Yoani Sánchez: El proyecto Convivencia cumple una década


A diferencia de su predecesora, ‘Convivencia’ apostó más por la presencia digital. (Captura)

En esta década los miembros de la revista, dependiente del centro de estudios del mismo nombre, han conocido diversas formas de hostigamiento

Era abril de 2007 y corrían días oscuros. La parte más inmovilista de la Iglesia católica intervino la revista Vitral y la alejó de su marcada misión social. Ante el secuestro, los editores se desmarcaron y meses después fundaron el proyecto Convivencia que este octubre acaba de cumplir una década de constante trabajo.

La nueva publicación nació bajo el influjo de su antecesora, que había surgido en 1994 y llegó a tener una tirada de 12.000 ejemplares. Sin embargo, desde el principio quedó claro que la revista Convivencia sería mucho más que un mero reflejo de aquel vitral que dejó de brillar para la diversidad y reflejaba solo cuestiones pastorales.

En una tertulia de hablar mucho y escuchar otro tanto, el laico Dagoberto Valdés y sus colaboradores colocaron las primeras yaguas del acogedor techo que más tarde cubrió no solo a la nueva publicación, sino también al proyecto de formación cívica y al Centro de Estudios, ambos bajo el mismo nombre.

Con el lema “Un umbral para la ciudadanía y la sociedad civil en Cuba”, esa tríada ha sido un viento fresco en un sector independiente donde priman –en demasía– los enfoques políticos sobre los sociales. Las propuestas antes que las quejas, también forman parte del peculiar sello editorial e investigativo del Proyecto.

La nueva publicación nació bajo el influjo de su antecesora, la revista ‘Vitral’, que había surgido en 1994 y llegó a tener una tirada de 12.000 ejemplares

A diferencia de su predecesora, Convivencia apostó más por la presencia digital. En tiempos de eclosión de blogs y cuentas de Twitter, su consejo de redacción se ha apoyado en las nuevas tecnologías y el portal web nacido de esa visión acaba de actualizar el diseño, además de hacer más dinámico el acceso al contenido.

Sin embargo, la mayor diferencia ha sido transitar el difícil camino de emitir información y opinión sin la protección de la Iglesia. A esta dificultad se le suma la de mantener un perfil moderado en medio de la polarización de la sociedad cubana, las presiones de la Seguridad del Estado y una intensa campaña de desprestigio.

Siete años antes de que el obispo Jorge Enrique Serpa Pérez forzara el cambio de rumbo de aquella publicación católica, Valdés había recibido la dura arremetida de dos editoriales del diario oficialista Granma, pero lo peor estaba por llegar. Aquello fue solo el preámbulo para un secuencia de interrogatorios y amenazas.

En esta década, los miembros de Convivencia han conocido diversas formas de hostigamiento. Desde las constantes citaciones policiales hasta la más reciente decisión de un tribunal de condenar a tres años de privación de libertad a Karina Gálvez, una de sus principales editoras, y confiscar la vivienda donde se reunían.

La cultura, la educación, los medios de prensa y la economía se hallan en el centro de los análisis del ‘think tank’ Centro de Estudios Convivencia

Desde otros grupos de la sociedad civil tampoco han faltado las críticas ante la postura de diálogo que ha mantenido siempre el equipo pinareño, su posición favorable al deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos, y la utilización de un lenguaje de respeto hacia cualquier figura o institución. Han debido pagar un alto precio por la mesura.

En ese escenario, destaca el trabajo del Centro de Estudios Convivencia (CEC) que a lo largo de varios encuentros ha perfilado un impresionante reservorio de ideas y propuestas para el futuro de la Isla. La cultura, la educación, los medios de prensa y la economía se hallan en el centro de los análisis de este think tank cubano que labora sin algarabías pero sin pausas.

Tanto el CEC como el centro cívico y la revista buscan “no solo educar al ciudadano para que ejerza su propia soberanía sino trabajar para que tenga una visión de futuro que le ayude a reconstruir la nación”, detalla con orgullo Dagoberto Valdés. El hombre que la propaganda oficial llama “mercenario” solo tiene una obsesión: pensar a Cuba.

El contexto también es muy diferente a aquel de finales del siglo pasado en que los editores de Convivencia comenzaron su labor editorial. Ahora, el espectro de publicaciones que abordan el tema de Cuba ha crecido dentro y fuera de la Isla. Los enfoques también se han diversificado y los lectores viven tiempos de avalancha de opciones entre las que elegir.

La revista ‘Convivencia’ se encuentra ante el reto de sobrevivir y crece

Otros centros de estudios independientes también han surgido y términos como “comunidad”, “civismo” o “consenso” se han vuelto comunes en el discurso de los activistas nacionales. Aquella luz que comenzó a asomarse a través de los cristales de colores de una revista pinareña es hoy un bien común del que todos echan mano.

Convivencia se encuentra ante el reto de sobrevivir y crecer. Evitar que los tirones represivos la lleven a adoptar un discurso de denuncia en lugar de otro de propuesta; superar con trabajo el silencio que algunos quieren imponer alrededor de su existencia; progresar a pesar de los insultos con los que otros describen su labor y mantener la ecuanimidad en tiempos de histeria.

Aquel techo de yaguas que comenzó a levantarse en octubre de 2007 está completo, pero en su interior todavía quedan muchos temas por incluir e innumerables situaciones en las que meditar. Hay tiempo para todo eso, porque como enfatizan en una reciente declaración los miembros del Proyecto Convivencia, no piensan irse de Cuba, de Pinar del Río ni del espacio cívico.