Samuel Whelpley: El obituario de la señora Dehmlow


Estamos obligados a no decir algo malo de un muerto. “No hay muerto malo” es una de esas frases que repetimos y aceptamos sin discutir. Una forma de respeto con los deudos, imagino. Al final, buena o mala la persona, la murmuración sobre el personaje debe detenerse, ya que las faltas de las personas son menores en comparación con el olvido casi eterno que les espera. Esta no es una regla absoluta, no solo por el juicio que tenemos de los actos buenos o malos de una persona, y  que no hay forma de medir un intervalo decente antes que el vituperio comience. De hecho, el vituperio parece ser lo único común en nuestros días cuando alguien fallece, más si es una figura pública. Siempre hay quien se dedica a escarbar la vida de las personas, encontrando conductas que serian como mínimo sospechosas. Mas aun, si estas son famosas.

Es una lástima que, en Colombia, la tradición de los obituarios en los periódicos no exista, como si existe en otros países. En su blog Urbi et Interneti, el periodista Ricardo Bada comenta todas las semanas los obituarios interesantes que lee en los periódicos de Colonia, Alemania. Las necrológicas publicadas, son una muestra de la cultura de la sociedad, mas allá de los difuntos y los deudos.

Pero la mayoría de los obituarios pueden considerarse tópicos, en el sentido que repiten frases que son mas o menos lugar común: Buen padre, amoroso, buen compañero, servicial, buen ciudadano, irreemplazable. Esto último, estrictamente hablando, es cierto: Nadie es igual a otra persona, por tanto, todos somos irreemplazables. “Lo vamos a extrañar” es otra frase favorita. ¿Por quién y durante cuánto tiempo? me pregunto.  Al final, la franqueza no es lo primero que se espera encontrar en un obituario.

Quizá por eso, la franqueza, se haya vuelto viral el obituario que se muestra en la foto. Era de una mujer estadounidense llamada Kathleen Dehmlow (nee Schunk) que hasta donde yo sé, no había alcanzado la fama. Dice más o menos así:

Kathleen Dehmlow (Schunk) nació el 19 de marzo de 1938 de Joseph y Gertrude Schunk de Webasso.

Se casó con Dennis Dehmlow en St Anne’s en Wabasso en 1957 y tuvo dos hijos, Gina y Jay.

En 1962 quedó embarazada del hermano de su marido, Lyle Dehmlow, y se mudó a California.

Ella abandonó a sus hijos, Gina y Jay, que luego fueron criados por sus padres en Clements, el Sr. y la Sra. Joseph Schunk.

Falleció el 31 de mayo de 2018 en Springfield y ahora enfrentará el juicio divino. Ella no será extrañada por Gina y Jay, y ellos entienden que este mundo será un mejor lugar sin ella.

Según un pariente, los hechos en el aviso eran correctos, pero la historia era algo más complicada de lo que contaba este aviso. 

La mayoría de las historias son más complicadas de lo que sugieren los resúmenes que en últimas son los obituarios. En mi caso, creo que sería fácil inventar un obituario de 109 palabras que me muestre como un monstruo; pero –sin falsas modestias- creo que mi vida es algo mas que mala. Por la misma razón, si solo se mencionaran mis actos buenos, podría parecer un ángel que paso por la tierra.

Hay que odiar el pecado, no al pecador, se nos dice. Pero me temo que esa caridad no es muy divertida. El odio es una sensación agradable. El obituario de la Sra. Dehmlow, debió -imagino- ser un gran placer y una catarsis para su hijo, que lo escribió, al igual que para muchos lectores, quienes se regocijaron o se solidarizaron con este texto, que da la impresión de ser profundamente sentido. Una forma de psicoterapia.

¿Era el obituario un resumen apropiado de la residencia de la Sra. Dehmlow en la tierra? Tenía 80 años cuando murió, y se tiende a pensar que las personas mayores son cariñosas, amorosas, benignas casi de oficio. Desde muy temprana edad, preferí los viejos a los jóvenes; Los encontré más interesantes, más amables, más decentes, menos egocéntricos. ¿Era esto un efecto del envejecimiento en sí mismo, es decir, la sabiduría de los años, o eran de nacimiento mejores personas?  Con los años descubrí que eso propio de la personalidad: cuando las personas mayores son desagradables y egoístas, son muy desagradables y egoístas.

El obituario de la Sra. Dehmlow en el periódico pronto fue retirado de la web, porque muchos lectores habían objetado que era de mal gusto. Sin duda lo era, pero el mal gusto a veces sirve para un propósito útil, sacudiéndonos de nuestra autocomplacencia. También cumple la función de producir indignación, y al final, brindar placer. Protestar por ello nos permite reforzar la membresía del club de los justos, algo que al final resulta muy agradable.

El amor a la justicia es, en la mayoría de los hombres, el temor a padecer la injusticia, escribió La Rochefoucauld. Tal vez un obituario ultrajante, es solo el miedo de tener uno, cuando sea nuestro turno.