Ricardo Bada: El amor y los Juegos Olímpicos


0017784707La celebración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro me mueve a sacar de mis archivos el texto de la crónica que pasé por HJCK el 24.9.2000, y que decía (y sigue diciendo) así :

No recuerdo exactamente en qué lugar de la extensa y tan inteligente obra de Aldous Huxley, el gran escritor inglés nos aseguraba que el amor es el mejor deporte que se puede practicar bajo techado: incluso lo llegaba a llamar “el mejor de los deportes caseros”. Dicho sea de paso, el autor de Un mundo feliz cometió el error de morir en Hollywood el mismo día que asesinaron en Dallas a  John  F. Kennedy, así que su muerte pasó no sin pena pero sí sin gloria.

Y volviendo a nuestro tema : Prescindamos de lo indiscutiblemente autorizado de la opinión, por la sabiduría de Huxley y por ser Inglaterra la madre patria de tantísimos deportes. Convengamos, a cambio, que sostener que el amor es, de todos ellos, el mejor de los que pueden practicarse bajo techo, responde en pura lógica a los condicionamientos climatológicos de un país más bien frío y lluvioso. Pero sea.

En esa revista bogotana que parte del sabio principio de que si piensas mal acertarás (y que congruentemente se llama El Malpensante), leí hace tiempo un amplio catálogo donde se recapitulaban ventajas y desventajas del amor como deporte. Selecciono las más notorias, añadiendo alguna de la propia cosecha.

Entre las ventajas: 1) El uniforme es opcional; 2) No se requieren zapatos especiales; 3) No existen límites de tiempo; 4) No se suspende por lluvia excepto eventualmente en un match al aire libre; 5) Puede practicarse con música; 6) La cancha es lo de menos; 7) No hay árbitros con silbatos que lo echen a perder; 8) La champaña también puede consumirse antes; 9) No hay pruebas de dopaje al final de los eventos; y 10) No lo inventaron los ingleses.

Y ahora, entre las desventajas: 1) Si se hace en un velero nadie lo llama regatas; 2) Excepto en algunos países escandinavos y en los Países Bajos, el profesionalismo es perseguido por la policía; 3) Al final no dan medallas ni se interpreta el himno nacional; 4) Las madres no deben ir a ver a sus hijos ni hijas adolescentes en plena acción; y 5) No hay campeonatos mundiales, y a las campeonas locales suele calificárselas con palabras feas de las que, varias, en el idioma español, riman con fruta.

Lo primero que pone de manifiesto una valoración objetiva, y ante todo cualitativa, de las enumeraciones precedentes, es que las ventajas superan desde luego a las desventajas. Amén de ello debiera estigmatizarse como injusticia histórica el hecho de que al amor no se lo considere deporte, siendo así que reina un consenso universal acerca de que su práctica profesional es el oficio más viejo de la humanidad.

Y a propósito : Por ahí corría hace tiempo el chiste de aquella nadadora italiana completamente desconocida, que en unos Juegos Olímpicos dejó estupefactos a los reporteros y a los expertos al acopiar más medallas de oro que Mark Spitz en Múnich 1972: ella las ganó todas. Y cuando los reporteros y los expertos la asaltaron para preguntarle, en el colmo del asombro, que de dónde había sacado energías para semejante descomunal esfuerzo, la signorina respondió: “¿Esfuerzo? Ninguno. Fíjense que llevo varios años ganándome la vida como puta callejera en Venecia”. ¿Se la imaginan huyendo a toda braza, por los canales, de las lanchas fueraborda de la Policía?

En fin, a estas alturas de la historia, lo único que hace falta es que el Comité Olímpico Internacional se muestre dispuesto, por fin, a homologar la práctica del amor como disciplina olímpica (por ejemplo, dentro de la gimnasia rítmica, sin ir más lejos). Ya que no ha sido posible en Sydney, al menos en las Olimpiadas del año 2004 –que no es por nada, pero quiero subrayar que se celebran en Grecia, la cuna de Eros–, allí deberíamos verlo coronado con medallas de oro, plata y bronce. Eso además de que en cualquier caso, como hubiera dicho Casanova, recordman a destiempo, “lo importante es participar”.

Por si las moscas, váyanse inscribiendo en los respectivos Comités Olímpicos nacionales. Y no lo olviden: hay que hacerlo por pareja, al igual que en ciertas competiciones, no menos agotadoras y mucho menos placenteras, de remo y canotaje.

Postscriptum en agosto 2016 : No necesito decir que pasaron los JJ.OO. de Atenas, Pekín y Londres, y están pasando los de Río, sin que el amor sea considerado disciplina olímpica. Y si alguna vez Calcuta fuese la sede de las Olimpiadas, y tampoco en la patria del Kamasutra lo viésemos entre los deportes a competición, me temo que no lo será nunca.