Raúl Allard Neumann: “Migraciones, interculturalismo e identidades: una mirada desde América Latina y Chile”.


RAÚL ALLARD NEUMANN, DIRECTOR PROGRAMA DE MAGISTER EN RELACIONES INTERNACIONALES CEAL-PUCV, COLEGIO MACKAY, VIÑA DEL MAR, 25 de octubre 2018, Panel de Política migratoria e interculturalidad.

Agradezco mucho la invitación, es muy satisfactorio volver a una actividad de este colegio después de 8 años, la última vez con motivo del Bicentenario de nuestro país en el 2010. Como porteño y viñamarino siempre he conocido la tan antigua y destacada trayectoria del colegio Mackay. Valoro el interés de Ustedes por tratar temas importantes y oportunos-como los de hoy-con repercusiones en lo social, internacional y económico.

PLANTEAMIENTO.

Me referiré específicamente a “Migraciones, Interculturalidad e Identidades: una mirada desde América Latina y Chile”. Decir que el tema despierta interés en este momento es casi un “understatement”. El tema de las migraciones y en particular de las inmigraciones-nacidos en el extranjero que vienen a instalarse en nuestro caso a Chile-era una cuestión ajena a nuestra vida diaria lo que ha cambiado drásticamente en este siglo y en los últimos años con la nueva variante de las migraciones significativas intra latinoamericanas, más allá de las que tradicionalmente han existido entre algunos países limítrofes.

Los migrantes en el mundo se calculan en 240 millones-cifra en aumento-y aparece en lugar alto en la agenda política mundial y en la agenda de cooperación 2030. La OIM, Organización Mundial de Migraciones coopera, analiza y asesora técnicamente en el tema a la ONU y a los Estados.

Con mucha razón los organizadores de este panel han unido este proceso a la interculturalidad. Sin duda que las migraciones se vinculan con muchos procesos pero es el de la cultura, la coexistencia de las culturas de los migrantes y de la población ya establecida es crucial. Lo mismo el tema de la identidad o mejor dicho de las identidades. Vamos a analizar de partida estos procesos y conceptos –primero migraciones y después lo cultural y finalmente algunos desafíos de política en la situación actual.

¿Mi aproximación a estos temas?

En el caso de las migraciones, me ha correspondido estudiarlas como un fenómeno inherente a la globalización y propio de las “Relaciones Internacionales” como ciencia social moderna. Y lo cultural como parte de mis responsabilidades, primero en la OEA y luego como Subsecretario de Educación en el Gobierno Aylwin cuando las políticas culturales-después del “apagón cultural” en el régimen militar- estaban en el MINEDUC (Allard, 2014) y, principalmente por haber presidido la Comisión público-privada del Patrimonio Cultural de la Presidenta Bachelet en su primer gobierno, la que hizo una serie de propuestas en 2007, varias se materializaron en ley 10 años después, en 2017.

MIGRACIONES EN UN MUNDO GLOBAL.

La migración es un proceso que nace paralelamente con la existencia del ser humano. “La necesidad de satisfacer necesidades tales como alimentación, un clima más benigno, seguridad y una mejor calidad de vida” han dado lugar a que la migración sea una parte esencial de la configuración histórica del Estado-nación (Hernández Sánchez, 2015) y también del actual proceso globalizador.

La globalización concebida en los esencial son intercambios y mercados que se mundializan y economías que se acercan e integran. Y se producen fenómenos inherentes como la interdependencia, aumentos dramáticos en los flujos financieros, nuevos actores transnacionales, empresas multinacionales y la Inversión Extranjera Directa, tecnologías de la información, transportes más rápido y las migraciones-que han existido siempre-. También aspectos negativos como el crimen organizado. Y un gran debate sobre los efectos políticos de la globalización-contaminación, cambio climático, pandemias-y la “gobernanza” de la globalización y sus déficits. Y el fenómeno del acercamiento e interpenetración de las culturas que veremos más adelante.

Nuestro planteamiento es el de la globalización con sentido social. Manuel Castells (Castells, 2006) dice que la globalización tiene geometría variable, simultáneamente genera inclusión y exclusión, riqueza y pobreza. Por eso las políticas deben tender a la inclusión, siendo una obra humana debe ser gobernada, por difícil que sea y son fundamentales los mecanismos multilaterales. Y la inclusión debe darse también al interior de los países y las sociedades, lo que nos llevará a la interculturalidad. También hubo migraciones en la “primera globalización” de fines del siglo XIX, europeos-y también asiáticos- a EEUU, Argentina, Brasil, y en menor número a Chile y otros países.

En nuestra zona hemos formado el Foro Valparaíso para estudiar estos temas justamente, con orientación social.

Se define a las migraciones como el desplazamiento generalmente voluntario que realizan las personas con dirección a otra región o país” (Castles y Miller, 2004). Con frecuencia la migración y la instalación en otro país es un proceso de largo plazo que se desarrolla por el resto de la vida del migrante y que se proyecta también a las generaciones siguientes. Castles y Miller afirman que la migración es una acción colectiva, originada por el cambio social, y que afecta a las sociedades tanto de origen como de destino. Es precisamente el carácter voluntario y su duración de largo plazo-o más temporal, lo que distingue a la migración de otros desplazamientos.

Entre estos cabe mencionar a los refugiados. Según la Convención de Refugiados de ONU de 1951 un refugiado es una persona que “debido a los fundados temores de ser perseguido por motivos de raza, religión,…u opiniones políticas se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no pueda o no quiera a causa de dichos temores acogerse a la protección de tal país” (Marisio y Hernández, 2015). Esta es una distinción ´”clásica” con el migrante pero especialistas actuales dicen que las diferencias entre estas categorías tienden a reducirse.

¿Existe el derecho a migrar? ¿Puede tratarse este fenómeno con base en los derechos de los migrantes? ¿Qué lleva a las personas y familias a migrar?

La respuesta es compleja como el propio fenómeno migratorio. Instrumentos internacionales reciente como la Agenda 2030 de Desarrollo Sustentable del año 2015 y la Declaración de Nueva York del 2016 afirman la necesidad de cooperación en esta materia, los derechos de los migrantes a su seguridad y acceso a servicios fundamentales como salud y educación para sus hijos. Chile ha ratificado otras Convenciones como veremos al final.

Sin embargo, el derecho a migrar e instalarse en otro país no es aún reconocido por el Derecho Internacional. La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 reconoció el derecho a salir y regresar al propio país-y no el de instalarse en otro y casi la misma fórmula la adoptó el Pacto Internacional de Derechos Civiles.

Eso tiene como consecuencia que forma parte de la soberanía de los Estados definir las condiciones de ingreso de extranjeros. Pero, repito, la tendencia actual es enfocarse en los derechos de los migrantes como población con derechos para evitar discriminaciones y aminorar la vulnerabilidad. Además, los propios países deben considerar la conveniencia de evitar la condición de “irregularidad”, no considerar la inmigración como un problema sino, por el contrario, la norma general es que el migrante aporta al desarrollo económico y social-y al enriquecimiento cultural-.

Y aporta tanto el trabajador calificado como el no calificado. ¿Cuáles de estos trabajadores se adaptan más rápido al país de destino?: los estudios muestran que los no calificados. También hay restricciones muy extendidas a la admisión de personas con antecedentes penales, pero no debe llevar a criminalizar la inmigración, de ningún modo.

Las razones para migrar son variadas, pero prima la condición económica: mejores condiciones laborales, ingresos y bienestar para él o la migrante y su familia, un entorno más prometedor que el del país de origen. Y también situaciones de violencia, pobreza, búsqueda de estabilidad y otras.

Un ejemplo de flujos migratorios la dramática marcha que iniciaron 4000 hondureños, familias enteras, desde Honduras, a través de Guatemala y México para legar a EEUU y las amenazas del Presidente Trump de aplicar sanciones y suspender ayuda a los países del “triángulo norte” centroamericano, Guatemala, Honduras y El Salvador, y su petición a México que los detenga lo que en la práctica no ha tenido efecto hasta el momento. Las razones de La emigración son la violencia en Honduras, malas condiciones laborales y-como algunos expresan- la atracción del “sueño americano”.

Y todo está vinculado, porque la violencia y las “maras” y pandillas en el “triángulo” se agravaron con la expulsión masiva de centroamericanos por parte de EEUU por situaciones de irregularidad, drogas, etc. Estas medidas afectan a otros países. La migración no debe ser tratada sólo con medidas unilaterales. Los Estados deben cooperar.

CULTURA E INTERCULTURALISMO.

La cultura es, fundamentalmente, una expresión de la sociedad y no una construcción del Estado. Un notable investigador chileno, ya fallecido, Fidel Sepúlveda, ubica a la cultura como el lugar en que se generan los valores humanistas, donde coexisten tradición y vanguardia (Allard, 2015). Hay definiciones atractivas como la que dice que es cultura todo lo que hay entre el polvo y las estrellas, pero no sirve como base políticas. Fidel y Margot Loyola estuvieron en la Comisión de la Presidenta Bachelet que me correspondió presidir (Allard, 2014).

Hoy prima una visión antropológica social: la cultura en una acepción amplia que incluye las bellas artes, la vida intelectual, la cultura popular, el patrimonio y fundamentalmente, los modos de vida, alimentación, experiencias, creencias, costumbres y tradiciones de pueblos y comunidades. La cultura como abanico amplio de expresiones.

La cultura la hacen los pueblos. A los Estados les corresponde fomentarla sin dirigismos, por medio de políticas públicas que permitan también a todos apreciar los bienes y expresiones culturales. Estas experiencias integran identidades, múltiples- identidades nacionales, regionales, ideológicas, religiosas, étnicas y otras (Allard, 2015).

Así, sin duda que existe una identidad nacional, en un país como Chile con más de 200 años de convivencia juntos sin duda ha surgido una nación. Pero así como se pertenece a una nación, también se pertenece simultáneamente a otros grupos regionales, étnicos, de una religión determinada, de una ideología o partido o tendencia política específica determinada. Por eso hablamos de identidades en plural y por eso el nuevo Ministerio se llama de las Culturas, las Artes y del Patrimonio.

Y esto es muy importante para las comunidades de inmigrantes, en cualquier país y en Chile. No se trata de asimilar a los grupos de migrantes extranjeros, peruanos, argentinos, bolivianos y colombianos, haitianos y venezolanos sino integrar sus experiencias culturales, que cada grupo se conozca a sí mismo, que entienda y acepte al otro y se encuentren de modo creador las comunidades y las culturas.

Por eso, Castells (Castells, 2006) dice que el cambio histórico en que estamos inmersos en las dos últimas décadas “se caracteriza por la transformación del sistema productivo, del sistema organizativo, del sistema cultural y del sistema institucional sobre la base de una revolución tecnológica”.

Y lo que decimos del nivel nacional también se da a nivel latinoamericano.

El Premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa (Vargas Llosa, 2008) afirma que América Latina no tiene una sola identidad porque las tiene todas “¿Qué significa sentirse latinoamericano? Ante todo sentirse, por encima de las fronteras nacionales, parte activa de la comunidad transnacional”.

Agrega Vargas Llosa “que sólo en el campo de la cultura la integración latinoamericana ha llegado a ser real producto de la experiencia y la necesidad- todos quienes escriben, componen, pintan y realizan cualquier otra tarea creativa descubren que lo que los une es más importante que lo que los separa de los demás latinoamericanos- en tanto en otros dominios la política, la economía sobre todo, los intentos de unificar acciones gubernativas y mercados se han visto frenados por los reflejos nacionalistas, muy enraizados en el continente”.(Vargas Llosa, 2008).

ALGUNOS DESAFÍOS EN AMÉRICA LATINA Y CHILE.

En este siglo XXI ha habido numerosos movimientos migratorios al interior de América Latina y el Caribe y se dan según la CEPAL, todas las formas de migración: emigración de latinoamericanos y caribeños; inmigración dentro de nuestra región; retornos; la migración irregular; el desplazamiento forzado y la búsqueda de refugio y la presencia de nutridas comunidades en el exterior (Martínez, 2011).

Dimos el ejemplo de flujo migratorio de Honduras. Otro caso nos alcanza a nosotros. Nos hemos transformado en un país receptor de inmigrantes, principalmente latinoamericanos en números sin precedentes y más allá de los flujos de países limítrofes-de Argentina, Bolivia y Perú- también de otros como Colombia, Haití y Venezuela.

Esta es una realidad cambiante. Hace 15 años Venezuela junto a Argentina eran los principales receptores de migrantes, ahora Venezuela ha generado un fenómeno de salida masiva de nacionales, la mayor ola migratoria en la Región. La mayoría ingresa a Colombia- muchos menos a Roraima en Brasil-caminado o en vehículos y se quedan allí o se desplazan a Perú, Ecuador, Chile, Argentina.

En 2017 salieron 218% más venezolanos que en el año anterior. La razón es la dramática situación económica-hiperinflación, desabastecimiento- social y política de Venezuela. Un estudio reciente de la OIM sostiene que a Chile vienen fundamentalmente profesionales-con remuneración promedio de $387.000 mensuales- algunos obtienen $500.000-, el 93% viene a quedarse. Un 45% llegan por vía aérea. No es la inmigración típica. Mientras regularizan su situación o legalizan sus títulos no pueden trabajar en ciertas profesiones y ofrecen diversos servicios.

La situación actual en Chile es compleja. Los principios que hemos mencionado y los acuerdos internacionales que Chile ha suscrito, sin duda, deben cumplidos. A los ya mencionados, Chile es uno de los 51 países que han ratificado la Convención Internacional de los Trabajadores Migrantes y sus familiares y el Protocolo de Palermo para Combatir el Tráfico Ilícito de Migrantes y sanciona la trata de personas

Está la situación de grupos como la comunidad haitiana, con sus particularidades, lenguaje creole y afro haitianos. Algunos grupos de esta comunidad han sufrido también engaños de traficantes de personas, problemas de adaptación, empleos muy precarios, condiciones muy negativas de subarriendos y hacinamiento. En otros casos se han adaptado positivamente, llevan ya varios años de permanencia en el país con aportes útiles.

En lo cultural sin duda todas las comunidades aportan y lo dicho sobre respeto a la diversidad cultural-como valor de nuestra sociedad, y respeto a sus identidades se aplica a todos. La interculturalidad como respeto y valoración de la diversidad, en diálogo. Conciencia creciente que un desarrollo integral incluye el pilar cultural.

Chile es visto como destino por muchos que buscan oportunidades y estabilidad.

Aparece la conveniencia de hacer visibles los aportes de las comunidades migrantes y diversos programas de inclusión. Lo mismo respecto de las políticas de regularización en curso. Naturalmente sobre formas específicas de proceder hay diversidad de opiniones.

La legislación y la institucionalidad migratoria en Chile aparecen como anticuadas, proviene de un Decreto Ley de 1974 del régimen militar con una concepción diferente, orientada más bien a la seguridad nacional. No obstante, por la vía reglamentaria y de convenios entre el Ministerio del Interior y otros servicios se ha avanzado en el otorgamiento de servicios a los migrantes, más allá de los procesos de regularización en curso, en el plano de la salud y educación y poblaciones más vulnerables.

Muchos de estos temas, surgieron en un Coloquio realizado en mayo pasado organizado por el Congreso Nacional, con participación de la OIM, Parlamentarios, el Ministerio del Interior, ONGs, organizaciones de migrantes. Una palabra muy repetida fue acogida. Y la realidad de 5.5% de extranjeros en la población total de Chile para unos, y de 6.4% para otros, lo que sería más realista y debería ser ratificado en las informaciones del Censo 2017..

Sin duda, los desafíos sociales y normativos y de políticas son muchos. Por otra parte, el país en general, está en proceso de adaptación- compleja- a una nueva realidad, lo que ha pasado a ser una tarea nacional que nos compromete a todos.

 

REFERENCIAS.

Allard, Raúl (2014), Políticas culturales después del apagón, en Raúl Allard, Ambientes Múltiples, RIL, Santiago.

Allard, Raúl (2015) Política Cultural, en Mario Artaza y César Ross, La Política Exterior de Chile, 1990-2009, RIL, Santiago.

Castles, Stephen y Miller, Mark (2004), La Era de la migración, Tercera Edición, México, 2004.

Castells, Manuel (2006), Globalización, desarrollo y democracia. Chile en el contexto mundial, FCE, Santiago de Chile.

Hernández Sánchez, Moisés (2015), La migración como parte de la experiencia humana, en Revista Diplomacia, diciembre 2015, Santiago.

Marisio, Alejandro y Hernández, Pedro, La Migración internacional en el siglo XXI y su relación con la política nacional, Revista Diplomacia, Santiago.

Martínez, Jorge (2011), Migración Internacional en América Latina y el Caribe, nuevas tendencias y nuevos enfoques. CEPAL, Naciones Unidas, Santiago de Chile.

Vargas Llosa, Mario (2008), América Latina: unidad y dispersión, en Ricardo Lagos compilador, América Latina ¿Integración o fragmentación?, edhasa, Buenos Aires.