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Y entonces murió Fidel…histeria vs. historia

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Comencemos esta nota con este trino en Twitter de la periodista y escritora mexicana Alma Delia Murillo, que nos puede dar una idea de los mensajes que algunos de los más destacados miembros de las elites políticas, religiosas y sociales del mundo han estado enviando a La Habana:

Fidel casi tuvo razón, la histeria lo está absolviendo.

La histeria de algunos líderes. Porque la historia seguramente no absolverá al tirano fallecido –a pesar de los deseos de quienes pavlovianamente salivan al oír el apellido Castro asociado con Cuba- porque son demasiados los muertos, los asesinados, los presos políticos, los exiliados, los odios y divisiones sembrados, la destrucción institucional, económica y humana en esa hermosa isla en el Caribe; a lo que hay que añadir asimismo una generación de jóvenes -en especial latinoamericanos- irresponsablemente lanzados a la aventura guerrillera sin saber que estaban siguiendo un guion macabro y sangriento.

La historia cubana ha sido desdeñada durante demasiados años por las elites políticas americanas. Con cada mensaje de “pesar”, de “lamento” por la muerte de un dictador brutal –por fin ha tenido razón en algo Donald Trump- lo que se está expresando en realidad es un inhumano desprecio por un pueblo que no se merece que se le siga negando su derecho a la libertad y la democracia. Para todos estos señores la muerte de Castro tiene como único defecto el haber sido prematura.

Es quizá el momento de recordar un comentario hecho por Albert Camus sobre la histórica enemistad de Francia con sus vecinos ingleses: “muchas razones (buenas o malas, políticas o de otra índole), explican la hostilidad oficial contra Inglaterra. Pero no se habla de uno de los peores motivos: el encono, y el bajo deseo en ver sucumbir al que ose resistirse contra la fuerza que a uno mismo lo ha aplastado”.

Así como el liderazgo francés nunca le perdona (por esos misteriosos mecanismos de la condición humana) a Inglaterra – y a los Estados Unidos tampoco- que haya tenido que intervenir para decidir dos guerras mundiales peleadas -entre otros sitios- en territorio francés, estos líderes supuestamente demócratas que lloran y lamentan la muerte de Castro, no perdonan a todo aquel que le plante oposición a la utopía marxista castrista, sobre todo no compartir su “lucha contra el imperio norteamericano” . ¿Y al odiado vecino del Norte? No se le perdonará jamás su éxito, su única y duradera Constitución (frente a la hemorragia constitucionalista que ha caracterizado a los vecinos del Sur del Río Grande), su constancia institucional, y su clima de libertades.

Eso sí: todos esos adulantes de la prisión caribeña, si vivieran en Cuba, solo tendrían tres alternativas: formar parte acrítica de la corte castrista, la cárcel o el exilio. Pero no importa, al final es muy sabroso ser castrista y no sufrir en el intento.

Molesta también el lenguaje farisaico, el culto a lo políticamente correcto, de los redactores de estas cuasi elegías a favor del mayor sociópata que capturara el poder en nuestro continente. En sus palabras de recuerdo por el autócrata, olvidan siempre a las víctimas. Y es que si algo ha caracterizado a los Castro y a sus groupies y fans, es el desprecio por la palabra dignidad.

¿Se puede ser demócrata y alabar a Fidel Castro? Por supuesto que no. Pero algunos nunca se dan por enterados.

Molestan, por último, esos mensajes “a medio swing”, que criticando al castrismo, sin embargo deslizan por debajo de la puerta un elogio a los grandes logros “educativos” de la revolución, como si la masificación de la enseñanza fuera suficiente justificación para el lavado cerebral, para la prohibición de toda crítica, para la censura de decenas de autores y de obras, para la persecución del pluralismo de las ideas.

Sin duda alguna Cuba fue un país ejemplo en materia de salud y de educación…¡antes de la llegada de los Castro, en la década de los cincuenta!

Por mi parte, en cambio, hago mía una de las tantas frases geniales de un demócrata de verdad, no de cartón piedra moral, como muchos de los líderes continentales (políticos o no) de la actualidad, una sentencia dicha por el abogado norteamericano Clarence Darrow:

“Nunca he asesinado a nadie; pero más de un obituario me ha hecho muy feliz”.

Darrow fue, a comienzos del siglo XX, uno de los mayores defensores en las cortes de los derechos civiles de los más desposeídos en la sociedad norteamericana. Su vida, que es un ejemplo de lucha contra la injusticia y el abuso de los poderosos, ha sido llevada al cine en varias ocasiones. Su recuerdo es eterno, de parte de una sociedad agradecida. En cambio, a estos mediocres y macabros sacerdotes defensores de la religión castrista, a ellos la historia tampoco los podrá absolver.

Por ello, también estoy de acuerdo –hasta el último punto- con la pregunta hecha por el portavoz del partido Ciudadanos en el Congreso de los Diputados español, ante el anuncio del gobierno de Rajoy de que a los actos oficiales en Cuba asistiría el ex-Rey Juan Carlos:

«La condición de dictador de ese país del mencionado dirigente político cubano, su responsabilidad durante casi 60 años en la represión de su propio pueblo, la conculcación de sus libertades y la negación de un desarrollo económico que permita vivir dignamente a la mayoría de su pueblo y el masivo exilio que ha generado, son razones suficientes para modular la representación de España en sus exequias«, dice la pregunta registrada por el portavoz de Exteriores de Ciudadanos, Fernando Maura. O dicho en criollo: ¿qué vaina es esa, de que el ex-monarca vaya a rendirle honores a uno de los más terribles verdugos de la historia reciente?

Menos mal que el actual gobierno español es de derechas, si hubiera sido de izquierdas a lo mejor van el Rey Felipe, su esposa, sus hermanas y sus hijas, su padre Juan Carlos con Doña Sofía, Mariano Rajoy, todo el tren ministerial y los cardenales hispanos, que seguramente el papa Francisco no se molestaría, al contrario. Una vergüenza.

Mientras tanto ¿Y el hermano Raúl, Castro el Joven? Con sus 85 años, debe estar consciente de que luego de la muerte de su hermano –y para decirlo en lenguaje beisbolero del Caribe- él está en tercera base a punto de anotar.

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