Ramón Peña / En pocas palabras: A un paso del abismo


Terrible la sombra que se proyecta sobre el futuro de nuestra economía, si consentimos la prórroga en el poder de la banda gobernante y su modelo económico, el único que conocen y continuarían aplicando. A partir del examen del mismo por destacados economistas venezolanos, la perspectiva no puede ser más funesta.

El déficit fiscal en 2017, equivalente al 26% del Producto Interno Bruto (PIB), es el más alto en toda nuestra historia. Entre 2014 y 2017, una pérdida acumulada de 35% del PIB, constituye el ciclo recesivo más agudo sufrido por país alguno, salvo por naciones en circunstancias de guerra. Al cierre del presente año se sumará una nueva caída de 15% y así, en un lustro, nuestra economía habrá perdido la mitad de su tamaño. Los indicadores de producción industrial no son menos perturbadores. El ensamblaje automotor, que en 2007 sumaba 170 mil vehículos anuales, alcanzó apenas unas dos mil unidades en 2017, el performance más miserable desde el inicio de nuestra producción automotriz en 1948.

En estos 19 años de inseguridad jurídica, la inversión extranjera ha sido la más baja de Sur América: 26 millardos de dólares –fundamentalmente concentrada en el sector petrolero- cinco veces inferior a la de Colombia y veinticinco veces a la registrada en Brasil.

En materia de precios al consumidor somos imbatibles: no solo padecemos la mayor inflación mundial, sino que Venezuela es la primera economía petrolera del planeta que incurre en estado de hiperinflación. El salario mínimo de los venezolanos, pese a la cadena de incrementos, es el más pobre del continente, inferior al de las arruinadas economías de Cuba y Haití.

Bajo este populismo de marxistas marginales, el salario ha perdido 90% de su poder de compra. Luego de tanta promesa socialista, el trabajo de obreros y empleados ha terminado como la mercancía más barata y envilecida en este modelo económico revolucionario…