido de espacios o elecciones sin importancia para el avance de la navegación en “el mar de la felicidad cubana” y, han servido para alimentar la creencia de que se le puede ganar al régimen, a pesar del desnaturalizado sistema electoral, y para proporcionarle la apariencia de democracia necesaria en estos tiempos, hasta que en el 2017, por fin, parte de la comunidad internacional desconoció la mal llamada Asamblea Nacional Constituyente, por su inconstitucional convocatoria y fraudulenta elección y ha anunciado que si las próximas elecciones presidenciales no son “democráticas, transparentes y creíbles” su resultado también será desconocido y el fraude masivo electoral en las regionales evidenció que ser mayoría no basta para superar la trampa del régimen.

Así las cosas, el asunto no es participar o no, el asunto es para qué se participa o no en las elecciones. El objetivo final de toda elección es influir en la política de un país, la elección es un medio, no un fin en sí mismo. El objetivo que ha perseguido la mayoría de los venezolanos durante estas casi dos décadas ha sido el restablecimiento de la democracia en Cubazuela, hoy con más urgencia que nunca, cientos de miles de venezolanos han muerto y siguen muriendo en este genocidio practicado por el régimen que, a los asesinatos por hampa común y cuerpos de seguridad del Estado-partido y paramilitares, adiciona la desnutrición y la negación de medicinas, miles han estado o están injustamente presos, torturados y perseguidos por pensar distinto, millones han sido incluidos en listas discriminatorias, otro tanto se ha desplazado; el sufrimiento de la gente que vive esta terrible tragedia se percibe en la calle y su exigencia a la dirigencia opositora y al mundo es que sienta su dolor y su urgencia. ¿Puede la dirigencia opositora, en las actuales condiciones, garantizarle a la gente que su participación en estas elecciones presidenciales producirá el cambio político esperado o al menos es otro paso adelante en ese sentido? Si participa y no logra superar la trampa del régimen, como ha venido ocurriendo ¿Qué propone hacer al día siguiente? ¿Seguir votando en elecciones fraudulentas?

Si no participa porque el régimen persiste en su determinación de hacer otro fraude electoral, como es su costumbre ¿comunidad internacional y dirigencia opositora han planificado una estrategia unitaria que permita el cambio político deseado, o, pasará como en el 2005, que en vez de desconocer la ilegítima Asamblea Nacional roja la aceptaron?