Los chicos, la web y el “Cambalache” de Discépolo


Poca reflexión y escasa actitud crítica se verifica a la hora de informarse por internet.

En medio de las turbulencias económicas de los últimos días, el informe pasó algo inadvertido. Sin embargo, sus conclusiones revelan una serie de datos a tener en cuenta hoy y, sobre todo, con vistas al futuro.

Es que el estudio “Los chicos y las pantallas”, llevado adelante por el ENACOM con 350 alumnos de escuelas públicas y privadas de la Ciudad, mostró no sólo cómo usan internet los chicos sino cómo realizan sus búsquedas y qué actitud tienen respecto a lo que encuentran en la web, el “espacio” en que pasan gran parte de su tiempo.

Como informó Clarín, de las respuestas surge que la mitad de los adolescentes que asisten a colegios porteños no distingue entre una información y un contenido patrocinado, o sea, publicitario; 8 de cada 10 eligen la primera página que encuentran cuando realizan una búsqueda informativa, el cincuenta por ciento admite utilizar sólo una página de la web, sin cotejar lo que aparece allí con ninguna otra página o fuente, y otro porcentaje idéntico se dirige al sitio “más conocido”, rigiéndose apenas por su popularidad, sin tener en cuenta la seriedad o la veracidad de sus contenidos.

Según otro estudio del mismo ente, 9 de cada 10 adolescentes tienen como fuente de información principal las redes sociales, por lo cual toman lo que dicen sus contactos como cierto, sin ningún cuestionamiento al respecto.

Es decir, muy poca reflexión y una escasa actitud crítica a la hora de informarse por internet.

El fenómeno no difiere del que se registra en otras partes del mundo.

Sam Wineburg, profesor en la Escuela de Graduados en Educación de la Universidad de Stanford (EE.UU.), presentó el año pasado un estudio sobre 7.804 alumnos secundarios y terciarios, que llegó a prácticamente las mismas conclusiones mencionadas: los estudiantes no saben distinguir entre una noticia real y una “trucha”; muchos de los encuestados juzgaron la credibilidad de tuits noticiosos sobre la base de cuántos detalles brindaban sobre el hecho en cuestión o si incluían una foto grande, más que en la fuente que proporcionaba la información.

Y, en un ejemplo concreto, casi 4 de cada 10, entre los alumnos mayores, consideró, basándose en el título, que una foto de dos margaritas deformadas constituía fuerte evidencia de toxicidad cerca de la planta nuclear de Fukushima, en Japón, aun cuando no había en el texto ninguna referencia a fuente o localización acompañando la imagen.

Muchos expertos hablan ya de “alfabetismo de medios”, algo así como la necesidad de brindar herramientas para que los chicos aprendan a buscar información fidedigna en internet, distinguiendo entre contenidos verificados y sitios confiables de los que no lo son, en convulsionados tiempos de “fake news”.

Una noticia alentadora: un material de la Universidad de Stanford que enseña a los estudiantes a evaluar la veracidad de fuentes históricas en la web tuvo 3,5 millones de descargas. Y hay otra. Common Sense, una organización sin fines de lucro orientada a estas temáticas, condujo una investigación entre 853 chicos de 10 a 18 años.

Para la mitad, seguir las noticias es importante, y a más de dos tercios los hace sentir más inteligentes y bien informados.

A pesar de confiar “bastante” en las noticias que reciben en sus casas (66%), a la hora de las preferencias la mayoría señaló las fuentes online, y una buena porción se quejó de no ser protagonista de las noticias y de estar cansados de que en vez de su voz se escuche la de adultos hablando de ellos. Un punto para tener en cuenta.

Como en el Cambalache de Discépolo, en la vidriera irrespetuosa de internet también se ha mezclado la vida, y las buenas prácticas informativas y noticiosas se confunden con las que no lo son.

Promover la mirada crítica y favorecer el consumo seguro y reflexivo de todo tipo de contenidos en la web es una tarea para el hogar para los adultos. Habrá que apurarse.