Laurence Debray: “Los venezolanos sufren un sadismo de Estado”


 

La historiadora denuncia la violenta crisis que atraviesa el país y acusa al poder chavista de valerse de la penurias para manipular a la población.

 

La escritora e historiadora Laurence Debray, hija de Régis Debray y de Elizabeth Burgos, quería exponer la situación de Venezuela, el país de su madre, en ocasión de “La emisión Política”, organizada por France 2 el 30 de noviembre pasado y cuyo invitado era Jean-Luc Mélenchon. El debate resultó corto, cuando el jefe de La Francia insumisa se negó a debatir con ella.  Ella deseó narrarnos lo que no pudo decir esa noche.

 

LE FIGARO.- Jean-Luc Mélenchon se negó a discutir con usted en ocasión de “La Emisión política” del 30 de noviembre. ¿Cómo vivió usted ese momento?

 

Laurence DEBRAY.– Yo quería un intercambio sobre la realidad de Venezuela, el país de mi madre, donde yo viví. Mélenchon se refirió, en su programa presidencial, al régimen chavista. Estuvo varias veces en Venezuela y se reunió con Hugo Chávez, mostrando su admiración por él. Yo quería hablar sobre el estado real de los venezolanos, pero prefirió atacarme personalmente.

 

¿Qué deseaba usted decirle?

 

Hoy, hay una sociedad con dos velocidades en Venezuela. Por una parte, la que tiene las divisas y que puede aprovisionarse en el mercado negro o hacer venir sus medicamentos desde el extranjero; por otra parte, aquella a la que solo se le paga en bolívares y que, a causa de la hiperinflación (2.600% en 2017), ni siquiera puede comprar con qué sobrevivir. Los supermercados están vacíos. Incluso la gasolina falta, lo que, para un país petrolero es chusco. En ciertas regiones, hay que esperar dos o tres días para llenar el tanque. 80% de los venezolanos tienen hambre. Una asociación de enfermeras evaluó en 8 kg la perdida de peso en promedio por persona desde el 2016. Ya no hay liquidez. El sistema de tarjeta de pago ya no funciona correctamente porque está saturado. Ya no hay medicamentos en los hospitales.

Un profesor universitario, al inicio de su carrera, cuando Chávez llegó al poder en 1998,  ganaba 1200 euros mensuales. Hoy gana el equivalente a 4 euros al mes. Es apenas suficiente para alimentar a cuatro personas durante una semana, sin comprar carne. En Venezuela no se es vegetariano por escogencia sino por necesidad. 10% de la población se ha exilado, es decir 4 millones de personas. Ya no hay embotellamiento en las calles de Caracas, una ciudad que era conocida por su vida intensa. Muchos venezolanos dependen, de ahora en adelante, del dinero enviado por los miembros de su familia, exilados en Cuba o en Honduras. Un primo que es médico me contó que, para Navidad, todos hicieron su aporte para ofrecerse una cena con carne. No la habían comido desde hacía cuatro meses.

 

“Los saqueos se han hecho recurrentes: en primer lugar son los negocios o las panaderías que se han puesto en la mira, luego los camiones que transportan alimentos, y ahora en las casas de los particulares…”

¿Cómo hacen los más pobres?

 

El gobierno ha creado un sistema que se llama el carnet de la patria. Cuando uno se registra en el mismo, puede beneficiarse con una caja de alimentos básicos, una vez al mes, pero hay que probar que se votó “bien” en las elecciones.  Se trata de alimentos a cambo de un voto. En las elecciones municipales de diciembre de 2017, militantes chavistas acompañaban a los votantes hasta la urna para verificar que habían votado “bien”.  En los centros de distribución, donde  están almacenadas las cajas de ayuda alimentaria del gobierno, se verifica si el carnet de la patria está bien emitido.

 

El trueque se ha desarrollado mucho. La gente viaja al interior, a las regiones agrícolas, para cambiar alimentos por objetos diversos. Durante varias semanas, comen la misma cosa en cada comida.  Es el mercado negro. Los regalos, ya no son un pañuelo de seda. Es un saco de papas, o un paquete de pastas. Los saqueos se han hecho recurrentes: en primer lugar son los negocios o las panaderías que se han puesto en la mira, luego los camiones que transportan alimentos, y ahora en las casas de los particulares que entierran las latas de conservas en su jardín y le ponen candado a su nevera. Ya no se trata más del miedo a causa de la inseguridad y de la violencia que reinan en las calles de Caracas, es el miedo a ser saqueado en su casa.

 

Ciertos médicos protestaron recientemente en contra de la situación en los hospitales.

 

En los años de la década de 1980, el hospital de niños de Caracas estaba mejor equipado que el hospital Necker en París. En 2017, la mitad de los niños hospitalizados enfermos con cáncer murieron por falta de cuidados. La otra mitad sobrevivió gracias a los medicamentos enviados desde el extranjero por amigos o de la familia. Ya no hay servicio de radiología en el gran hospital universitario de Caracas, por falta de material de repuesto. Ese gran hospital no funciona sino al 20% de sus capacidades. Numerosos médicos y enfermeras se han exilado porque ya no soportan trabajar bajo esas condiciones. Unos médicos venezolanos publicaron una declaración acusando a Maduro “de holocausto” de la población de enfermos de los hospitales.

 

¿Cómo explicar esa situación?

 

El gobierno achaca esa crisis a la caída de los precios del petróleo y a la “guerra económica” que sufriría el país. Pero olvida decir que la producción del petróleo cayó igualmente a causa d la gestión catastrófica de PDVSA, la compañía petrolera nacional. Ahora la dirigen militares. No son los que están mejor preparados para  lograr que una empresa funcione. 80% de los ministros son militares. Y la mayor parte de las empresas nacionalizadas están en manos de militares. La  economía del país ha sido destrozada a nombre de la ideología. Ello acarrea una crisis alimentaria y sanitaria sin precedente para un país que era el cuarto país más rico del mundo en 1950. La corrupción se ha convertido en una verdadera plaga: 850 millardos de dólares han desaparecido de las cajas del Estado en estos últimos años. La corrupción de la clase dirigente ha batido todos los récords.

 

¿ Puede cambiar el reparto de las cartas la elección presidencial de marzo próximo?

 

En 2017, desaparecieron 49 medios de publicación. La oposición ya no tiene acceso a los medios, salvo en blogs o en sitios de internet y el último diario independiente, El Nacional. En la televisión, entre la retransmisión de un discurso de Nicolás Maduro y las telenovelas, no hay lugar para la oposición. El gobierno anticipó la fecha de la elección presidencial, de octubre a marzo para tomar desprevenida a la oposición. La mayor parte de los líderes de oposición están en la cárcel o privados de sus derechos cívicos. El poder escoge los candidatos de la oposición a la elección presidencial. No respeta la expresión democrática. Creó una Asamblea constituyente para pasar por encima del Parlamento, dominado por la oposición. Ya nadie cree en las elecciones. Se vota para obtener un saco de arroz. De hecho, las penurias, el hambre, se utilizan para controlar a la oposición. Es un verdadero cinismo, sadismo de Estado. “Vota bien, quédate tranquilo y tendrás de comer”, es un control de la población por el hambre.-

Le Figaro, 30-1-18

Patrick Bèle

Traducción de Carlos Armando Figueredo

  • Pedro José Garcia Sanchez

    Excelente resumen de la situacion el que hace Laurence Debray