La influencia de Karl Marx: un contrafáctico


El doscientos aniversario del nacimiento de Karl Marx ha motivado muchas conferencias dedicadas a los numerosos (y Dios sabe que hay muchos) aspectos de la vida y obra de Marx. (Yo voy a una de estas conferencias en Haifa). A esto hay que añadir una aún mayor cantidad de relecturas de su obra e influencia (Peter Singer acaba de publicar hace unos días una), nuevos libros sobre su vida, una película sobre el joven Marx, y la lista no acaba ahí.

Aquí también voy a analizar la influencia intelectual de Marx, pero desde un ángulo distinto. Voy a usar un enfoque contrafáctico. Voy a preguntarme que habría sido de su influencia si no se hubieran producido tres eventos destacables. Obviamente, como todos los análisis contrafácticos, está basado en una lectura personal de la historia y en conjeturas. No se me puede dar la razón. Estoy seguro de que hay otros que tendrán diferentes contrafácticos, quizá mejores que el mío.

El primer evento: si no hubiera existido Engels. Este contrafáctico ya ha sido discutido pero merece la pena analizarlo de nuevo. Cuando Karl Marx murió en 1883, era el coautor del Manifiesto comunista, una serie de breves estudios políticos y sociales, artículos de prensa (en el New York Daily Tribune) y un libro denso pero no muy conocido o traducido titulado El capital (Volumen 1). Fue publicado 16 años antes de su muerte y durante ese tiempo escribió mucho pero publicó poco. Al final de su vida, incluso escribió poco. También quedaron sin publicar, y totalmente desordenadas, cientos de páginas de sus manuscritos de finales de 1840, y de las décadas de 1850 y 1860. Marx era conocido en un pequeñísimo círculo de dirigentes sindicales, y por los socialdemócratas alemanes, austriacos y cada vez más rusos. Si se hubiera quedado ahí, es decir, si Engels no hubiera pasado más de diez años ordenando los papeles de Marx y creando los dos volúmenes adicionales de El capital, la fama de Marx habría terminado en 1883. Habría sido muy mínima. Dudo que alguien hubiera recordado su cumpleaños el 5 de mayo.

Pero gracias al trabajo altruista y la dedicación de Engels (y de su importancia en la socialdemocracia alemana), la importancia de Marx creció. Los socialdemócratas se convirtieron en el mayor partido de Alemania y esto aumentó aún más la influencia de Marx. Karl Kautsky publicó Las teorías de la plusvalía de Marx. Los únicos países donde, dentro de un círculo muy estrecho por otra parte, era influyente eran Rusia y Austria-Hungría.

La primera década del siglo XX fue un periodo de aumento de la influencia del pensamiento de Marx, tanto es así que Leszek Kołakowski denomina con acierto esta época “la edad de oro”. Fue realmente la edad de oro del pensamiento marxista en el sentido de la importancia de la gente que escribió siguiendo a Marx, pero no en términos de influencia global. El pensamiento de Marx no se introdujo en el mundo anglosajón (la primera traducción de Das Kapital -que todavía, extrañamente, se refiere por su título en alemán- fue en 1887, es decir veinte años después de su publicación original). Y en Europa del Sur, incluida Francia, fue eclipsado por anarquistas y “socialistas pequeñoburgueses”.

Aquí es donde las cosas tendrían que haber terminado si no se hubiera producido la Gran Guerra. Creo que la influencia de Marx habría desaparecido cuando los socialdemócratas alemanes se movieron hacia el reformismo y el “revisionismo”. Su imagen quizá habría permanecido junto a los maîtres à penser de la socialdemocracia alemana pero no habría conservado una buena parte de su influencia, ni en la política ni (probablemente) en las ciencias sociales.

Pero entonces se produjo la Revolución de Octubre (el segundo evento). Esto transformó totalmente la escena. No solo porque se la atribuyó la gloria, exclusivamente por parte de los científicos sociales, de ser el responsable ideológico único de un cambio tan crucial en un país grande y en la historia global, sino porque el socialismo, gracias a su atractivo mundial, “catapultó” la fama y el pensamiento de Marx. Sus ideas, sean buenas o pobres, se hicieron inevitables en buena parte de Europa, entre intelectuales, activistas, líderes sindicales y trabajadores comunes. Las escuelas sindicales estudiaban sus escritos; los líderes políticos, debido al giro dogmático que habían tomado los partidos comunistas, planearon sus estrategias y las explicaron a partir de referencias de los, hasta hace poco, desconocidos textos históricos de Marx.

Entonces, mientras el Comintern abandonaba su eurocentrismo y se involucraba en batallas antiimperialistas en el Tercer Mundo, la influencia de Marx se expandió hacia áreas que nadie podría haber predecido. Se convirtió en el ideólogo de nuevos movimientos de revolución social y liberación nacional en Asia, África y América Latina. Marx les influyó, independientemente de si los líderes políticos fueron fieles a sus preceptos o los abandonaron (como hizo Mao al colocar al campesinado en vez de a los trabajadores en el rol de la clase revolucionaria), y es esta referencia a él la que explicaba sus políticas.

Gracias a Trotsky y Stalin en Rusia, los republicanos de izquierdas en España, el Frente Popular en Francia, Mao en China, Hồ Chí Minh en Vietnam, Tito en Yugoslavia, Castro en Cuba, Agostinho Neto en Angola, Nkrumah en Ghana, Mandela en Suráfrica, Marx se convirtió en un influencer global. Nunca antes un científico social había tenido una influencia global así. ¿Quién podía imaginar que dos alemanes barbudos del siglo XIX podrían adornar la Puerta de la Paz Celestial en Pekín?

Y no solo tenía influencia global, sino que su influencia trascendía clase y profesiones. He mencionado ya los líderes revolucionarios, los políticos y sindicalistas. Pero su influencia se extendió a la academia, a los institutos; influyó tanto a aquellos que se opusieron a él como a quienes lo alabaron. Esa influencia iba desde el marxismo elemental que se enseñaba a los estudiantes de institutos hasta los sofisticados tratados filosóficos de “marxismo analítico” en economía. La publicación de los manuscritos de Marx de 1844-46 descubrió a un joven y desconocido Marx que movió la discusión a un plano superior: había ahora una batalla filosófica entre el Marx joven y el clásico.

Nada de eso hubiera ocurrido sin la Revolución de Octubre y el giro decisivo desde el eurocentrismo al Tercer Mundo, que transformó a Marx en una personalidad global, no solo un pensador alemán y europeo.

Cuando los crímenes del comunismo comenzaron a conocerse, y se le atribuyeron cada vez más a Marx, y los regímenes comunistas, junto a sus ideólogos más ignorantes, balbuceaban frases predecibles, el pensamiento de Marx sufrió un eclipse. La caída de los regímenes comunistas dejó a Marx en su punto más bajo.

Pero entonces -el tercer evento- el capitalismo globalizado que muestra todas las características que Marx elocuentemente describió en Das Kapital, y la crisis financiera global, recuperaron su pensamiento. Ahora está asegurado en el panteón de los filósofos globales, sus obras existentes están publicadas, sus libros están disponibles en todos los idiomas del mundo, y su estatus, aunque está aún sujeto a los caprichos del tiempo, es seguro, al menos en el sentido de que ya no podrá caer nunca más en la oscuridad y el olvido.

De hecho, su influencia está indisolublemente unida al capitalismo. Mientras exista el capitalismo, leeremos a Marx como su analista más astuto. Si el capitalismo deja de existir, lo leeremos como su mejor crítico. Así que, tanto si creemos que en los próximos doscientos años el capitalismo seguirá existiendo como si no, podemos estar seguros de que Marx sobrevivirá.

Su lugar está ahora junto a Platón y Aristóteles, pero si no fuera por los tres eventos favorables e improbables que he descrito, difícilmente habríamos oído hablar de un inmigrante alemán desconocido que murió hace tiempo en Londres, y que está enterrado en una tumba con otras ocho personas.

Publicado originalmente en Global Inequality.

Traducción de Ricardo Dudda.

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