Elecciones

Los candidatos independientes desafían al sistema político mexicano

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Jaime Rodríguez, «El Bronco»

Aún no tiene nombre, edad ni partido. Pero ya le temen antes de nacer. La posibilidad de que un candidato independiente sea capaz de aglutinar el desencanto ciudadano ha disparado la alarma en el desfalleciente sistema de partidos mexicano. Las turbulencias vistas en otros países, pero sobre todo el triunfo de figuras disruptivas, como el nuevo gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, han abierto las puertas a un escenario que hace pocos años era inimaginable: hoy, por primera vez, las encuestas muestran que un independiente puede llegar a ser presidente de la República de México.

El efecto de la reforma política impulsada por el presidente Enrique Peña Nieto ha sido fulminante. El estreno de las candidaturas independientes en las elecciones de junio (Cámara de Diputados, nueve gobernaturas, 16 congresos estatales y 1.009 municipios) llevó al poder a una constelación de políticos antisistema. A la cabeza de esta avanzadilla se situó El Bronco, un antiguo priista que, apoyado en las redes sociales, derrotó a todos los grandes partidos en Nuevo León, el segundo Estado más rico de México.

Pero las consecuencias no se agotaron en los comicios. El desencanto ha seguido creciendo y ya más del 63% de la población, según una encuesta de Parametría, está dispuesta a votar a un independiente antes que a las formaciones clásicas. «Los partidos están en su momento más bajo, sólo el 19% confía en ellos, hay una apertura del electorado y un ambiente muy crítico», afirma el analista Francisco Abundis, director de Parametría.

Esta reducción del perímetro electoral ha golpeado a los partidos en su médula espinal: los estados. Y la reacción no se ha hecho de esperar. En doce de ellos se han aprobado en los últimos meses candados normativos, las llamadas leyes antibronco, para frenar el avance de los independientes en las elecciones locales de 2016 y 2017.

Esta contrarreforma ha abierto la caja de los truenos. De poco han servido el intento del presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, de apelar a la Suprema Corte, o del PAN de proponer un mejora constitucional para allanar el camino a los independientes. La desconfianza ha vuelto y ha puesto en alerta a los defensores de la apertura política. Un centenar de pensadores, académicos, políticos y artistas han lanzado un manifiesto en favor de las candidaturas independientes. El comunicado, de tono reflexivo, lo suscriben nombres tan diversos como el fundador del PRD y excandidato presidencial, Cuauhtémoc Cárdenas, el empresario Miguel Alemán, el ex canciller Jorge G. Castañeda, el actor Gael García Bernal e intelectuales como Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Sergio Aguayo o la feminista Marta Lamas. Detrás de cada firma late la insatisfacción con el actual sistema. «Hay una crisis de representación. Solo un candidato independiente puede traer es credibilidad y obligar al sistema a reformarse», indica Aguilar Camín.

En estas aguas revueltas, la vista está puesta en los comicios presidenciales de 2018. La posibilidad de que un independiente gane ha dejado de ser una quimera. La favorecen la fragmentación electoral, un sistema que permite ganar por mayoría simple en primera vuelta, y también la indignación. «Como en otras partes del mundo, en México se ha acumulado mucho rencor ciudadano y un outsider puede recoger esta carga, no importará su origen, sino que su discurso sea antisistema», señala el experto en encuestas Roy Campos.

Abierta esta ventana, todas las miradas recaen sobre El Bronco. Hasta ahora, este ganadero de discurso áspero, cuya campaña se basó en vapulear una estructura a la que perteneció durante 30 años, ha negado su intención de concurrir a las presidenciales. Pero sus potenciales adversarios no le creen. Y otros ya afilan la espada. Es el caso de Andrés Manuel López Obrador, dos veces aspirante presidencial con el PRD y que ahora desde el izquierdista Movimiento de Regeneración Nacional coquetea con la antipolítica. «Los de la mafia en el poder, dos veces nos han robado la presidencia y ahora […] están buscando frenarnos con un candidato supuestamente independiente, pero aunque lo disfracen, ya sabemos que es maleante y está pelón», ha disparado López Obrador.

Bajo este fuego cruzado, los próximos movimientos de El Bronco serán claves. No sólo para su futuro político, sino también para otras posibles candidaturas independientes. Un error grave del gobernador de Nuevo León dañaría la imagen de esta nueva corriente. Y su caída podría generar una multiplicación de aspirantes. El beneficiario último de esta división del voto, según los expertos, sería el partido más fuerte, el PRI.

Ante este panorama, ha cobrado fuerza la apuesta por concentrar todo el esfuerzo en un solo nombre. «Se necesita una candidatura independiente única, porque se debe jugar a ganar, no a figurar», afirma el excanciller Castañeda. Las cartas, en un sistema con tantos resortes como el mexicano, aún están por jugar. A falta de casi tres años para las presidenciales, nadie se atreve a apostar aún por un caballo ganador. Pero la carrera, nadie lo duda, ha empezado.

Un cambio inminente

El sistema de reparto de poder ha entrado en crisis. En las elecciones de junio los grandes partidos mexicanos sufrieron un debilitamiento general. El PRI, aunque superó la prueba, perdió cuatro puntos y aumentó su dependencia de aliados tan poco fiables como el Partido Verde. El PAN, la fuerza hegemónica de la derecha, cosechó el peor resultado en 20 años, y el PRD, hasta entonces la gran alternativa de la izquierda, retrocedió casi 25 años. Este descalabro vino acompañado de otra señal igualmente poderosa. El sismógrafo electoral alertó de la inminencia de un vuelco. En un 34% de los distritos electorales hubo alternancia, y en el 81% la diferencia entre el primer y el segundo puesto quedó por debajo de los 5 puntos. Todo a punto para un cambio de signo.

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