Ricardo Bada: La adivinanza como género literario


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Apenas concluida la segunda guerra mundial, comenzó a publicarse en Alemania, concretamente en Hamburgo, el semanario Die Zeit. No creo exagerar si afirmo que es el mejor semanario del mundo. Lo único que le reprocharía es su formato, pero como soy de estatura elevada y tengo los brazos largos, bien puedo dejarme crucificar cada semana por sus páginas abiertas, lo que significa un total de 80 cm de ancho por 60 cm de largo.

No hay publicación semanal de este calibre en toda la ecúmene, que sin la ayuda de efectos gráficos y de un diseño sofisticado, nos ponga tan al día, y de una manera tan profunda y bien explicada, en todas las materias que atañen a la curiosidad humana: política, economía, ciencia, literatura, teatro, bellas artes, historia, religión, sociología, sicología en fin, no sigo: el espectro es abrumador.

Confieso que me siento muy feliz de ser un buen lector del idioma alemán (como locutor más bien lo profano, si es que no lo repateo), sólo porque cada semana tengo la satisfacción de engolfarme en las páginas de Die Zeit (lo que en alemán, dicho sea de paso, significa El Tiempo). Y como es lógico, esas páginas están distribuidas en una docena de cuadernos, uno de los cuales se dedica a lo que llamaríamos Miscelánea: desde recetas de cocina, de uno de los magos de la cocina universal, pasando por problemas de ajedrez, planteados atractivamente por un gran maestro, hasta las adivinanzas.

Una de estas adivinanzas tuvo una altísima categoría literaria. Aparecía bajo la rúbrica Tratschke y su autor era nada menos que un doctor: el Dr. Gerhard Prause. El Dr. Gerhard Prause nos proponía cada semana adivinar un personaje y para ello nos contaba su biografía. Pero, claro está, la contaba de una manera bastante peculiar. Nos daba algunos datos cronológicos (no siempre), geográficos (no siempre), y solía citar bastante de los diarios, memorias y/o cartas de la persona que debíamos adivinar.

Al final era como si yo les narrase la biografía de, por ejemplo, Cervantes, y me detuviese en la batalla de Lepanto, que tuvo lugar en 1571, y sólo añadiese, como pista, que la persona que se busca murió 45 años más tarde, pobre y amargado, tras haber abandonado por invalidez la carrera miltar y haberse desempeñado en distintos menesteres, ninguno de los cuales le reportó mayor beneficio; antes al contrario, uno de ellos, la cárcel.

Pero es que la batalla de Lepanto puede que tampoco se mencionaría por su nombre, sino nada más que como «un gran combate naval celebrado por el protagonista de la adivinanza como “la más grande ocasión que vieron los siglos”», con lo cual, si el lector ignora quien dijo esa frase, tendrá que abismarse en enciclopedias y en obras de consulta de todo tipo para establecer el cuadro temporal y geográfico dónde tuvieron lugar los hechos, y cuándo, a fin de poder tener una chance de despejar la incógnita.

El Dr. Gerhard Prause consiguió elevar a la categoría de género literario, al menos en alemán, el dificil arte de la adivinanza. Y yo les anuncio a mis asiduos y por lo tanto más que masoquistas lectores de este blog, que la próxima semana, les voy a proponer una adivinanza. Creo que no les voy a defraudar, y desde ya me alegro pensando que algunos, ojalá muchos de ustedes, logren identificar a la admirable, la maravillosa protagonista de mi charada.