Paraguay 2018: elecciones y alianzas en la oposición


La crisis institucional y las manifestaciones desatadas por el intento de introducir la reelección se han cobrado hasta la fecha la vida de un joven militante del Partido Liberal, más de 200 detenidos y un legislador liberal herido de bala. GETTY

En abril de 2018, Paraguay celebrará su séptima elección presidencial desde la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-89). A falta de algo más de seis meses, se vislumbran dos fórmulas con posibilidades de éxito: la del gobernante Partido Colorado y la del Partido Liberal. La noticia significativa desde la oposición es que el Partido Liberal y la izquierda han acordado de nuevo una alianza electoral, como sucedió en 2008 con el triunfo de Fernando Lugo.

Dentro del Partido Colorado existe una fuerte puja entre dos candidaturas presidenciales. Por un lado, Santiago Peña, delfín del presidente Horacio Cartes y por dos años ministro de Hacienda. De perfil técnico, Peña estudió en la Universidad Columbia (Estados Unidos) y ha sido funcionario del Fondo Monetario Internacional. Lo anecdótico es que formaba parte del Partido Liberal desde los 17 años y tuvo que afiliarse al Partido Colorado, en plena convención partidaria, para permanecer como ministro de Hacienda. Su adversario interno, Mario Abdo Benítez, es hijo de quien fuera secretario privado de Stroessner. Abdo también se formó en EEUU y posee una trayectoria política mucho más extensa que su rival.

Si bien la lucha electoral en las filas coloradas se torna encarnizada, en cuanto a propuestas no difieren en aspectos sustantivos. Los dos debates en la televisión entre ambos candidatos han mostrado que sus discusiones no giran sobre modelos políticos diferentes, sino más bien en la intensidad de sus trayectorias partidarias.

La novedad se dio en el terreno de la oposición. El Partido Liberal y el Frente Guazú, agrupación que lidera el destituido Lugo, han acordado coaligarse para enfrentar al Partido Colorado. La alianza también está integrada por el grupo de izquierda del intendente de Asunción, Mario Ferreiro. Inicialmente, se acordó que la dupla estaría conformada por un candidato liberal para la presidencia y uno de izquierda para la vicepresidencia.

El Partido Liberal deberá decidir en sus primarias quién será el candidato que encabece la alianza opositora. Parte como favorito en la preferencia de votos el actual presidente de la agrupación, Efraín Alegre. Su contrincante más próximo según las encuestas es Carlos Mateo Balmelli, exsenador y extitular de la Itaipú Binacional. La izquierda, por otro lado, ya ha resuelto la candidatura a vicepresidente: Leo Rubín, un comunicador sin trayectoria política, que defiende los derechos indígenas, medioambientales y campesinos.

El camino para concretar el acuerdo opositor fue largo y sinuoso. La alianza llevada a cabo en 2008 entre la izquierda y el Partido Liberal, que sirvió para derrotar al Partido Colorado tras gobernar ininterrumpidamente 61 años, había acabado abruptamente tras el juicio político a Lugo, destituido con votos de sus aliados liberales. Eso llevó a que en las presidenciales de 2013 la izquierda y los liberales fueran por caminos separados, lo cual aseguró el retorno del Partido Colorado al poder.

El intento de introducir la reelección presidencial fue otro motivo de crisis en la oposición. El presidente Cartes buscó activamente la aprobación de la reelección, en alianza con Lugo y un sector del Partido Liberal. La oposición a la reelección estuvo liderada por el presidente liberal Alegre, el colorado no oficialista Abdo Benítez y el intendente de Asunción, el izquierdista Ferreiro. Este episodio generó una fuerte crisis institucional en el país que ha desatado manifestaciones callejeras violentas que se han cobrado hasta la fecha la vida de un joven militante del Partido Liberal, más de 200 detenidos y un legislador liberal herido de bala.

La reelección finalmente no prosperó, pero la oposición había quedado fragmentada en dos: de un lado, los que apoyaron a Lugo en su alianza con Cartes para introducir la reforma; de otro, los que apoyaron a Alegre en la no reelección. Pero lo que parecían bandos irreconciliables hasta hace algún tiempo, se han vuelto aliados inesperados.

Antes de la concreción de esta alianza, los medios de comunicación cubrían casi en exclusiva el proceso electoral colorado. Se daba por sentado que el ganador de sus primarias sería probablemente el siguiente presidente de Paraguay. Sin embargo, tras el acuerdo entre los liberales y la izquierda el tablero político cambió radicalmente y la oposición recuperó sus posibilidades de lograr nuevamente la alternancia.

La carrera hacia la presidencia acaba de empezar. Quedan aún aspectos que deben resolverse para llegar al Palacio de López. En filas coloradas las luchas internas empiezan a tomar altos niveles de confrontación, con denuncias por persecución política a quienes no apoyan al candidato oficial. No se ve clara aún la unidad del partido tras las elecciones primarias si se mantiene el escenario actual. Por el lado opositor, habrá que ver si son capaces de aglutinar en torno a una única dupla a los sectores no colorados, para lo cual no bastaría la mera alianza electoral, sino un programa político sustantivo y programático que se diferencie del modelo conservador del Partido Colorado.