Venezuela y el periodismo


El 23 de enero de 2013 El País de España publicó una foto de Hugo Chávez. No era cualquier imagen: mostraba al presidente intubado en una cama de hospital durante su tratamiento en Cuba. Se veía deteriorado, pálido, con los ojos cerrados, cerca de la muerte. La foto era falsa. El que aparecía en la portada del periódico en español más influyente del mundo no era Chávez, sino algún otro paciente operado en 2008. Cuando los editores entendieron lo que habían hecho, retiraron la foto, trataron de recoger en calle los ejemplares que ya circulaban y publicaron una nota titulada: La foto que El País nunca debió publicar. Ninguna explicación fue suficiente. Era un error imperdonable. Hoy recuerdo ese episodio para poner de presente un asunto discutido en estos días: el cubrimiento periodístico de la situación venezolana. Hay varios tipos de críticas que así resumo: 1) Las pendejas: hay una suerte de conspiración organizada para derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. Este macabro plan lo diseñó el imperio gringo con sus largos tentáculos por la prensa latinoamericana. 2) Las indignadas: ¿por qué no cuentan con el mismo empeño y saña las tragedias de gobiernos de la derecha? ¿Por qué no hablan de las cuentas en Panamá de Macri o del camino criminal de Temer, el presidente brasilero? 3) Las razonables: ¿no hay noticias distintas en el mundo que las registradas en Venezuela? ¿Por qué se empeñan en ser monotemáticos, repetitivos y sesgados? ¿Por qué nunca entrevistan a los chavistas, a los que defienden al gobierno, a la gente que apoya la revolución bolivariana? 4) Las tipo avestruz: ¡En su país se mueren de hambre, matan líderes sociales, se roban la plata de los contratos, colapsa el sistema de salud y ustedes solo hablan de Venezuela!!

Vamos por partes.

No diré nada de la primera. Ante la pendejada, el silencio. Empezaré por la segunda, la indignada. ¿Somos injustos los medios en el tratamiento de las noticias que llegan de Venezuela? Es posible, y quiero sugerir una hipótesis. Desde tiempos de Chávez, el gobierno bolivariano decidió graduar a los medios de enemigos del pueblo. Los medios, acusaban, han estado siempre al servicio de los intereses burgueses, por tanto, ahora también son enemigos. El efecto inmediato es que todo lo publicado, cierto o no, era para el régimen irrelevante, mentiroso, tramposo. En 2009 Chávez cerró 34 emisoras críticas con su gobierno. ¿Cuál fue la consecuencia? Que los medios, dentro y fuera de Venezuela, reaccionaron desafiantes. Es el mismo fenómeno Trump y la prensa. Los medios son los enemigos, los medios reaccionan. Y la reacción puede ser la sobreexposición de las cosas que pasan, la eventual exageración en el cubrimiento, la sensación de que se acabaron los matices: o están conmigo, o están contra mí. CNN, por ejemplo, ha sido censurado una y otra vez en Venezuela. Y CNN lo ha convertido en un asunto personal. 

¿Están sesgados los medios? ¿Estamos mostrando solo una cara de la moneda? Lo primero: es difícil establecer un contacto con un vocero del chavismo. Tantos años de relaciones complejas con el periodismo han generado una desconfianza que, en general, es sana, pero que en este caso dificulta obtener la versión oficial. Que de paso, solo queda registrada en medios como TeleSur, que hace permanente apología del régimen. TeleSur no hace periodismo, hace publicidad, promoción, lobby, lagartería. Debo decir, en todo caso, que sí extraño crónicas y reportajes con la base ciudadana, que la hay, que apoya a Maduro, que a pesar de todo sigue ahí. ¿O acaso no se preguntan ustedes por qué logra el gobierno mantener un porcentaje no menor de apoyo entre cierta población? Ahora, y esto es importante: ¿acaso mienten los medios? ¿No está la inflación cada día peor?, ¿no están matando a la gente en las protestas?, ¿no hay una carestía terrible y dolorosa de alimentos, medicinas, bienes básicos?, ¿no embolató Maduro las elecciones regionales?, ¿no pretende Maduro una Constituyente que lo perpetúe en el poder?, ¿no es Leopoldo López un preso político?, ¿no reconoció el fiscal que acusó a López que todo fue una farsa inventada por el régimen de Maduro?, ¿alguien duda de que los militares manejan la única empresa próspera del país, la del narcotráfico?

La última crítica supone una idea ridícula del periodismo: como en su país hay problemas, usted periodista no tiene por qué meter la nariz en otros asuntos. Desconoce que el cubrimiento de noticias internacionales es importante, entre otras porque, para Colombia, lo que pasa en Venezuela sí puede ser un problema. Pregunten en la frontera la cantidad de trabajadores venezolanos que han llegado a regalar su trabajo por unos pesos. Ese es un problema. Y no verlo es estúpido. Una confrontación dentro de Venezuela tendría un efecto perverso en el país. Por último, los medios deben asumir posiciones. El País de España, que ha cometido errores terribles, he decidido publicar editoriales diciendo las cosas como son: Maduro es un dictador. ¿Alguien lo duda? Lo mismo, y de frente, han hecho otros medios en el mundo: el NY Times y el Washington Post, periódicos liberales por excelencia. El problema no es asumir posiciones claras, apostar por un cubrimiento crítico. El problema es ocultarlo. Los medios deben asumir posturas. Que así sea.

@espinosaradio