NYT: Cómo el caos y la inseguridad en su país ha golpeado a los venezolanos en las Grandes Ligas


Miguel Cabrera, Estrella de los Detroit Tigers, conectando un jonrón en un reciente juego de entrenamiento.

Carlos González, un jardinero de los Rockies de Colorado, se sintió muy incómodo el año pasado cuando, tras tres años de ausencia, visitó a su familia y amigos en Venezuela antes de la temporada 2016: por primera vez necesitó andar con guardaespaldas. José Lobatón, un receptor de los Washington Nationals, vive en Orlando todo el año y se preocupa constantemente por si su familia y amigos de Venezuela tienen comida suficiente.

“Sabemos lo bella que es Venezuela y lo mal que ha sido tratada”, dijo Miguel Montero, receptor de los Chicago Cubs. “Como venezolano me duele porque tienes a tu familia y a tus amigos de la infancia allí, y no puedes verlos. Afortunadamente, tenemos la bendición de haber ganado dinero en el béisbol, pero muchos no tienen la misma suerte”.

El creciente caos económico y político de Venezuela ha afectado todas las actividades del país, incluyendo al béisbol, que es una de sus principales fuentes de orgullo. A pesar de que algunos de los mejores jugadores venezolanos se han puesto el uniforme de su país para jugar en el Clásico Mundial de Béisbol este mes, el grupo tiene emociones agridulces sobre su país de origen.

Y el mismo béisbol ha sufrido en Venezuela. A raíz del deterioro de las relaciones con Estados Unidos, el presidente venezolano, Nicolás Maduro ordenó en 2015 que los estadounidenses necesitan una visa para poder entrar al país, lo que dificulta que los reclutadores de las Grandes Ligas vayan a Venezuela y pone en aprietos a una fuente confiable de talento deportivo.

La Venezuelan Summer League, en la que solían jugar los prospectos firmados por equipos de las Grandes Ligas, cerró el año pasado cuando el número de equipos participantes cayó a tres. Y solo cuatro equipos de las Grandes Ligas todavía mantienen academias en ese país tan rico en béisbol, lo que refleja la preocupación por el deterioro de las condiciones de vida.

Todos los jugadores que hablaron de Venezuela lo hicieron en una serie de entrevistas durante los últimos meses. Algunos se negaron a declarar, recelosos de ser percibidos como partidarios de la polarización política del país. Tanto los que hablaron como los que no, de alguna manera están alejados del caos de su país natal.

Los beisbolistas utilizan diversas formas para enviarle dinero y suministros básicos a sus familiares y amigos de Venezuela, a veces le piden a la gente que visita el país que lleven los artículos. Sin embargo, viajar puede ser agotador; incluso los ciudadanos venezolanos han tenido dificultades para entrar y salir del país. Los secuestros son uno de los peligros que los jugadores experimentan cuando están en Venezuela.

En noviembre de 2011, Wolfgang Ramos fue detenido a punta de pistola en la casa de su familia en Valencia y fue liberado más de 50 horas después por la policía. Después regresó a Venezuela fuera de temporada para ver a sus familiares y jugar en la liga, pero los recuerdos del incidente seguían vivos. Después de que su esposa, Yely, tuviera su primer hijo en Estados Unidos en 2014, Ramos decidió que sería un lugar más seguro para criar una familia y un mejor lugar para entrenar durante la temporada baja.

Compró una casa en Davie, Florida, cerca del final de la temporada 2015. Con la ayuda de su equipo en ese momento, los Washington Nationals, y un abogado de inmigración, Ramos obtuvo la residencia permanente y la de su esposa, y visas de turista para sus familiares.

El jugador, que firmó con los Tampa Rays este invierno, dijo que quiere trasladar permanentemente a más miembros de su familia a Estados Unidos, pero señala que “traer a todo el mundo sería muy difícil”. Mientras tanto, Ramos todavía hace breves visitas a Venezuela. Dijo que su familia vive con altas medidas de seguridad, como también le tocó a él cuando regresó para pasar estancias más largas. Era necesario, dijo Ramos, pero se sintió como un prisionero en su propio país.

González, de los Rockies, dijo que sintió lo mismo antes de la temporada 2016. “Es triste porque en Estados Unidos todo es tranquilo y se puede caminar”, dijo González, que vive en Windermere, Florida y jugará como parte del equipo venezolano en el clásico este mes. “En mi país, es diferente. Es otro mundo. Es un mundo inseguro”.

Héctor Rondón, un relevista de los Chicago Cubs y miembro de la selección venezolana, dijo que le gustaría obtener la residencia permanente en Estados Unidos para garantizar la seguridad de su familia, que incluye a dos hijas jóvenes.

“Amo a mi país, pero necesito estar aquí para la estabilidad de mis hijos, su escuela, la comida, las medicinas”, dijo.

Pero a pesar del crimen, la corrupción, la escasez de alimentos y el intenso enfrentamiento político entre el gobierno y la oposición, Venezuela sigue siendo una tierra fértil para el talento beisbolístico con más de 500 prospectos firmados por los equipos de las Grandes Ligas en los últimos dos años.

El primero que jugó en las ligas mayores fue el lanzador Alex Carrasquel en 1939, con los Washington Senators. Luis Aparicio, el primer venezolano elegido para el Salón de la Fama del Béisbol, jugó entre 1956 y 1973, pero la explosión de venezolanos en las Grandes Ligas no comenzó hasta los años noventa.

Según baseballreference.com, 358 venezolanos han jugado en las ligas mayores hasta la fecha, una cifra solo superada por República Dominicana (669 jugadores). En 2016, 102 venezolanos aparecieron en las listas de las Grandes Ligas.

En 1989, los Astros de Houston fue el primer equipo que abrió una academia de béisbol para desarrollar jugadores jóvenes en Venezuela. A mediados de la década pasada, 13 equipos tenían presencia en el país y parecía casi inevitable que Venezuela superaría a República Dominicana como el mayor exportador de talento extranjero para las grandes ligas.

Pero eso cambió cuando el caos se apoderó de Venezuela. Los equipos comenzaron a cerrar sus academias y solo quedaron los Cubs, Detroit Tigers, Philadelphia Phillies y los Rays.

“Hay mucho talento”, dijo Johnny DiPuglia, director internacional de reclutamiento de los Nationals, que nunca han tenido una academia en Venezuela.

“Pero uno se preocupa cuando manda a los chicos a casa”, agregó. “Hay escasez de alimentos. No salen de noche porque es peligroso. No tienen los medios para trabajar donde quieren hacerlo porque no tenemos academias”.

Pero aunque el número de academias se ha reducido, el reclutamiento continúa.

“Aunque algunos clubes han alterado su presencia en Venezuela, la mayoría continúa viajando regularmente para reclutar”, dijo Michael Teevan, portavoz de la Major League Baseball. “Seguimos monitoreando la evolución del país para asesorar adecuadamente a los clubes y jugadores”.

Jon Daniels, el gerente general de los Texas Rangers, dijo que hubo un periodo de tiempo cuando, debido a una advertencia enviada a los equipos, no permitió que sus reclutadores viajaran a Venezuela y se basó en los expertos venezolanos.

DiPuglia dijo que solía visitar Venezuela cada mes pero ahora solo va pocas veces al año y confía en otros reclutadores. Raramente se aventura a salir lejos del hotel o del estadio.

En 2015, los Marineros de Seattle cerraron su academia. Construyeron nuevas instalaciones de 7 millones de dólares en República Dominicana y decidieron que era mejor trasladar a sus jugadores venezolanos a ese país para entrenar, dijo Jack Zduriencik, su gerente general en ese momento.

“Mucho de esto fue logística”, dijo. “Pero todo el mundo está al tanto de todo lo que ocurre en Venezuela”.

Los Tigers son uno de los equipos que mantienen sus operaciones en el país y tienen un contingente significativo de jugadores venezolanos. Ellos todavía tienen su academia y Al Avila, el gerente general del equipo, dijo que no presiona a sus jugadores para que eviten visitar el país durante la temporada baja.

“Dónde quieren vivir y qué tipo de seguridad quieren tener depende de ellos, es una situación personal”, dijo Avila.

El entrenador de primera base de los Tigers, Omar Vizquel, fue una estrella del campo corto en las Grandes Ligas y será el entrenador de la selección venezolana en el CMB. Vizquel dijo que se mantiene en contacto con Cabrera y Martínez, quienes juegan para los Tigers y tienen sus casas en Florida, y les hace recomendaciones sobre su seguridad cuando regresan a Venezuela.

“Todos hablamos de lo que puede suceder y compartimos las recomendaciones de seguridad”, dijo Vizquel, quien a menudo visita Caracas, su ciudad natal. “Entre nosotros los venezolanos, hay mucha experiencia compartida y hablamos de eso”.

Algunos jugadores han intentado aportar a la situación nacional. El otoño pasado, Carlos Carrasco recolectó suministros médicos —además de equipos escolares y de béisbol— para enviar a Venezuela. A Lobatón le encantaría volver a vivir en su país y organizar clínicas de béisbol para niños, como ha visto que hacen sus compañeros estadounidenses cuando regresan a sus ciudades en la temporada baja.

“Tengo fe, como todos los venezolanos, de que las cosas van a cambiar”, dijo.

Por ahora, los venezolanos participantes en el CMB tratarán de ganar ese campeonato para el país que aman, pese a la distancia.

Traducción: La Patilla

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NOTA ORIGINAL:

The New York Times

Venezuelan Baseball Players Love Their Chaotic Country From Afar

James Wagner

Carlos Gonzalez, an outfielder for the Colorado Rockies, felt uneasy visiting his family and friends in Venezuela before the 2016 season, after an absence of three years, because for the first time he needed an armed security guard. Jose Lobaton, a catcher for the Washington Nationals, lives in Orlando, Fla., and worries constantly about whether his family and friends in Venezuela have enough food.

“We know how beautiful Venezuela is and how poorly it’s been treated,” Chicago Cubs catcher Miguel Montero said in Spanish. “As a Venezuelan, it hurts because you have family there and you have your childhood friends, and you can’t see them or go there. Luckily, we’re blessed to have made our money here in baseball, but many don’t have the same luck.”

The growing economic and political chaosin Venezuela has affected everything associated with the country, including baseball, a major source of its pride. Although some of the best Venezuelan players have suited up in their country’s uniform this month to play in the World Baseball Classic, the players, as a whole, have intensely bittersweet emotions about their homeland.

And baseball itself has suffered in Venezuela. In the wake of deteriorating relations with the United States, President Nicolás Maduro mandated in 2015 that Americans apply for a visa before entering Venezuela, making travel more difficult for major league scouts and complicating what had been a reliable fount of talent.

The Venezuelan Summer League, where newly signed major league prospects played, shut down last year when the number of participating major league teams dropped to three. And only four major league teams still maintain academies in the country, a reflection of the deteriorating conditions.

The Nationals’ Wilson Ramos after hitting a home run last season. He was kidnapped while visiting Venezuela in 2011. Credit Matt Hazlett/Getty Images

The players who talked about Venezuela did so in a series of interviews in recent months. Some declined to comment, leery of being perceived as taking sides in the country’s tense politics.

Venezuelan major leaguers find ways to send money and supplies to family and friends back home, sometimes using people traveling there to transport items. Still, traveling can be fraught. Even Venezuelan citizens have encountered complications entering and leaving the country. Kidnappings, too, remain a threat.

Ramos was seized at gunpoint at his family’s home in Valencia in November 2011 and was then freed about 50 hours later by the police. He returned to Venezuela in subsequent off-seasons to see relatives and play winter ball, but memories of the episode were still vivid. After his wife, Yely, had their first child in 2014, Ramos decided the United States would be a safer place to raise a family and a better place to train in the off-season.

Ramos bought a house in Davie, Fla., near the end of the 2015 season. With the help of his team at the time, the Nationals, and an immigration lawyer, Ramos secured permanent residency for himself and his wife and tourist visas for members of his family and his wife’s family.

Ramos, who signed with the Rays this winter, said he wanted to move more family members permanently to the United States, adding that “bringing everyone would be really hard.”

Ramos still makes short visits to his family in Venezuela. He said his family had security guards, as he did when he returned for longer stays. It was necessary, Ramos said, but it made him feel as if he was not free in his own country.

The Rockies’ Gonzalez said he felt the same way about his visit before the 2016 season.

“It’s sad because here in the U.S., it’s calm and you can walk around,” said Gonzalez, who lives in Windermere, Fla. and is playing for Venezuela in the W.B.C. “In my own country, it’s different. It’s another world. It’s an unsafe world.”

Hector Rondon, a reliever for the Chicago Cubs and another member of the W.B.C. team, said he would like to obtain permanent residency in the United States for the safety of his family, which includes two young daughters.

“I love my country, but I need to stay here for the stability for my kids, their school, the food, medicine,” he said.

And yet despite the crime, the corruption, the shortages of food and the intense standoff between Maduro’s loyalists and his opponents, Venezuela remains fertile ground for baseball, with more than 500 prospects signed by major league teams in the last two years.

The first Venezuelan-born player to break into the major leagues was pitcher Alex Carrasquel with the Washington Senators in 1939. Luis Aparicio, the first Venezuelan elected into the Hall of Fame, played from 1956 to 1973, but the explosion of Venezuelans in the major leagues did not begin until the 1990s.

According to Baseball Reference358 Venezuelan players have appeared in the major leagues, trailing only the Dominican Republic’s 669 for the most players from any country outside the United States. In 2016, 102 players born in Venezuela appeared on major league rosters.

The Houston Astros opened the first academy to develop young Venezuelan players in 1989, and in the middle of the last decade, 13 major league teams had a presence in Venezuela. The country seemed ready to overtake the Dominican Republic as the biggest pipeline of foreign talent to the major leagues.

But that assessment changed as Venezuela fell into disarray. Major league teams began shuttering their academies, and only the Cubs, the Rays, the Detroit Tigers and the Philadelphia Phillies remain.

“There’s plenty of talent,” said Johnny DiPuglia, who heads international operations for the Nationals, who have never had an academy in Venezuela.

“But you worry about sending the kids home,” he added. “There is a shortage of food. They don’t go out at night because it’s dangerous. They don’t have the means of going where they want to go work out because we don’t have academies.”

Even though the number of academies has fallen, scouting continues.

“While some clubs have altered their presence in Venezuela, the majority continue to regularly travel there for scouting purposes,” said Michael Teevan, a spokesman for Major League Baseball. “We continue to monitor developments in the country in the interest of advising clubs and players appropriately.”

Jon Daniels, the general manager of the Texas Rangers, said there was a time when, because of an M.L.B. advisory, he did not allow his American scouts to travel to Venezuela and relied only on Venezuelan scouts.

DiPuglia said he used to scout in Venezuela monthly but now goes a handful of times a year, relying instead on other scouts. He rarely ventures away from the hotel or stadium.

The Seattle Mariners closed their academy in 2015, the most recent closure. The team had built a $7 million academy in the Dominican and decided it was better to send their Venezuelan players there to train, said Jack Zduriencik, the Mariners’ general manager at the time.

“A lot of it was logistics,” Zduriencik said. “But everybody is aware of anything going on in Venezuela.”

The Tigers, who have a significant contingent of Venezuelan players, still have their academy in Venezuela, and Al Avila, the Tigers’ general manager, said he did not urge his players to avoid the country in the off-season.

“That’s their personal situation, as far as where they want to live and the security they get,” Avila said.

The Tigers’ first-base coach, Omar Vizquel, was a longtime fixture at shortstop in the major leagues and is the manager of the Venezuelan team in the W.B.C. During the off-season, Vizquel said, he stays in touch with first baseman Miguel Cabrera and designated hitter Victor Martinez, both Florida residents who play for the Tigers and the W.B.C. team, about their safety when they return to Venezuela.

“We all talk about what could happen and tell each other to be careful,” said Vizquel, who often visits Caracas, his hometown. “Among us Venezuelans, there’s a lot of shared experience and we talk about it.’’

Some players have tried to make a difference. Last fall, Carrasco’s charity collected medical supplies — in addition to school and baseball equipment — to send to Venezuela. Lobaton would love one day to live in his native country again and host baseball clinics for children, as he has seen American teammates do when they return to their hometowns in the off-season.

“I have faith, like all Venezuelans, that things will change,” he said.

And for now, the Venezuelans on the W.B.C. team will try to win the championship for a country they love — but often from a distance.