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Patricio Navia: ¿De qué va a tratar la campaña para el Consejo Constitucional?

Como la campaña estará carente de propuestas y el electorado estará poco interesado en escuchar ideas, esto al final podría convertirse en un concurso de reconocimiento de nombre y popularidad.

Dado el poco interés que existe en la ciudadanía sobre el proceso constituyente y precisamente porque todos más o menos anticipan bien que el texto final de la Constitución ya está más o menos definido, la campaña para la convención naturalmente se centrará en cuestiones que no tengan mucho que ver con los atributos y capacidades de los candidatos para hacer el trabajo que les será encomendado. La gente no prestará tanta atención a las propuestas que presenten los candidatos respecto a qué derechos o instituciones promoverán en la nueva Constitución. En cambio, la gente que se moleste en ir a votar usará la oportunidad para expresarse sobre el desempeño del Presidente Boric, sobre el camino por el que va el país y sobre la clase política en general. 

Las campañas siempre son víctimas del contexto. Cuando a un candidato oficialista le toca competir en un contexto en que la gente rechaza al Gobierno y desaprueba al Presidente, incluso los oficialistas más leales se animan a deslizar críticas y a explicar cómo ellos harían las cosas de forma distinta. Los presidentes impopulares son blancos de críticas imposibles de rechazar para los candidatos.

Dada la impopularidad de Boric en esos meses, los aspirantes del Frente Amplio, PC y PS harán esfuerzos sobrehumanos para evitar ser catalogados como los candidatos de la Lista del Indulto. Es verdad que el oficialismo todavía cuenta con un apoyo apenas por debajo del 30%. En las cuatro regiones que escogen cinco cupos, ese apoyo será suficiente para asegurarles un escaño. Pero en el resto del país, el oficialismo militante va a tener pocas chances de ganar si no se suma al coro de críticos con el Gobierno que dominarán la campaña.

Aunque la nueva Constitución no tenga mucho que ver con eso, la preocupación con la economía que reina en el país obligará a todos a pronunciarse sobre la inflación, el desempleo y, probablemente, un nuevo retiro de los fondos de pensiones. Al final, el debate sobre un nuevo retiro podría terminar siendo el gran tema en la campaña. Aquellos que quieran ser responsables y planteen que el Consejo Constitucional no tiene nada que ver con los retiros verán cómo el apoyo que otros candidatos irresponsablemente den a los retiros les ganará popularidad.

Al final, precisamente porque saben que ellos no tienen nada que ver con eso, si la voluntad popular se alinea detrás de un nuevo retiro, los candidatos al Consejo Constitucional no tendrán más que sumarse al coro. Para los candidatos de derecha que busquen promover el debate de ideas y principios constitucionales razonable, que estuvo tan ausente durante el primer proceso, la realidad será un doloroso balde de agua fría sobre qué entiende la gente por una nueva Constitución.

Como la campaña estará carente de propuestas y el electorado estará poco interesado en escuchar ideas, esto al final podría convertirse en un concurso de reconocimiento de nombre y popularidad. El poco tiempo que hay para la campaña y los pocos recursos que hay disponibles limitarán la capacidad de los candidatos para hacerse conocidos. Eso le da una ventaja a todos aquellos políticos de carrera que ya son conocidos.

Pero no basta. Si uno es conocido y altamente impopular, ese reconocimiento de nombre ayudará poco. Eso es lo que no sabemos respecto a los políticos retirados que volvieron al ruedo para esta elección. No sabemos si la gente premiará su trayectoria o si castigará el esfuerzo de aquellos ya retirados por volver al ruedo.

Aquellos candidatos menos conocidos, en cambio, tendrán que hacer cualquier cosa para darse a conocer. Las promesas rimbombantes y exóticas, las performances excesivas y las forzadas polémicas estarán a la orden del día. No culpen a los candidatos. Ellos hacen lo que pueden para darle entusiasmo a una elección que no le importa a nadie.

Al final, el problema sigue siendo que la clase política vendió una mentira en noviembre de 2019. La clase política ofreció una nueva Constitución como una píldora mágica para solucionar todos los problemas del país. Ahora que esa mentira quedó al descubierto, generar interés para una elección tan importante como la del Consejo Constitucional se ha convertido en un camino cuesta arriba en el que no parece haber forma de avanzar.

 

 

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