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Sainz Borgo: Arendt tenía razón

Una venganza necesita dos tumbas

Gaza: cada vez hay más indicios de hambruna e inanición generalizada | Noticias ONU

 

El filósofo Edward Said describió Gaza como símbolo del colonialismo y el despojo. Desde su proclamación, en 1948, cuando David Ben-Gurión leyó la Declaración de Independencia horas antes de que expirara el mandato británico sobre Palestina, el estado de Israel se convirtió en una reparación tras los pogromos en Europa Oriental y el Holocausto, pero también en el detonante inmediato de una guerra árabe-israelí. Hannah Arendt, quien apoyaba la existencia de una comunidad judía en Palestina, mostró sus reticencias en la creación de un Estado-nación estrictamente judío que excluyera a la población árabe. En 1958 advirtió sobre los peligros de una convivencia hostil, la posible militarización y el conflicto crónico, con Estados Unidos como árbitro interesado en el petróleo árabe. A finales de los noventa, tras los acuerdos de Oslo, el reconocimiento mutuo y la creación de una estructura de autogobierno palestino fracasaron. La desconfianza desembocó en una segunda intifada de la que la célula terrorista islámica Hamás salió reforzada hasta imponerse a la Autoridad Nacional Palestina.

Justo en esos años, Said y el músico Daniel Barenboim crearon la West Eastern Divan, una orquesta donde jóvenes músicos procedentes de Israel y de países árabes de Oriente Próximo pudieran desarrollar juntos su formación musical. El proyecto tomó su nombre del poema de Goethe ‘West-östlicher Divan’ (‘Diván de Oriente y Occidente’). En esos versos Goethe dialoga con el poeta persa Hafez de Shiraz y reflexiona sobre la relación entre el mundo islámico-oriental y el europeo-occidental. Así como el diván al que se refiere Goethe no busca fusionar culturas en una sola, sino fomentar un intercambio, Said y Barenboim procuraron que cada músico llegara con su propia historia, para demostrar que la convivencia y el entendimiento entre personas procedentes de sociedades históricamente enfrentadas son posibles.

Said murió en 2003. Dos décadas más tarde, el 7 de octubre de 2023, justo cuando se cumplían 50 años de la Guerra del Yom Kippur, Hamás lanzó sobre Israel 5.000 misiles y 2.000 terroristas cometieron todo tipo de aberraciones entre las que se incluyen amputaciones, violaciones masivas o decapitación de bebés. Un total de 1.400 personas fueron cruelmente asesinadas. De los 250 rehenes israelíes, Hamás liberó cerca de cien vivos y seis muertos, dos de ellos niños. En la ceremonia, detrás de los féretros, colocaron una pancarta en la que aparecía el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, caracterizado como un vampiro. El acto se retransmitió en vivo. Toda venganza necesita cavar dos tumbas. Aún quedan veinte rehenes con vida. Hamás los obligó a perforar sus propias fosas. Lo sabemos porque difundieron sus vídeos. Israel atacó a Irán y no sólo aceleró la ofensiva, sino que prohibió la entrada de comida hasta provocar la hambruna en la población a la que pretende arrasar en los próximos días en una nueva ocupación. En realidad, ahora todos son rehenes y todos morirán. No quedará piedra sobre piedra. Hannah Arendt tenía razón. Espero que Said y Barenboim también.

 

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