La BBC estrena una vitriólica obra de teatro sobre la monarquía inglesa


El actor Tom Pigott-Smith, en la serie «King Charles III» – BBC

La BBC estrenó en horario estelar en la noche del miércoles, en su segundo canal, la versión para televisión de la exitosa obra de teatro «Charles III», estrenada en 2014 en el West End londinense y que también ha triunfado en Broadway. El drama fantasea sobre cómo sería la llegada al trono del príncipe Carlos y ha resultado especialmente controvertido por cómo trata la figura de Kate Middleton, a la que presenta como una nueva y maniobrera Lady Macbeth, que mueve los hilos para colocar a su pusilánime marido William en el trono.

En su estreno en el teatro, el cartel presentaba una foto de Carlos coronado y con un esparadrapo tapándole la boca. La función desató entonces una gran unanimidad aprobatoria entre la crítica londinense. El diario conservador y monárquico «The Daily Telegraph» le concedió su máxima puntuación, cinco estrellas. El laborista «The Guardian» le otorgó cuatro y destacó que «es un drama que plantea cuestiones importantes».

La monarquía goza en estos momentos de una firme popularidad en el Reino Unido, con valoraciones muy altas de sus principales miembros; solo el Príncipe Andrés recibe una nota baja. Pero aun así, tras ver anoche la emisión televisiva es indudable que contiene golpes audaces y controvertidos. De entrada, se abre con el engalanado ataúd donde marcha Isabel II entre el pesar de su pueblo, una imagen que dada la edad de la Reina puede levantar aristas. El Rey Carlos III aparece como un personaje dubitativo y excéntrico, que provoca una enorme crisis constitucional al negarse a visar una ley de su Gobierno por entender que limita el derecho democrático a la libertad de expresión. En cierto modo hay precedentes de la intromisión de Carlos en la labor gubernamental. La justicia ordenó hace dos años que se hiciesen públicas sus cartas donde presionaba al Ejecutivo de Blair, conocidas como «el memorando de la araña negra», por su apretada letra en tinta de ese color. 

Harry vive en la obra una crisis de identidad y en una escena en un pub otro joven le pregunta si es hijo de Carlos o si su padre auténtico «es Hewitt», el jinete militar con que Diana vivió en su día un sonado romance en la vida real. Harry acaba enamorándose de una chica negra que mora en una vivienda social, pero al final la dejará en la estacada.

Al modo shakesperiano, el fantasma de Lady Di se le aparece desde el más allá a su ex marido y a su hijo William. Pero tampoco queda bien Diana, pues el fantasma engatusa a ambos haciéndoles idéntico vaticinio: «Tú serás el mejor rey». Pero quien recibe los peores mandobles es la Duquesa de Cambridge, presentada como una ambiciosa arribista. Maneja a su antojo al príncipe Guillermo, quien al final acaba traicionando a su padre por el influjo de ella, en una escena de sabor a lo Rey Lear.

 

Gerald Howarth, un ex ministro de Defensa conservador, cree que la BBC se ha equivocado encargando la versión televisiva de la obra. Considera que haber emitido una parodia tan frontal y a ratos dura de la monarquía británica resulta «algo extraordinario, tratándose de una organización tan consumida por la corrección política».

Sin embargo, John Whittingdale, que fuera ministro de Cultura de Cameron, defiende la emisión: «Si la BBC ha comisionado una buena obra, ¿qué se puede objetar? El teatro de alta calidad es una de las razones de ser del servicio público».

Al margen de las consideraciones políticas, lo cierto es que el telefilme está muy bien realizado, con una ambientación perfecta y unos actores que lo vuelven todo creíble. Engancha y se ve con interés. Tim Pigott-Smith, que ya encarnó al Rey Carlos en el teatro en el estreno, borda el papel y le confiere dignidad y a ratos un inesperado dramatismo. El rol de Kate es para Charlotte Riley, una actriz de 35 años, que hasta ahora era conocida por aparecer en la serie «Peaky Blinders». El autor de la obra teatral es el joven dramaturgo Mike Bartlett, de 36 años, que ha sido también guionista de series televisivas y cuenta en su haber con el Premio Laurence Olivier de Teatro, que ganó en 2010.

Los medios ingleses dan por sentado que la BBC avisó de antemano a Buckingham sobre su intención de encargar una versión televisiva de la obra. No consta oposición alguna de la Corona. «No creo que la Reina esté ni un ápice ofendida», afirma el exministro Whittingdale. Sin embargo el crítico de teatro del «Telegraph», Charles Spencer, pese a haber dado en su día la máxima puntuación a la obra, recomienda al Príncipe Carlos »como deferencia» que no la vea.