Ricardo Bada: Si Pitágoras no miente


Es la segunda vez que titulo así una de mis columnas, pero es que el tema lo amerita, como lo ameritó la primera vez, cuando me ocupé de una de las degradaciones de la mente humana que más alergia me producen: el machismo. Del que dije —y repito— que lo considero el fascismo nuestro de cada día, al alcance de los minihítleres y los ridículos mussolinis que nos habitan y que habitan entre nosotros. Y que, ay, son legión. Hoy, el tema son las reciente elecciones habidas en la dulce Francia. En las cuales un tercio de los votantes lo hizo por Marine Le Pen, y una cuarta parte de la población no acudió a votar. De manera que si Pitágoras no miente, el 66,1 % obtenido por Macron tan sólo significa la mitad del electorado francés, y no debemos perder de vista que buena parte —si es que no la mayoría— de ese 66,1 % no votó por Macron sino contra Le Pen.

Ello no invalida para nada el triunfo de Macron, como por desgracia tampoco invalidó el de quien no nombro para no mancillar mi columna, a pesar de que obtuvo tres millones de votos menos que su rival. A veces la política nos enfrenta con la cuadratura del círculo, y de repente nos sorprendemos al descubrir que hay círculos cuadrados, pese al número pi.

Lo cierto y verdadero es que cuando se conmemoran 225 años de la creación de La Marsellesa, llega al palacio del Elíseo, a sus 39 años, el más joven rector de los destinos de Francia, desde que Luis Napoleón Bonaparte (después emperador Napoleón III) fuese elegido presidente de la Segunda República a la edad de 40. Y su responsabilidad es tremenda. En un ensayo de 1941, Charles Morgan recuerda la guía viajera gringa donde se decía de Inglaterra: “Hay dos universidades principales: Oxford y Cambridge”, y la coletilla: “Si tiene poco tiempo, omita Cambridge”. Y Morgan extrae la siguiente consecuencia: “Del mismo modo, un viajero europeo puede omitir Berlín, Roma o Budapest, pero no París. Todo —ideas, hombres, revoluciones, todas las agonías y éxtasis de la humanidad— fluye a Francia, es transformado y dado de nuevo al mundo. Es el corazón que regula la sangre de la civilización”. Muchísimas cosas han cambiado desde entonces, cuando Francia se hallaba ocupada, pero la idea central se mantiene: Francia es una idea necesaria para la civilización, sólo que de una manera insospechable para Morgan al escribir su ensayo: lo es mancomunadamente con Alemania, y no con Inglaterra. Sin el tándem Francia-Alemania, eso que llamamos Europa desaparecería por el desagüadero de la historia. Esa es la moraleja que se deriva de estas elecciones y esa es la reponsabilidad que pesa desde ya sobre los hombros de Macron. Harto más que la púrpura del poder.