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Ecuador rompe hasta en lo simbólico con el modelo político de Rafael Correa

La salida de Unasur completa el vuelco del Gobierno de Lenín Moreno en la estrategia económica y en las relaciones diplomáticas

El color verdeflex que representaba a Rafael Correa y a su partido Alianza PAIS, alineado con el socialismo del siglo XXI, se ha ido difuminando en casi dos años entre pequeños gestos y grandes borrones del Gobierno de Lenín Moreno. El último, con la salida de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), completa un vuelco en política exterior que se veía venir tras meses de distanciamiento de Venezuela y acercamientos a Estados Unidos. Ecuador ha aplicado una enmienda a la totalidad tanto en diplomacia como en el modelo económico. También en los símbolos.

Sin diplomacias ni medias tintas, los discursos del presidente se han ido cargando de palabras densas para su predecesor, para el régimen de Nicolás Maduro y para prácticamente todo lo que esté ligado a la corriente de izquierdas que imperó en América Latina en la última década. El socialismo del siglo XXI pasó con Moreno de ser el programa ideológico con el que ganó las elecciones en mayo de 2017 a un modelo “perverso” y “corrupto”, como ha repetido en sus comunicados la presidencia de Ecuador. Lo único que aún persiste de aquellos dogmas es la promesa a las clases populares de que todo lo que se decide tiene la prioridad de protegerlas.

Cuando gobernaba Rafael Correa, Estados Unidos era el peor enemigo y el FMI, un prestamista usurero. “Por ser malos alumnos del FMI, nos va bien en Ecuador”, llegó a decir el exmandatario. Para él, además, Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro eran un ejemplo a seguir en cuanto a liderazgo, autoridad y políticas populistas. Como socio regional era preferible tener a la Comunidad Andina, al Alba (Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América) y a la Unasur. Ni oír hablar de la Alianza del Pacífico. “Yo entraré a la Alianza del Pacífico (integrada por Chile, Perú, Colombia y México) cuando Alaska y Siberia tengan también un tratado porque están cerquita los dos”, dijo con ironía en su momento.

Pero Lenín Moreno ha dado un vuelco en prácticamente todos los aspectos, incluidos los simbólicos. La salida de la Unasur y la insistencia en retirar la estatua de Néstor Kirchner de la sede de Quito es una forma de borrar aquella foto emblemática en el edificio de la Mitad del Mundo en la que aparecen Evo Morales, presidente de Bolivia, Dilma Roussef, entonces al frente de Brasil, Cristina Fernández por Argentina y Nicolás Maduro por Venezuela. Todos invitados por Correa.

Ecuador está ahora iniciando los trámites para incorporarse a la Alianza del Pacífico y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). “Ahora tenemos una relación fluida con Estados Unidos, hemos reconocido a Juan Guaidó como presidente de Venezuela y hemos condenado a Nicolás Maduro y el fracaso del modelo de gobierno de izquierdas de la última década. Hay un cambio muy considerable”, comenta Marcelo Fernández de Córdova, excanciller y exembajador de Ecuador en Venezuela, recordando que todo comenzó a cambiar tras la salida de la canciller María Fernanda Espinosa. “Lo único que le falta al país es unirse al Grupo de Lima que viene defendiendo una vía democrática de solución para Venezuela”.

Hay dos factores que han sido determinantes en el giro gubernamental de Lenín Moreno. La corrupción y las estrecheces económicas. Desde que recibió la banda presidencial de manos de Correa, el mandatario latinoamericano no ha dejado de señalar los errores de la administración anterior: un país excesivamente endeudado, con un déficit fiscal insostenible y un sinnúmero de obras públicas sin terminar y con irregularidades. Ha querido desmarcarse de todo, pero tampoco ha tenido otra opción.

“Lenín Moreno ha sido definitivamente mucho más pragmático en su forma de gobernar de lo que fue el periodo anterior. Fue una época muy visceral. El cambio en política económica ha sido un tema de supervivencia”, reflexiona Fausto Ortiz, exministro de Finanzas durante el correísmo que dejó el cargo por discrepancias en el manejo fiscal. “Hay que recordar que Moreno arranca su gobierno totalmente alineado con el socialismo del siglo XXI y solo tras el tercer de ministro en Finanzas, cambia de modelo”.

La llegada de Richard Martínez a la cartera, ex líder de los empresarios, ha llevado al país a firmar un acuerdo de financiación con el FMI y otros multilaterales por tres años, ha orientado la estrategia hacia el liberalismo y, en consecuencia, ha aplicado una serie de ajustes en subsidios y en el empleo público. “Este es un gobierno sin capacidad de maniobra, pero también sin un norte claro. Más allá del discurso, no hay un programa social. Hicieron promesas irresponsablemente que ahora no pueden cumplir”, cuestiona Ortiz. Habrá que ver, sostiene, hacia dónde va la estrategia políticoeconómica cuando las cosas mejoren. “Si Ecuador va a llegar hasta el final de lo que pide el FMI o si se queda en aceptar las correcciones iniciales sin profundizar con un programa”.

 

 

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