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Nicolás Sarkozy: «A diferencia de Napoleón, yo nunca me he sentido disminuido por los méritos de mi mujer»

Desde niño lo tuvo claro: ser presidente de Francia era su destino. Once años después de dejar el palacio del Elíseo, Nicolas Sarkozy revisa su agitado mandato en Los años de las luchas, un libro que nos sumerge en la trastienda del poder... Y en esta entrevista exclusiva, también en la de su intimidad.

 

Dicen que el poder te cambia. No fue el caso de Nicolas Sarkozy. «Cuando llegué al palacio del Elíseo, me quedé igual; el poder no me cambió», asegura a sus 68 años. Presidente de Francia entre 2007 y 2012, fue uno de los líderes más temperamentales que ha conocido Europa eneste siglo. Once años después de dejar el Elíseo, derrotado por el socialista François Hollande, repasa su mandato en Los años de las luchas (Alianza Editorial), un libro de memorias escrito a mano «de la primera a la última palabra», subraya.

«Yo no elegí ser líder. Es parte de mi identidad. Uno nace líder»

Triunfos, derrotas, polémicas y pasajes de su vida íntima –fue el primer presidente francés en divorciarse, casarse de nuevo (con la cantante y modelo Carla Bruni) y tener una hija mientras ejercía su cargo– pueblan sus más de quinientas páginas sin renunciar a ofrecer su visión sobre diversas cuestiones de la actualidad. Acosado hoy por la Justicia en varias causas por financiación ilegal, corrupción y tráfico de influencias, el expresidente responde con voz reposada pero firme a las preguntas de XLSemanal en su oficina de París, ubicada, curiosamente, a apenas diez minutos a pie del Elíseo.

 

 

alternative textUn alcalde precoz. La alcaldía de Neuilly-Sur-Seine fue su primera victoria política, con 28 años. Gobernó la ciudad entre 1983 y 2002, tiempo en que, además, fue diputado nacional y ministro de Presupuestos.| GETTY IMAGES.

 

 

XLSemanal. Once años después de su presidencia, ¿qué lo ha llevado a contar la experiencia?

Nicolas Sarkozy. Con este libro, escrito de mi puño y letra, quiero ayudar al lector a entender cómo es el ejercicio del poder en nuestras sociedades modernas.

XL. ¿Busca contrarrestar cierta imagen fría que la gente tiene de usted?

N.S. Quiero mostrar, más bien, que el poder es algo caliente y que no hay diferencia entre vida política y personal. No pueden separarse.

XL. ¿Hasta qué punto le preocupaba u obsesionaba el cariño de sus conciudadanos?

N.S. Todo el mundo, presidente o no, necesita sentirse amado. Por tu familia, amigos o el país entero. La diferencia es que estás en el árbol más alto y expuesto a todos los vientos.

XL. Bueno, esa posición es una grandísima diferencia…

N.S. Pero todo radica en asumir las implicaciones que conlleva. Cada uno nace con un destino, lo sientes dentro. Y yo no elegí ser un líder, fue una pulsión personal; parte de mi identidad. Uno nace líder; nadie se convierte en líder.

XL. ¿Cuándo sintió ese destino?

N.S. Fue una vocación temprana. Con 13 años ya me imaginaba lanzando discursos ante miles de personas. Así que había dos opciones: o acababa loco o como presidente [se ríe].

XL. ¿Ensayaba ante el espejo?

N.S. No, no, en plena calle. La gente me miraba extrañada, pero de loco… nada. ¿No le parece?

XL. ¿Cómo vivieron sus padres ese destino?

N.S. Siempre han estado muy orgullosos, pero para mi madre nunca dejé de ser su pequeñín. Se sentía responsable de todos mis logros, como que todo lo que conseguí fue gracias a ella. Ya ve, no hay diferencia entre la madre de un presidente y cualquier otra madre.

XL. ¿En esas implicaciones que se asumen incluye campañas en su contra, críticas, insultos…?

N.S. Así es, la política implica tensión, estrés, ataques, surgen enemigos… Pero en el centro del huracán, ya se sabe, hay calma. Sufren más los que te rodean.

«Para mi madre nunca dejé de ser su pequeñín. Sentía que todo lo que conseguí fue gracias a ella»

XL. ¿El final de su presidencia, aunque por una derrota, fue un alivio para su familia?

N.S. Querían que venciera, por supuesto, pero sí que fue un alivio para ellos [se ríe]. Es lógico, la vida iba a ser mucho más sencilla para todos. Nada es totalmente positivo o negativo.

XL. Usted y su mujer vivieron su romance siendo presidente. ¿Dificultó eso sus momentos de intimidad, de pasión?

N.S. [Sonríe]. Carla y yo llevamos 16 años casados; es evidente que vencimos todas las dificultades. Pero, sí, hubo momentos de intimidad entre todo eso.

 

 

alternative textSu relación con Bruni. Sarkozy y la cantante y modelo Carla Bruni llevan casados 15 años y tienen una hija. Él se divorció de su anterior esposa para casarse con Bruni estando ya en la presidencia del Gobierno.| GETTY IMAGES.

 

 

XL. En el libro relata una escena en la que, de regreso al palacio del Pardo en coche blindado a toda velocidad por Madrid, ella acaba con el vestido abierto y usted sin pajarita y con el botón del cuello de la camisa arrancado…

N.S. Sí, muertos de risa los dos. Yo intentaba ayudarla a soltar un corchete del vestido que había llevado a la cena porque le apretaba mucho y ya no podía más. Seguro que los dos policías que iban delante no han olvidado la escena [se ríe]. Como ve, uno no deja de vivir siendo presidente. Yo no lo hice.

XL. ¿Al principio de su relación se sintió incomprendido por los franceses o la prensa?

N.S. No, los franceses son un pueblo muy sentimental y en dos meses ya habían adoptado a Carla. No les gusta el sexo por el sexo; les gusta el amor. Si el sentimiento es verdadero, son el pueblo más abierto del mundo. Pero, si es falso, pueden convertirse en el más cruel. Y yo dije la verdad desde el principio.

 

 

alternative text«Mi mujer triunfó en Madrid». Siente gran aprecio por la familia real y «una gran amistad» con el expresidente Aznar. Recuerda en especial su visita en 2009: Carla Bruni y la hoy Reina Letizia «conectaron de maravilla».| GETTY IMAGES.

XL. Se casaron dos meses y medio después de conocerse. ¿Influyó su cargo en esa premura?

N.S. No, es solo que no había mucho que debatir. Quien necesite pensar si ama o no a alguien es porque, en realidad, no lo ama. Si te piensas mucho tener hijos, casarte o cambiar de profesión, al final no lo haces.

XL. Cuenta que su esposa no se sintió cómoda durmiendo en El Pardo, el palacio que fuera residencia de Franco. ¿Aconsejaría al Gobierno español alojar en otro lugar a sus invitados?

N.S. No, no [se ríe]. Pero es que Carla es muy sensible a las vibraciones de un lugar. Pero España siempre nos recibió bien. Me nombraron caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro, y uno de los grandes honores de mi vida fue dirigirme a las Cortes en pleno y recibir la ovación en pie de los diputados españoles.

XL. ¿Qué parte de ese ‘triunfo’ se lo atribuiría a su esposa?

N.S. Una gran parte. Alguien dijo que, como Sarkozy, si Napoleón hubiera enviado a su mujer, Josefina, en lugar de al general Murat a conquistar a los españoles, le hubiera ido mucho mejor [se ríe]. Aunque yo, a diferencia de Napoleón, nunca me he sentido disminuido por los méritos de mi mujer. Y lo de Carla en Madrid fue un triunfo en toda regla.

XL. Hubo quien interpretaba sus visitas en clave de competición entre su esposa y la futura Reina Letizia.

N.S. La prensa quiso plantearlo así, pero ellas conectaron de maravilla y no entraron en ese juego. Yo siento un gran respeto por la familia real. Creo que le proporciona profundidad y una gran dimensión histórica a la democracia española.

«Entiéndalo como una advertencia, no como una crítica hacia España, pero la política no puede estar siempre al borde del precipicio»

XL. Por ser presidente se perdió el parto de su hija Giulia. ¿Deseó aquel día no serlo?

N.S. No, no, como le decía, la vida no se detiene por muy presidente que seas. Yo fui el primero que se divorció, se casó y tuvo una hija estando en el Elíseo. El presidente tiene derecho a vivir su vida.

XL. Mantuvieron el embarazo en secreto hasta que su padre lo reveló. ¿Llegó a perdonarlo?

N.S. Siempre hay que perdonar, sobre todo a los padres. Y el mío murió en marzo. Cuando él hizo aquello, entendí que el poder cambia más a quienes están a tu alrededor que a ti mismo.

XL. Los políticos muy rara vez admiten defectos, debilidades, errores. ¿Cuáles son los suyos?

N.S. Claro, nadie es perfecto. Y, si hay alguien así, será la persona más aburrida del mundo [se ríe]. Quizá mis defectos sean el lado oscuro de mis virtudes. Antes le decía que no pienso demasiado las cosas. Esto, unas veces, es virtud; otras, defecto. Yo practiqué una forma de poder caliente porque soy un hombre al que le gustan las grandes batallas… Pude pasarme de temperamental. En todo caso, no tengo ningún remordimiento.

XL. Causó revuelo por llamar ‘escoria’ a los jóvenes de las protestas en los suburbios de París, insultó a un agricultor que no quiso darle la mano…

N.S. Sí, lo de «lárgate, pobre bastardo», ¿no? Hubiera preferido no haber reaccionado así a aquel desprecio, estuvo mal, pero tampoco fue tan grave. Nadie entendió que en mi reacción hubiera un desprecio…

 

 

alternative textSu esposa antes que Carla…Cécilia Attias fue su segunda esposa. Se divorciaron en octubre de 2007, al poco de llegar él a la presidencia. Aquí posa con ella y su hijo Louis en el jardín de su casa.| GETTY IMAGES.

 

 

XL. Hombre, se le echó encima media Francia…

N.S. Sí, pero también mucha gente vio que su presidente no era tan diferente al resto de los franceses. De hecho, quizá sea esa mi mayor debilidad: pensar que soy igual a los demás. Nunca me sentí un elegido, siempre tuve una sensación de ilegitimidad, porque quería pensar que soy uno más.

XL. El poder, se dice, cambia a las personas. ¿Algo que comentar en su caso?

N.S. Sí, eso dicen: que la función presidencial te transforma. A mucha gente le ocurre. No fue mi caso. Yo me quedé igual. La edad, la experiencia, el paso de la vida, las cicatrices; eso me ha ido transformando, pero el poder no.

XL. Dice que para ser un político diestro se debe pasar por la oposición. Según esto, ¿Marine Le Pen ya estaría preparada para ser presidenta?

N.S. A ver, nadie está preparado para acumular tanto poder. Es verdad que ella ha progresado mucho: prepara mejor los temas, expone sus planteamientos con más moderación… Si un día es elegida, lo que deseo que nunca ocurra, solo espero que entienda que el poder no es lo que sea que haya imaginado en la oposición.

XL. Dado que Macron no puede volver a presentarse, ¿ve alguna alternativa viable a Le Pen?

N.S. No, pero tres años y medio en política es una eternidad. Es muy pronto para pronósticos.

alternative textLa justicia en los talones. Tiene causas abiertas por financiación ilegal, tráfico de influencias y corrupción. «Nunca he corrompido a nadie», se defiende, y dice que sufre el ensañamiento de los jueces. En la foto, en el juzgado saludando a su modo habitual.| GETTY IMAGES.

XL. Francia y España tienen una historia conflictiva. Quizá sea un prejuicio, pero los franceses suelen mirarnos a los españoles con aire de superioridad…

N.S. No es un prejuicio, eso es cierto, pero yo jamás he compartido ese sentimiento de superioridad. Es un grave error pensar así porque España es uno de los grandes países de Europa y no tiene nada que envidiar a Francia en arte, cultura, deporte, gastronomía, arquitectura, Historia… Le diré, incluso, que yo he creído en la importancia de su país en el ámbito internacional mucho más que algunos de sus presidentes [sonríe].

XL. Hay tres opciones: Aznar, Rodríguez Zapatero o Rajoy, los tres con los que trabajó…

N.S. [Sonríe]. Sí, bueno, pero, incluso hoy, pasa lo mismo… A ver, con Aznar me unió una gran amistad derivada, precisamente, de su carácter como líder y de la ambición con que trabajó por España. Él supuso un gran cambio porque Europa necesita de España para ser más fuerte, y eso él lo entendió. De cualquier modo, he de decir que trabajé bien con todos. Incluso con Zapatero, menos afín a mi forma de ver las cosas, estuve al lado de la democracia española y de sus gobiernos.

XL. ¿Se refiere a la lucha contra ETA? Siendo usted ministro del Interior, Francia dejó de ser el eterno santuario para etarras que había sido desde los sesenta.

N.S. Especialmente en ese terreno, así es. Siempre lo tuve claro: frente a ETA había que estar al cien por cien del lado de la democracia española.

XL. ¿Sintió la derrota de ETA como un triunfo también suyo?

N.S. ETA fue la organización terrorista que más crímenes cometió en Europa en la segunda mitad del siglo XX. Su final fue una noticia formidable y un triunfo de España al que me alegra haber contribuido.

«No sé si todo esto que me ocurre (los procesos judiciales contra él) es justica o política. Pero me repondré»

XL. ¿Cómo ve la situación actual en España?

N.S. No quiero meterme donde no me llaman, pero tienen un Gobierno surgido de unas elecciones; a su presidente lo ha elegido el Parlamento. Ignoro el futuro de Cataluña, País Vasco o Galicia, pero España no es solo Madrid y las regiones sin nacionalismos locales. Una España fuerte y unida es una España mejor; su división sería dramática para España y Europa.

XL. Es muy crítico con Obama: «pusilánime, no soporta la contrariedad…». Y le atribuye una gran responsabilidad en la victoria de Trump…

N.S. A ver, la elección de Obama fue una noticia formidable e hicimos muchas cosas juntos. Ahora bien, por desgracia, él marcó el arranque del extremismo woke, decisivo para alimentar el extremismo de Trump. Y ya vemos por todo Occidente cuáles son las consecuencias. Las verán pronto en España porque el extremismo del Gobierno alimenta el extremismo del contrario.

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XL. Pensé que no quería meterse donde no lo llaman…

N.S. [Se ríe]. Entiéndalo como una advertencia, no como una crítica, porque la supervivencia de las democracias requiere de grandes fuerzas moderadas a derecha e izquierda. Solo así es posible el diálogo. La política no consiste en estar a todas horas al borde del precipicio.

XL. Lo contrario de lo que vivimos en las, cada vez más polarizadas, democracias occidentales. ¿Está en crisis la democracia?

N.S. Está en crisis, más bien, la sociedad occidental. Dominamos el mundo durante siglos, y hoy el eje se traslada a Asia; por demografía y pujanza económica. Y ante esta pérdida brutal de influencia los gobernantes no reaccionan. La opinión pública, sin embargo, lo ha entendido y se está radicalizando contra las estructuras actuales.

«Los franceses miran a los españoles con superioridad. Es cierto. Pero yo he creído más en España que algunos de sus presidentes»

XL. ¿Le preguntan mucho esto de: «Si aún fuera presidente, qué haría respecto a…»?

N.S. Oh, sí, cada día.

XL. Pues yo no voy a ser menos. Respecto a Ucrania, ¿aprueba su ingreso en la UE y en la OTAN?

N.S. Con la carrera hacia la ampliación, Europa busca compensar su falta de estrategia común. Nos ampliamos para rellenar ese vacío. Europa debe reflexionar sobre qué quiere ser antes de seguir. En su día me opuse a la entrada de Ucrania en la OTAN –y a la de Turquía en la UE– porque era una provocación a Rusia. Y así estamos.

XL. ¿Cree que Ucrania habría sido igualmente invadida por Rusia de haber formado parte de la OTAN?

N.S. Si yo hubiese aceptado aquella petición de Bush, toda Europa estaría hoy en guerra. Creo que es posible garantizar la seguridad de Ucrania sin que sea miembro de la OTAN. Creo en la necesidad de hablar con Rusia mientras se preserva la integridad y la seguridad de Ucrania.

XL. La integridad de Ucrania no es aceptable para Putin… Usted lo conoce bien.

N.S. Hombre, conocerlo bien bien… No me atrevería a decir tanto, pero lo conozco mejor que todos esos que ahora hablan de él sin haberlo tratado nunca, porque nos reunimos, fácilmente, unas 80 veces. En todo caso, Putin no es tan irracional como se dice por ahí. Yo hablé con él durante la crisis de la invasión de Georgia, en 2008, y, tras una negociación muy dura, sus tropas salieron del país. Siempre hay caminos hacia la paz. No podemos permitirnos otra Guerra Fría.

«Carla no se sintió cómoda durmiendo en El Pardo. Es supersensible a las vibraciones de un lugar»

XL. Volviendo a su libro, señala su confianza en la Justicia francesa, pero también recuerda su intento, fallido, de reforma judicial para que el juez que instruye y el que sentencia dejaran de ser la misma persona. ¿Tiene esto que ver con sus juicios pendientes? ¿Cree que tiene a los jueces en su contra?

N.S. Mire, yo nunca he ido de víctima por la vida. No puedo, he tenido muchísima suerte. Demasiada. Con aquella reforma, solo buscaba proteger mejor al ciudadano. No sé decirle si todo esto que me ocurre es política o es justicia. Solo le diré que me repondré. Me llevará mucho tiempo, pero tengo tiempo…

XL. Son cuatro causas. ¿Es optimista?

N.S. Yo no soy un hombre optimista. Yo soy un hombre determinado. Muchas gracias.

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