María Aguilar: Despertar con la fuerza de un volcán


El sábado, miles de personas se unieron para alumbrar la penumbra en la que el gobierno de Jimmy Morales tiene sumido a Guatemala. Y es que seguir las noticias de las operaciones de rescate es desgarrador. Una tragedia reemplaza a otra, la muerte es una constante mientras la incertidumbre se apodera de poblaciones completas.

Junto a la tragedia está la rabia por la ineptitud y el descaro de todo el gabinete de Morales. Nadie se salva. Este sujeto ha cimentado su lugar en la historia como uno de los peores presidentes e infortunios que le pudo pasar a nuestro frágil país.

 Es inaudito que los poblados marginalizados de Guatemala paguen por la corrupción, incompetencia y avaricia desmedida de estos funcionarios. Es absurdo que un país como el nuestro, que es paso de huracanes, habitado por volcanes y asentado sobre placas tectónicas no tenga un cuerpo técnico de alto nivel en los puestos y oficinas encargadas de enfrentar estas tragedias, las cuales serían prevenibles si las poblaciones no fueran obligadas por su precariedad a habitar áreas de riesgo.

Hoy es clara la ausencia absoluta del Estado, la incapacidad de Morales y su gabinete para liderar Guatemala. Él y su esposa solo se hacen presentes para estorbar. Mientras diputados corruptos solo quieren aparecer en la foto, haciendo uso de los pocos recursos de rescate, al mismo tiempo que aprovechan la tragedia para avanzar leyes pro-impunidad. ¡En conjunto Ejecutivo y Legislativo son un asco!

Mientras que la labor de rescate del Ejército no elimina el hecho de que sea una de las instituciones más corruptas y criminales de nuestra historia, por eso, es ilegal que Morales indique que toda ayuda debe ser canalizada por el Ejército.

El trabajo y la solidaridad de miles de ciudadanos es ejemplar. Sin embargo, no es suficiente para salvarnos de la tragedia política y colectiva en la que estamos sumidos.

La fuerza del volcán no debe ser sinónimo de muerte sino del fuego que necesitamos para levantarnos. Para gritar ¡hasta aquí no más! Para pensar en cambios drásticos, para atrevernos a romper con las excusas de institucionalidad en un país en el que decir: “Estado de Derecho” es sinónimo de corrupción y opresión permanentes.