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La “rusificación” de la continuidad

La fórmula rusa les parece muy bien a los mandamases castristas, que mendigaron la ayuda del Kremlin solicitándole “soluciones integrales” para salir del callejón sin salida al que los ha conducido su torpeza, su terquedad y el miedo a perder el poder

LA HABANA, Cuba. — En una rara y paradójica pirueta de la historia, el capitalismo está regresando a Cuba traído nada menos que por el Kremlin para intentar salvar lo que va quedando del castrismo. Solo que ya no es el Kremlin de los jerarcas del Politburó soviético que costeó durante 31 años los experimentos con el comunismo de Fidel Castro, sino el Kremlin ultraconservador y con tufo fascista de Putin y sus oligarcas.

Luego de seis décadas de sacrificios impuestos por el castrismo en aras de construir el socialismo, vuelve el capitalismo. Y el que nos viene encima, ya prácticamente está aquí, no pudiera ser peor. Y es que la receta rusa para intentar hacer reflotar la economía cubana es similar a la que aplicaron tras el derrumbe de la Unión Soviética: privatizaciones y otras reformas económicas tendientes a un capitalismo protagonizado por antiguos miembros de la élite o comunista transformados en oligarcas.

La fórmula rusa les parece muy bien a los mandamases de la continuidad castrista que mendigaron la ayuda del Kremlin solicitándole “soluciones integrales” para salir del callejón sin salida al que los ha conducido su torpeza, su terquedad y el miedo a perder el poder.

No importa que Díaz-Canel y el ministro de Economía y Planifición, Alejandro Gil Fernández, sigan hablando de fortalecer y priorizar la empresa estatal socialista. ¿Los rusos delInstituto Stolypin aconsejan un programa de reformas para desarrollar la empresa privada? Pues venga. Los militares de las FAR y el MININT metidos a empresarios, los jefazos comunistas convertidos en millonarios oligarcas que salpicarán a sus allegados y las mipymes para evadir las sanciones norteamericanas encajan a la perfección en la receta.

Y el reordenamiento económico, con todo lo mal que les salió, les ahorró tener que anunciar ahora la adopción de terapias de choque: hace rato que los cubanos estamos sintiendo los golpes en el bolsillo y el estómago. Después de todo, a los mandamases de la continuidad, pese a su retórica discursiva, no les preocupan demasiado las cuestiones ideológicas. Y muchísimo menos el bienestar del pueblo.

Rusia, con tantos problemas como enfrenta, o precisamente por eso, parece estar tomando en serio la modificación de la continuidad castrista del modo más ventajoso para sus intereses geopolíticos y económicos. Es lo que indica el diluvio de altos funcionarios rusos que han venido a La Habana. Ni cuando los soviéticos irrumpieron por primera vez en Cuba, con el canciller Anastáas Mikoyán al frente, en 1960, se vio algo así.

En los últimos meses han venido a Cuba el canciller Serguéi Lavrov, Maxim Oreshkin, asesor de Putin; Viacheslav Volodin, presidente de la Duma (Cámara de Diputados); Nikolái Pátrushev, Secretario del Consejo de Seguridad; Igor Sechin, director ejecutivo de la petrolera Rosneft; Boris Titov, del instituto Stolypin; y hace solo unos días, el Vice primer ministro Dimitri Chernishenko y el secretario de Estado y viceministro de Ciencia y Educación Superior Pyotr Alexandrovich Kucherenko, para participar en la XX sesión de la Comisión Intergubernamental Cubano-Rusa para la colaboración económica-comercial y científico-técnica.

Y vienen raudos y voraces. El viceprimer ministro Chernishenko solicitó “algunos cambios en la legislación cubana”. ¿Será en la Ley de Inversiones Extranjeras? ¿En la Constitución? ¿Querrá que endurezcan aún más el Código Penal? ¿Que le den marcha atrás al Código de las Familias para no disgustar al homofóbico Putin?

Los mandamases, desesperados, sin otro clavo al que agarrarse, están decididos a aceptar lo que sea que les exijan e impongan. Luego que para la unificación monetaria lanzaron a la indigencia a la mayoría de los cubanos, ahora el rublo lo van a poner a circular en Cuba. Mantienen incondicional el apoyo a la criminal agresión de Putin contra Ucrania. Y para rematar: les concedieron tierras por 30 años a los rusos, para que las usen vaya usted a saber en qué. ¡Y todavía se atreven a calificar de “entreguistas” y “sometidos al capital yanqui” a los gobiernos de la era republicana!

Pese a su sumisión prorrusa y al recetario capitalista que preconizan Titov y el Instituto Stolypin para Cuba, es harto improbable que les salga bien a los mandamases la rusificación de la continuidad castrista.

¿Podrá Rusia, aislada internacionalmente y desangrándose en la empantanada guerra en Ucrania, para complacer el pedido de “soluciones integrales” de Díaz-Canel, condonar definitivamente la deuda de Cuba, reanudar los proyectos de colaboración, modernizar la infraestructura del país, suministrar petróleo barato, trigo, materias primas, maquinarias, armamento para modernizar a las FAR y garantizar que vengan de Rusia a vacacionar turistas, muchos turistas?

A diferencia de Rusia, donde había mucho para robar, en Cuba, en el estado en que está la economía luego de 64 años de disparates y desastres, apenas habrá qué repartirse en la piñata. Si acaso, poco más que las remesas de los emigrados, el dinero del turismo y de los médicos alquilados. Así que ya veremos a las pirañas fajándose a dentelladas.

Si Fidel Castro resucitara, probablemente aconsejaría a sus continuadores que no se fiaran demasiado de los rusos. ¡Si los conocería el Máximo Líder! Fueron muy generosos subsidiando su régimen con 115 mil millones de dólares entre 1960 y 1991, pero como mismo le fallaron en octubre de 1962 cuando se llevaron los misiles nucleares sin contar con él y muchos años más tarde con la Perestroika y luego cuando retiraron la Base Lourdes, pudieran volver a defraudar a sus aliados cubanos en un futuro. ¡Si no hace mucho cancelaron por impagos los proyectos de colaboración con Cuba!

Ahora Rusia quiere la complicidad de Cuba para evadir las sanciones internacionales y tener presencia en el Caribe como represalia por la aproximación de la OTAN a su frontera y por el apoyo norteamericano a Ucrania, pero si el Tío Sam se alarma y encabrita, habría que ver qué pasa, porque entre superpotencias, cuando negocian, nunca se sabe.

Como sea, la rusificación de Cuba empieza con muy malos auspicios. Es tanta la mala vibra, el ossobbo de los mandamases neocastristas, que el pasado 21 de mayo, cuando regresaba de Cuba, ya cerca de Moscú, a bordo del avión que lo conducía, el secretario de Estado Kucherenko, de 46 años, sufrió un ataque cardiaco y falleció. Eso, si no lo envenenaron por órdenes de Putin, porque dicen que Pyotr Alexandrovich estaba en desacuerdo y muy deprimido con la agresión a Ucrania.

 

 

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