Ricardo Puerta: El problema es la migración caótica, brutal y costosa que predomina


Tegucigalpa.- Este articulo trata sobre la migración transnacional. Se enfoca en la población que decide emigrar hacia un país donde no nació.

Por lo tanto, deja por fuera el desplazamiento, –voluntario o forzado— que ocurre dentro de un mismo territorio nacional.

Para adelantar nuestra tesis, distinguimos los países del mundo en dos grandes bloques: naciones de emigrados y naciones de inmigrantes. Tal división se basa en si el total de extranjeros que por año viene a vivir al país supera –o no– el total de nacionales emigrados que por año se va a vivir fuera.  

Países de emigrados y de inmigrantes

Los países de inmigrantes coinciden con los países “desarrollados”, mientras que los de emigrados coinciden con los países “en desarrollo”.  En la cúspide de los países de inmigrantes se encuentra los Estados Unidos de América (EE.UU), la economía más grande el mundo y la nación receptora de extranjeros por excelencia en el mundo.

Así sigue percibiéndose hoy a los EE.UU., a pesar que las ideas de su actual Presidente sobre migración parecen que se incomoda por  tan digna distinción mundial. EE.UU captó casi el 20% del total de flujo migratorio transnacional que hubo en el planeta por los últimos 25 años. Tras EE.UU, las cinco primeras naciones receptores de inmigrantes en el mundo, aunque a distancia, está Alemania, Rusia, Arabia Saudita y Reino Unido.

Costa Rica y Panamá son los dos únicos países de inmigrantes en América Central, sin ser aún clasificados como “desarrollados”. Mientras que los países del resto de la región –Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala—son países de emigrados y aún clasificados en etapa “de desarrollo”.

Desarrollo, migración, causas e impacto de las remesas

La historia demuestra, con pocas excepciones, que las naciones hoy desarrolladas han sido tradicionalmente países de inmigrantes. En sus etapas de despegue y de mayor crecimiento económico, en la población económicamente activa había una buena proporción de asalariados, empresarios y hasta de nuevos ricos, nacidos en el extranjero.

Los países de “emigrados” expulsan a sus connacionales y los “de inmigrantes” atraen extranjeros. La causa principal de la migración transnacional es “económica”. La gente emigra buscando una vida mejor,  y de paso, también para sus familiares más próximos,  y a veces, también para los miembros de la familia extensa. Ambos tipos de “parientes” con frecuencia queden “atrás”, en el país de origen, cuando el emigrado se va a vivir fuera. 

Los que se quedan en el país de origen son sostenidos por las remesas periódicas, que les mandan sus emigrados. Un total de 429 mil millones de dólares enviaron en remesas los emigrados del mundo a sus países de origen en el año 2016. Ese monto triplica los fondos obtenidos por la asistencia oficial al desarrollo y se les considera más estables que otros flujos de capital privado, también provenientes del extranjero.

Por mucho que se critique a la migración por los efectos negativos, que sin duda los tiene, las remesas han sacado de la pobreza (y de la indigencia) a millones de familias de países pobres o que se encuentran “en desarrollo”. En el caso de Honduras, CEPAL señala que “en los hogares que reciben remesas, la indigencia se incrementaría en 14 puntos porcentuales y la pobreza en 6 puntos porcentuales, si carecieran de las remesas”.

Destacar lo económico como causa más principal  de la migración, no niega la existencia de otras razones menores que también la fomentan, tales como: violencia, inseguridad ciudadana, inseguridad alimentaria,  re-unificación familiar, huir del crimen organizado, de la justicia, de un contrato, de los efectos de un desastre “natural”, discriminación, aventura, etc.

La migración predominante en Honduras

La migración no es mala ni buena en sí misma. En el caso de Honduras, el tipo de migración predominante es hacia los EE.UU., país de destino preferido y principal receptor de los hondureños que emigran masivamente, sobre todo después del Huracán Mitch, ocurrido hace ya casi 20 años. Los efectos de ese Huracán aún no han sido del todo compensados, Así lo demuestran las obras de infraestructura –puentes, carreteras, escuelas, hospitales, etc.– dañadas por el Mitch, que todavía siguen aquí sin reconstruirse.

Esa migración transnacional de hondureños hacia EE.UU. es no-planificada, desordenada, irregular, insegura, por tierra, dominada por coyotes,  gran violadora de derechos humanos y costosa, en términos económicos y humanos. Pasan por ella de 60 mil a 100 hondureños por año, de los cuales,  menos del 20% logra su objetivo.

Durante la travesía y llegada,  los migrantes son víctimas de las maras y las pandillas, los narcotraficantes, bandas de extorsionadores, secuestradores, del crimen organizado, delincuentes locales y de funcionarios de México, el país más peligroso de la ruta, y además, aunque menos frecuente, de las autoridades fronterizas de migración y aduanas de EE.UU.

Por tratarse de un delito clandestino, las cifras que dan una idea del costo del tráfico ilegal de personas en el plano mundial son difíciles de precisar. Un estudio reciente de Naciones Unidas, titulado “Tráfico ilícito de migrantes: la dura búsqueda de una vida mejor” informa que “sobre la base de las dos principales rutas del tráfico ilícito de personas de África –oriental, septentrional y occidental—hacia Europa, y de América del Sur hacia América del Norte, se estima que genera para los delincuentes que operan en esas zonas, alrededor de 6,750 millones de dólares estadounidenses por año. Sin embargo, esa cifra presumiblemente es mucho mayor en el plano mundial”.

Frente a lo ya expuesto, es inexplicable que el actual Gobierno hondureño, decidido a reducir al mínimo la migración irregular, altamente correlacionada con el crimen y la delincuencia existente en el país,  no agarre el toro por los cuernos. Y de una vez y por todas, mostrando cero tolerancia, elimine este tipo de migración transnacional, caótico, salvaje y caro, que por más de dos décadas ha traído al pueblo hondureño, innecesariamente, muertes, sangre, tragedias, luto, miedos y atraso.

Soluciones conocidas

Quienes ven en la migración transnacional un instrumento para lograr el co-desarrollo binacional, tanto en las empresas del país de origen con planes de crecimiento, como en las del país receptor del migrante, centran sus  impactos en el aumento de la fuerza laboral, del capital y de la productividad. Logros que aparecen después de varios ciclos del emigrado, permitiendo con ello que finalmente se quede laborando en la empresa beneficiada, situada en la localidad de origen del migrante, o donde vive ahora “su gente”. El Programa Nacional de Honduras 20-20 del actual Gobierno, que trata de solucionar el desempleo y subempleo – es el problema estructural más serio que tiene Honduras. El Programa cuenta con la legitimidad, los recursos y los componentes operativos necesarios para ligar, con efectividad en la práctica, la migración trasnacional de los hondureños y el desarrollo del país.

El esfuerzo estaría centrado en el capital humano, el bien más valioso de una empresa. Se refiere al valor económico potencial de mayor capacidad productiva del individuo. Resulta de la transferencia de ideas, habilidades y conocimientos que el migrante, en este caso, en forma planificada y consciente—busca, encuentra y transmitiría en ambos extremos de su flujo migratorio.

En el otoño del 2016, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución en la que se pedía un conjunto de principios rectores para manejar la migración masiva, ordenaba y legal. La recién nombrada representante especial de la ONU para la Migración Internacional, la jurista canadiense Louise Arbour, tiene la tarea de elaborar un acuerdo internacional para regular el flujo migratorio transnacional de manera legal y ordenada para los países receptores, y de forma honorable y ventajosa,   para los migrantes. Nueva Zelandia, Canadá y Australia son los países con los mejores programas de inmigración hoy en el mundo.

EE.UU. a pesar de ser la nación que todavía atrae a más inmigrantes en el mundo, no está entre las tres naciones antes citadas. Su Ley básica de Inmigración — el McCarren-Walter Act (PL 82414163)– fue promulgada el 27 de junio de 1952. Estableció la estructura básica de la Ley de Inmigración estadounidense para el futuro. Pero hasta hoy no ha sido actualizada, en  forma integral, adaptándola a los cambios y nuevos flujos migratorios del mundo.

Si revisamos la literatura técnica disponible sobre migración transnacional, en ella pueden distinguirse dos enfoques al relacionarla con desarrollo: 1) la migración transnacional como una expresión del subdesarrollo, y 2) la migración transnacional como herramienta de desarrollo.

Como ha señalado la jurista Arbour, “la última perspectiva –migración como herramienta del desarrollo– es poco utilizada. Estamos acostumbrados a movernos en un ambiente donde los llamados costos, o aspectos negativos de la migración, han sido severamente exagerados”.

Conclusión

En la era de la globalización y de inequidades no resueltas entre las naciones, la movilidad humana entre países cercanos es imparable. Esta magnificada por las modernas facilidades disponibles en el transporte, la comunicación y las finanzas. Los flujos migratorios transnacionales, por razones básicamente económicas, siguen con tendencias a incrementarse en el mediano plazo. Por lo tanto, urge agregarles orden y seguridad a los actuales movimientos humanos predominantes, de lo contrario, la migración irregular seguirá aumentando, al igual que los tiempos de crisis, los cuales suelen ser periódicos.

En un artículo posterior expondré los detalles operativos de la migración transnacional, convertida en un instrumento de codesarrollo binacional, en el país de origen y el país receptor, tanto a nivel empresarial, como individual del migrante y su familia. El artículo se centrará en el capital humano que genera cierto tipo de migración y que hoy se desperdicia, o en el aprovechamiento de las remesas del conocimiento, como ciertos analistas le llaman