CorrupciónDemocracia y Política

Félix de Azúa: Corrupciones varias

«Las maniobras de Begoña Gómez sugieren no sólo su propia posible corrupción, sino también la de la gente que la ha ayudado. Y en ese grupo está su marido»

Begoña Gómez, más de doce años de amor y apoyo incondicional a Pedro Sánchez

© Getty Images

 

El asunto de la semana ha sido la confrontación pública de dos denuncias por abusos económicos. El uno en la persona de Begoña Gómez, señora de Sánchez, y el otro en la del novio de Isabel Díaz Ayuso. Creo que es ya algo perfectamente conocido, pero quizás sea conveniente aclarar algunos detalles.

El primero es que los empleados de Sánchez han hecho todo lo posible para que parezca una pelea de zarzuela, algo así como una bronca entre verduleras o cigarreras. Están muy interesados en que todo el mundo lo vea como un escándalo soez y tan estúpido como las peleas que los fanáticos futboleros arman de vez en cuando. Vamos, algo propio del populacho. Pero no es así.

Suprimamos de entrada la cuestión del novio porque es una invención atribulada y sin consecuencia. El novio habrá hecho lo que le dé la gana y da lo mismo si está dentro o fuera de la ley porque lo relevante es que es cosa suya y nada tiene que ver Isabel Díaz Ayuso con esta cuestión. Los progresistas quieren hacer que lo uno sea comparable con lo otro para convertir lo suyo, es decir, la posible corrupción de Gómez que sería de inmediato una corrupción de Sánchez, en una corrupción de Ayuso, pero ¿de qué corrupción la acusan? No hay ni un solo dato que la incrimine.

No así al otro lado. Porque las maniobras de Gómez y su irresistible ascenso sugieren no sólo su propia posible corrupción, sino también la de bastante más gente que la ha secundado, ayudado, aupado y financiado. Y en ese grupo está, evidentemente, su marido.

Hay decenas de datos que se han ocultado, muchos que se han disimulado y otros finalmente que se presentan con carita de monja inocente, pero esconden a un mafioso ávido y cubierto de cicatrices. Evidentemente, no tenemos ni una sola información o aclaración por parte del Gobierno que no consista en acusar a otros y tratar de que la gente se haga un lío. Es cierto que el asunto es embrollado, como resulta obligatorio en todo negocio sucio, pero hay ya suficiente información como para comprender de qué va la corruptela.

«Barrabés recibió diez millones en contratos públicos gracias a las cartas de recomendación de la catedrática Gómez»

El caso es que Begoña Gómez de Sánchez imparte un máster de Transformación Social Competitiva (un tema muy socialista) en la Universidad Complutense de Madrid. Ahora bien, Gómez carece de titulación universitaria, así que un empresario y consejero del Banco de Santander, Carlos Barrabés, no se sabe cómo, logró que el máster se montara en la Complutense, con una cátedra para la Gómez sin papeles ni títulos. ¿A quién de la Complutense tuvo que convencer, intimidar o seducir? No se sabe. Lo que sí se sabe es que Barrabés recibió diez millones de euros en contratos públicos gracias a las cartas de recomendación de la catedrática Gómez.

Diez millones de euros en contratos públicos no son ninguna tontería, pero nadie del Gobierno ha ofrecido la más mínima explicación, aclaración o desmentido. No es sólo Barrabés quien financia a Gómez, son también CaixaBank, Iberdrola, Cepsa, Correos, Santander, Wallbox, Acciona, la Once, Reace y Redeia. Varias de ellas, a la vista de cómo sube la espuma, se han retirado del mecenazgo sin más explicaciones. Este es el país con más secretos bajo las mullidas alfombras de los grandes despachos.

¿Y qué se aprende en ese máster de Gómez? Algo en verdad progresista y socialista, se aprenden técnicas de fundraising, es decir, de captación de fondos, y aunque no declara que se trate de «fondos públicos», es evidente qué clase de fondos captarán los alumnos de la Complutense, dado el carácter y el destino de su directora. Es de suponer que la primera lección para captar fondos públicos debe de ser: «Contraiga usted matrimonio con un presidente de gobierno progresista y socialista».

Lo más llamativo del caso es el pánico que le ha entrado al Gobierno y la ira con la que atacan a Ayuso, pero es como si dieran manotazos al aire porque ya me dirás tú si vamos ahora a tener responsabilidad legal de lo que hagan nuestras novias, nuestros parientes, nuestros amigos, nuestros conocidos, si nosotros no nos hemos enriquecido ni un pelo ni hemos ayudado a enriquecerse a los novios, parientes, amigos y etcétera.

«En su cómica desesperación los empleados del Gobierno progresista y socialista acusan a Ayuso de ir en el coche de su novio»

En su cómica desesperación los empleados del Gobierno progresista y socialista acusan a Ayuso de ir en el coche de su novio. Al parecer, el tal novio maneja un Maserati que es la típica pieza ornamental que pone los dientes largos a los gobernantes progresistas y socialistas, los fustiga de envidia, lleva a ebullición su resentimiento, y se lo vomitan en la cara a una mujer que ni siquiera es la dueña del automóvil. Esto sí es bastante zarzuelero.

Verdaderamente, no deja de ser paradójico que un suceso minúsculo (comparado con los múltiples atropellos que ya ha cometido Sánchez), pueda costarle más caro que haber liberado de sus deudas de sangre a los de Bildu y de las deudas de cárcel a los separatistas catalanes. Pero también es verdad que a un asesino como Al Capone lo pillaron por un despiste con el fisco.

 

 

 

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