Cultura y Artes

Solano: Quiero mi vieja y mi cerdo (2ª parte)

España no se entiende sin su señora friendo huevos y sin su jabalí greco-bangladesí

 

Ibérico Retinto - RFEAGAS

 

Y luego está el cerdo. Exijo la devolución de nuestro cerdo de Riotinto. Porque no es un cerdo cualquiera, ni mucho menos. Hablamos de una figura singular, de un jabalí de bronce –de apenas veinticinco centímetros de largo y dieciocho de altura– hallado en 1929 por los operarios británicos de la Rio Tinto Company, esos caballeros de los que ya les he hablado, que vinieron a extraer minerales y a jugar al tenis. El animal en cuestión duerme hoy su exilio de pieza inadvertida en el British Museum.

Pero ese jabalí es testimonio y símbolo. Según los estudiosos, fue un trofeo de guerra de una legión romana destacada en la Bética, allá por el 50 a.C. Parece que los romanos lo tomaron, a su vez, de los griegos, quienes quizá lo heredaron de un linaje más remoto aún. Porque –y aquí se ensancha la leyenda– el animal que representa no es especie conocida en Europa, sino criatura de tierras lejanas, hoy llamadas Bangladesh o Myanmar. Un jabalí con cresta, extraño, casi mítico. Y así surge la hipótesis: que llegó desde Oriente en los bagajes de algún soldado de Alejandro Magno, arrastrado en su febril carrera hacia los confines del mundo.

Imaginen el viaje (eso sí que es una tournée). De las selvas del Ganges al barro de Hispania, cruzando imperios, manos y batallas. Un animal de bronce que ha visto pasar más historia que muchos tratados. Que haya terminado en manos británicas por obra del colonialismo moderno, ese que llegó disfrazado de ingeniería y progreso, no hace sino añadir otra capa a su melancólica odisea. Y ya basta. Ese cerdo es parte de nuestra memoria, y también de nuestra dignidad. No puede seguir encerrado en Londres, como un pariente incómodo al que nadie visita. Reclamamos su regreso. No como acto nacionalista, sino como gesto de justicia histórica. Y, por qué no decirlo, también como acto de amor.

Así que, señores diplomáticos, ministros de Cultura y arqueólogos de tertulia: ya pueden ponerse las pilas. España no se entiende sin su señora friendo huevos y sin su jabalí de importación greco-bangladesí.

Que devuelvan a la vieja y al cerdo. O que se preparen para la guerra. Cultural, se entiende.

 

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