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Beatriz Pineda Sansone – Los Esenios: la raza más notable

Sobre los Esenios – A traves de las Escrituras

 

Desde las más remotas épocas de la antigüedad ha existido una notable enseñanza que es universal en su aplicación y atemporal en su sabiduría. En casi todas las culturas y religiones han aparecido fragmentos sumerios y en piedras y losas procedentes de hace ocho o diez mil años. Algunos de sus símbolos son el sol, la luna, el aire, el agua y otras fuerzas naturales que proceden de una época aún más antigua.

Su estudio y su práctica despiertan en el corazón del hombre un conocimiento intuitivo que puede solucionar tanto sus problemas individuales como los problemas del mundo. Sus principios fundamentales fueron enseñados en la antigua Persia, en Egipto, en la India, en el Tibet, en China, en Palestina, en Grecia y en muchos otros lugares. Pero son los esenios, esa misteriosa comunidad que vivió durante los dos o tres últimos siglos antes de Cristo y durante el siglo primero de la era cristiana junto al mar Muerto en Palestina y junto al lago Mareotis en Egipto, quienes nos la han transmitido en su forma más pura. En Palestina y Siria los miembros de esta hermandad eran conocidos como esenios; en Egipto como terapeutas o sanadores.

El aspecto esotérico –secreto- de sus enseñanzas está contenido en “El Árbol de la Vida” -símbolo de la interconexión-. Este símbolo nos recuerda que todos estamos conectados y que todos somos parte del mismo todo, “Las comuniones” y la “Séptuple Paz”.

La enseñanza exotérica o externa aparece en el “Evangelio Esenio de la Paz” y en “El Sermón de la Montaña”.

Pero cualquiera que haya sido su origen, lo cierto es que la hermandad esenia existió durante mucho tiempo, tal vez también en otros lugares y con otros nombres. Zend Avesta de Zoroastro la convirtió en una regla de vida, que fue seguida durante miles de años. Los conceptos fundamentales del Brahmanismo están contenidos en ella, así como también los de los Vedas y los Upanishads, según Edmond Bordeaux Székely. Los sistemas yógicos de la India proceden también de la misma fuente. Más tarde, el Buda dio a la luz, en esencia, las mismas ideas básicas y su sagrado árbol Bodhi está en estrecha relación con el Árbol de la Vida Esenio.

Los pitagóricos y los estoicos en la antigua Grecia siguieron los mismos principios esenios y también muchas de sus formas de vida. La misma enseñanza formó parte de la cultura adónica de los fenicios, presente en la filosofía de la Escuela de Alejandría en Egipto, como también contribuyó de forma notable con la cultura occidental como la Francmasonería, el Gnosticismo, la Cábala y el Cristianismo. Jesús interpretó del modo más sublime las siete bienaventuranzas del Sermón de la Montaña.

Los esenios vivían a la orilla de lagos y ríos, lejos de las ciudades y practicaban un modo de vida comunitario, compartiendo por igual todas sus pertenencias. Eran, básicamente, agricultores y arboricultores y poseían un amplio conocimiento de los cultivos, del suelo y del clima, lo cual les permitía cosechar una gran variedad de frutos y legumbres con un mínimo trabajo y en zonas relativamente desérticas.

Los esenios no tenían criados ni esclavos; se dice que fueron el primer pueblo que eliminó la esclavitud tanto de forma teórica como práctica. Entre ellos no existían los pobres ni los ricos, pues ambas situaciones eran consideradas como desvíos de la Ley. Su economía estuvo basada en la Ley, demostrando que es posible lograr todo lo necesario para el mantenimiento del hombre de un modo bastante fácil.

Los esenios dedicaban mucho tiempo al estudio de las escrituras antiguas y también a ciertas ramas del conocimiento como la enseñanza, la curación y la astronomía. Se dice que heredaron los conocimientos astronómicos de los caldeos y de los persas y las artes curativas de los egipcios. Fue notable su conocimiento de los usos de las plantas y de las hierbas para la curación tanto de los seres humanos como de los animales. Su existencia fue simple y ordenada. Este modo de vida les permitió subsistir hasta edades muy avanzadas -120 años o incluso más- disfrutando de notable salud y fuerza física. Su amor creativo estaba presente en todas sus actividades. Las hermandades esenias mandaban sanadores y maestros al exterior, entre ellos estuvieron Elías, Juan el Bautista, Juan el Amado y el gran maestro esenio Jesús.

La pertenencia a la hermandad se alcanzaba sólo tras un período de prueba de un año y otros tres años de trabajo iniciatorio, sin embargo, para recibir la enseñanza interna debían transcurrir siete años más. La información que tenemos del modo de vida de los esenios ha llegado hasta nosotros, gracias a los escritos de sus contemporáneos: el naturalista romano Plinio, el filósofo Filos de Alejandría, el historiador y soldado judío Josefo, Solanius y otros más, se refieren a los esenios como “la raza más notable de cuantas existen en el mundo”, los más antiguos de los iniciados, sus enseñanzas, cuya inalterable santidad se ha perpetuado a lo largo de incontables épocas procedentes del Asia Central

Ecos de la misma enseñanza los encontramos hoy en los rituales de los masones, en el candelabro de siete brazos o en el saludo “la paz sea contigo”, utilizado desde los tiempos de Moisés. Su persistencia a través de las diversas épocas evidencia que esta enseñanza es la interpretación, por parte de grandes Maestros, de la verdadera Ley del universo, la Ley básica, tan eterna e inalterable como el curso de las estrellas, la misma hoy que hace diez mil años y tan aplicable ahora como entonces.

Moisés descubrió que existe una única Ley, que esta Ley gobierna todas las manifestaciones de la vida y el universo entero. Todo funciona siguiendo la misma Ley. Observó que el hombre vive en un universo dinámico y siempre cambiante; los animales y las plantas crecen y mueren, la luna crece y disminuye. Vio que la Ley manifiesta un perpetuo cambio y que detrás de ese cambio está el Plan de un Orden Cósmico en una mayor escala. Comprendió que la Ley es el poder único que rige el universo y que todas las demás leyes no son sino partes de esa Ley, que es eterna, indestructible e imposible de vencer

El desvío de esa Ley es la causa de todos los problemas del hombre y nos da un método para poder hallar la salida a este dilema.

 

 

Mi nombre es Beatriz Pineda Sansone. Nací en la ciudad de Maracaibo, Venezuela. De niña era inquieta, llena de arrojo. Admiraba a nuestro Arturo Uslar Pietri, quien conducía el programa televisivo Valores Humanos. Su ejemplo ha sido mi norte. Gracias a mis hijas he realizado grandes aventuras a favor de los niños. Creé el Taller Literario Infantil Manzanita que devino en Fundación en 1985. Más tarde, con motivo del nacimiento de un nuevo diario en Maracaibo, fundé Azulejo, el periódico de los niños del diario La Verdad –primera etapa-. Extendí el Programa La Hora del Cuento a centros de arte, museos, universidades, colegios y McDonald’s Padilla de la ciudad con el fin de cultivar en los niños el amor por la lectura, y todas sus destrezas cognitivas, afectivas y psicomotoras.

Más tarde, en 1996, obtuve el título en Filología Hispánica con el premio Summa Cum Laude en la Universidad del Zulia. Cursé estudios de postgrado (2000-2003). Me convertí en articulista de los diarios venezolanos Economía Hoy, Panorama y El Universal.

Soy autora de: Las Memorias del Maestro Ramiro (1979); Desde otro rayo (1992). Universidad del Zulia; Los ojos de la montaña (2011). Entrelíneas Editores, España; La Hora del Cuento. Enseñar a razonar a los niños a través de la lectura de cuentos (2015). Ediciones de la Torre, España; El Principito y los Ideales. Defensa de la libertad, del amor y del razonamiento (2017). Editorial Verbum, España; La Aventura nunca imaginada de un lápiz (2018). Fundación editorial el Perro y la Rana. Venezuela; Una niña de mi edad (2019). Editorial Tandaia, España. Malika, la más pequeña de la manada (2021). Europa ediciones. Roma.

En la actualidad desarrollo una intensa labor a favor de la lectura a través de las redes sociales: @beapinpaz.escritora, los chats Aventuras Literarias y Café Lectura. 

 

 

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