La CDU apoya una Gran Coalición e inicia debate sobre su futuro


Hace sólo un par de semanas Angela Merkel parecía estar pisando una cuerda floja. Una mediocre “gran coalición” pactada entre sus demócratas cristianos (CDU), sus socios bávaros de la Unión Social Cristiana (CSU) y los socialdemócratas (SPD) había sido sellada, y anunciados los primeros miembros del gabinete. Crecía la crítica dentro de las varias alas de la CDU: el resultado de las elecciones había sido una decepción, el programa de la coalición era inadecuado, ceder el Ministerio de Finanzas al SPD había sido un error, el equipo ministerial propuesto por la CDU no presentaba nuevas figuras que pudiesen dirigir el partido después del retiro de la señora Merkel. La cuerda floja para ella: preparar el futuro de su partido sin desechar el resto del liderazgo de la Canciller en el proceso.

Hoy ella se bajó de la cuerda floja, después de una serie de movimientos tácticos inteligentes que culminaron en una exitosa convención del partido realizada en Berlín. Nominando a Annegret Kramp-Karrenbauer (junto a la Sra. Merkel en la foto de arriba), la moderada ministro-presidente del Sarre, como  nueva Secretaria General de la CDU, agradó a los centristas del partido. La inclusión de Jens Spahn, un crítico abierto de su política de refugiados, como Ministro de Salud, convenció a los conservadores de que ella también escucharía sus preocupaciones. Dirigiéndose a los delegados en un almacén de moda en Kreuzberg, la Sra. Merkel reconoció ciertas críticas sin ceder terreno sustancial. Ella atribuyó las pérdidas electorales de la CDU al “Unbehagen” (malestar o incomodidad) de los electores alrededor de tres cosas: la efectividad del Estado en momentos como la crisis de los refugiados; el cambio tecnológico; un clima internacional incierto. El discurso le ganó una ovación de cuatro minutos de pie. Más del 97% de los delegados respaldaron la propuesta de gran coalición y más del 98% votó a favor de la Sra. Kramp-Karrenbauer, que se piensa es la sucesora preferida por Merkel. La Canciller concluyó el día estabilizada. Ella puede estar en los capítulos finales de su predominio en la política alemana, pero éstos se contarán más probablemente en años que en semanas o meses.

Eso no significa, sin embargo, que todo sigue como de costumbre. Por un lado, la militancia del SPD sigue votando sobre si unirse o no a una gran coalición. Si el resultado de este próximo domingo es un “no” — todavía una posibilidad real — las negociaciones y los bocetos de los gabinetes de las semanas pasadas no habrán llegado a nada. Eso sería un nuevo golpe para la Sra. Merkel y produciría un gobierno minoritario sin precedentes, o unas nuevas elecciones, lo que prolongaría aún más el periodo de incertidumbre postelectoral de Alemania, que ya dura cinco meses. E incluso con un “sí” del SPD, las tensiones en la CDU están lejos de resolverse. De hecho, los debates acaban de empezar. En los últimos años, la marca electoralmente exitosa, altamente táctica e ideológicamente indistinta de centrismo practicado por Angela Merkel ha sofocado los contrastes entre las diferentes tendencias ideológicas de la democracia cristiana alemana: liberal, social-cristiana y conservadora. Ahora, sin embargo, parece estar emergiendo un nuevo período de tira y afloja en el partido.

En medio de los resultados estilo Corea del Norte en la Conferencia de hoy, por ejemplo, también hubo una muy bienvenida cacofonía de opiniones sobre la condición y el rumbo de la CDU. Las cabezas se movían críticamente mientras la Sra. Merkel defendía la pérdida del Ministerio de finanzas. El Presidente de la Asociación Empresarial del partido se quejó de que el acuerdo de la coalición “se concentra principalmente en la redistribución y no tiene respuesta a las grandes preguntas en nuestro país”. Paul Zemiak, el líder de la juventud, considerado una estrella ascendente, dijo que la CDU necesita un perfil más claro; un camarada de Baden-Württemberg fue más lejos, opinando que tenía toda la agudeza de un neumático desgastado; el ministro-presidente de Renania del Norte-Westfalia, por otra parte, rechazó firmemente un giro más conservador. Muchos colocaron sus esperanzas en la señora Kramp-Karrenbauer: “ella es alguien con ideas propias, y no sólo dice lo que el gobierno dice“, destacó el jefe de la Asociación de Clase Media de la CDU. 

La nueva Secretaria General no decepcionó. Cuando la intervención de la Canciller parecía centrada fundamentalmente en el pasado -los aplausos más fuertes llegaron cuando agradeció a los miembros salientes del gabinete como Wolfgang Schäuble — el incisivo discurso de la Sra. Kramp-Karrenbauer se centró en el futuro. Dijo que priorizaría la revisión de la declaración de principios de la CDU para 2021 (cuando se debe realizar la próxima elección) y que  hará de la CDU “un lugar con un debate real”. Los indicios de ese próximo debate procedieron del Sr. Spahn, quien se abstuvo de criticar a Merkel en su discurso, pero calificó el resultado de la elección como una decepción “amarga” y afirmó que la CDU debía cerrar el espacio político a su derecha, para hacer que el movimiento anti-inmigración Alternativa para Alemania (AFD) se convierta en un partido “superfluo”.

Para muchos en el partido una competencia por el liderazgo post-Merkel podría enfrentar a estos dos jugadores en ascenso en una batalla entre dos futuros muy diferentes para la democracia cristiana alemana.  Kramp-Karrenbauer, conocida como “mini Merkel”, pertenece al ala social-cristiana de la CDU. Como la actual Canciller, ella es cautelosa por temperamento  y nada ostentosa; una centrista en lo económico  y conservadora en lo social, aparentemente más cómoda en la coalición con los socialdemócratas del SPD que con los Demócratas Libres amigos del libre-mercado (FDP). Spahn por el contrario es un liberal que se ha alineado astutamente con los conservadores de la CDU en temas como los refugiados y la integración, y es un buen amigo del líder del FDP, Christian Lindner. Un admirador de jóvenes líderes europeos como Sebastian Kurz de Austria y Leo Varadkar de Irlanda, quiere una CDU más pujante y nítidamente diferenciada.  Será fascinante ver cómo “AKK” (Annegret Kramp-Karrenbauer),  Spahn y quizás también Julia Klöckner, la entrante Ministra de Agricultura,  preparan sus opciones en los próximos meses.

Hace un par de semanas escribí en este blog que “la política se ha deteriorado seriamente en Alemania” después de un período relativamente despolitizado en la historia del país desde la posguerra: un Bundestag  (Parlamento Federal) más fragmentado debería ser uno más vibrante; el acuerdo de la gran coalición compromete a sus signatarios a un mayor desacuerdo y a un debate abiertos; un gobierno minoritario generaría incluso más de eso; Andrea Nahles, el  agresivo líder entrante del SPD, tiene una oportunidad razonable de devolver el espíritu de lucha  a la conflictiva izquierda alemana. Los últimos días han producido dos señales adicionales en esta dirección. El viernes Cem Özdemir, el ex líder del partido verde, dio un discurso encendido acusando al AFD de “despreciar todo lo que la Alemania moderna representa”, electrificando un Bundestag a veces soñoliento. Y hoy la CDU ha puesto en marcha lo que podría convertirse en un período de reflexión crítica, de renovación de personal y de genuino debate ideológico. El oxígeno está inundando de nuevo el torrente sanguíneo de la política alemana. Y eso es algo bueno.

Traducción: Marcos Villasmil

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NOTA ORIGINAL:

The Economist

The CDU backs a new grand coalition—and starts to debate its future

Kaffeeklatsch

ONLY a couple of weeks ago Angela Merkel looked to be treading a fraying tightrope. A mediocre “grand coalition” deal between her Christian Democrats (CDU), their Bavarian partners the Christian Social Union and the Social Democrats (SPD) had been sealed and the first cabinet appointments announced. Criticism from various wings of the CDU was mounting: the election result had been a disappointment, the coalition programme was inadequate, ceding the finance ministry to the SPD had been an error, the CDU’s proposed ministerial line-up did not bring forward younger figures who might lead the party after Mrs Merkel. The tightrope: to prepare her party’s future without writing off the remainder of her leadership in the process.

Today she stepped off the tightrope, following a series of clever tactical moves culminating in a successful party conference in Berlin. Nominating Annegret Kramp-Karrenbauer (pictured with Mrs Merkel above), the moderate minister-president of the Saarland, as the new general secretary of the CDU pleased centrists in the party. Lining up Jens Spahn, an outspoken critic of her refugee policies, as health minister persuaded conservatives that she would heed their concerns too. Addressing delegates in a trendy warehouse in Kreuzberg, Mrs Merkel acknowledged certain criticisms without giving substantial ground. She ascribed the CDU’s election losses to voters’ “Unbehagen” (malaise or discomfort) about three things: the state’s effectiveness in moments like the refugee crisis; technological change; an uncertain international climate. The speech won her a four-minute standing ovation. Over 97% of delegates backed a grand coalition and over 98% voted for Mrs Kramp-Karrenbauer, who is thought to be Mrs Merkel’s preferred successor. The chancellor concludes the day stabilised. She may be in the final chapters of her domination of German politics, but these are more likely denominated in years than in weeks or months.

That does not, however, mean business as usual. For one thing, the SPD’s membership is still voting on whether to join a grand coalition. If the result this Sunday is a “no”—still—a real possibility—the negotiations and cabinet sketches of past weeks will have come to naught. That would be a fresh blow to Mrs Merkel and would produce either an unprecedented minority government or fresh elections, further prolonging Germany’s already five-month-old spell of post-election uncertainty. And even with a “yes” from the SPD, the tensions in the CDU are far from resolved. In fact, the debates have only just begun. In recent years Mrs Merkel’s electorally successful, highly tactical and ideologically indistinct brand of centrism have smothered the contrasts between its different ideological tendencies: liberal, christian-social and conservative. Now, however, a new period of cut-and-thrust in the party seems to be emerging.

Amid the North Korean-like results of the headline votes at today’s conference, for example, there was also a welcome cacophony of views on the CDU’s condition and course. Heads shook as Mrs Merkel defended the loss of the finance ministry. The president of the party’s business board complained that the coalition deal “concentrates primarily on redistribution and has no answer to the big questions in our country”. Paul Zemiak, the leader of the party’s youth wing tipped as a rising star, said the CDU needed a clearer profile; a party comrade from its Baden-Württemberg branch went further, opining that it had all the sharpness of a “worn down tyre”; the minister-president of North Rhine-Westphalia, on the other hand, argued firmly against a more conservative turn. Many vested their hopes in Mrs Kramp-Karrenbauer: “she’s someone with her own head, and doesn’t just say what the government says”, waxed the head of the CDU’s Mittelstand association. 

The incoming general secretary did not disappoint. Where Mrs Merkel’s speech seemed primarily oriented to the past—the loudest applause came when she thanked outgoing cabinet members like Wolfgang Schäuble—Mrs Kramp-Karrenbauer’s punchier address concentrated on the future. She said she would prioritise rewriting the CDU’s statement of principles by 2021 (when the next election is due) and make the CDU “the place where there’s a real contest”. Hints of that coming debate came from Mr Spahn, who refrained from criticising Mrs Merkel in his speech but branded the election result a “bitter” disappointment and claimed the CDU needs to close off the space to its political right, to make the anti-immigrant Alternative for Germany (AfD) party “superfluous”.

To many in the party a post-Merkel leadership contest might pit these two rising players against each other in a battle between two quite different futures for German christian democracy. Mrs Kramp Karrenbauer, known as “mini Merkel”, belongs to the CDU’s christian-social wing. Like the chancellor she is temperamentally cautious and unflashy, a socially conservative economic centrist seemingly more comfortable in coalition with the SPD than the free-market Free Democrats (FDP). Mr Spahn by contrast is a liberal who has cannily aligned himself with the CDU’s conservatives on refugees and integration and is a good friend of the FDP’s leader Christian Lindner. An admirer of swish young European leaders like Sebastian Kurz of Austria and Leo Varadkar of Ireland, he wants a more thrusting and crisply differentiated CDU. Watching how “AKK”, Mr Spahn and perhaps also Julia Klöckner, the incoming agriculture minister, set out their stalls in the coming months will be fascinating.

A couple of weeks ago I wrote on this blog that “politics has broken out in Germany” after a relatively depoliticised period in the country’s post-war history: a more fragmented Bundestag should prove a more vibrant one; the grand coalition deal commits its signatories to more open disagreement and debate; a minority government would generate even more of that; Andrea Nahles, the SPD’s pugilistic incoming leader, stands a reasonable chance of putting the fight back into Germany’s struggling left. The last few days have produced two additional signposts in this direction. On Friday Cem Özdemir, the former Green party leader, gave a storming speech accusing the AfD of “despising everything modern Germany stands for”, electrifying the once-sleepy Bundestag. And today the CDU has launched what could turn out to be period of critical reflection, personnel renewal and genuine ideological contest. Oxygen is flooding back into the bloodstream of German politics. And that’s a good thing.