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Chitty La Roche: Breves sobre el buen Gobierno (2)

8 factores que puedo emplear desde el buen gobierno para reducir el riesgo de conflictividad en

 

“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política.”  Simón Bolívar 

Es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado.” Voltaire 

“El jefe no debe tener sino una sola pasión; la de su obra y la de su oficio, debe mostrarse reservado e incluso rodearse de misterio. No es malo que tenga su leyenda.”  André Maurois 

 

Dejé unas interrogantes la semana pasada al inicio de esta reflexión, ¿Es el liderazgo responsable del buen o mal gobierno; lo es históricamente? y, ¿cuándo sabremos si el gobierno fue bueno o malo realmente? 

La preeminencia de la jefatura tiene sus cargas también y la responsabilidad es una de ellas y es bueno, ab initio, dejarlo claro; el guía es por principio, siempre responsable. 

Debe entonces el gobernante, pensar, consultar, deliberar inclusive y decidir para luego no vacilar, no titubear. La firmeza es apreciada y ofrece confianza a los miembros del séquito y demás asociados a la empresa de gobernar. 

El gobierno debe ser fiel a su proyecto, a sus metas y responder por ellas. Ello no significa que en la eventualidad no pueda o no deba corregir el rumbo si hubiera mérito para ello, pero, aun corriendo riesgos, debe explicarlo y sustentarlo racionalmente. 

Un buen gobierno debe rendir cuentas de lo que hizo, de lo que hace especialmente, con respecto a los asuntos más cercanos a la vida de la gente y por tanto que obran en su rutina existencial. El común necesita sentir que está en la agenda del gobierno sin que ello comprometa advertir, en su gerencia, la consideración de temas más distantes e importantes.  

Un sinfín de asuntos que por su naturaleza reclaman la acción y la eficiencia del gobierno y que, por ellos, es y será evaluado, podrían ahora mismo evocarse, pero, ya lo hicimos en la entrega anterior. Quiero no obstante resaltar lo que tiene de significado en el juicio que se va haciendo el cuerpo político sobre la gestión oficial en curso en otros aspectos como apego y admiración en sus dignatarios. 

La ciudadanía juega un papel al cumplir la ley y asume sus deberes cuando es consciente y desde luego, exigente. Siempre me ha llamado la atención el sistema de gobierno suizo en el que el ejercicio directo de la consulta democrática acompaña y termina por dirigir al gobierno y me maravilla, lo confieso, su estabilidad. Viene a mi espíritu aquella frase de Francisco Madero que parafraseo,” Para que haya buen gobierno debe haber buena ciudadanía”.

Ese es otro elemento esencial, el gobierno debe proporcionar certeza, claridad, seguridad, dado que la sociedad no se encierra en los hechos que le presentan y no acatará ninguna impostura o falacia sistémica fácilmente, sobre todo en las democracias que tenemos por avanzadas. El gobierno debe mostrar que el presente es más que eso y que está en paralelo agenciando el futuro.  

Así como en la economía, la gente hace de las expectativas sobre las cuestiones que lo afectan en perspectiva, un capítulo para el examen diario y por venir que lo induce y a menudo determina sus escogencias y preferencias, y entonces el progreso en la educación, la salud, la seguridad, la seguridad social, son la clave de bóveda para cualquier sociedad del primer mundo, pero igualmente de los países en vías de desarrollo. 

La credibilidad institucional es un agente generador de convicciones positivas. Creer en la justicia como control social, político y corporativo es profesar de suyo en la legitimidad de los actos del gobierno y en su validez. 

Hay otras experiencias de gobierno que no buscan ser buenas o alcanzar metas de mejoramiento, ni hacer obras de infraestructuras, ni elevar el nivel de vida y el índice de desarrollo humano, ni disminuir las desigualdades, ni eliminar la pobreza partiendo de la pobreza extrema o de la que el filósofo José Rafael Herrera llama la pobreza espiritual, sino que solo les interesa hacerse del Estado como cosa propia de él o, de ellos, oligarquizándose y sometiendo, para así prevalecer a rajatablas y así, autocracias o autoritarismos criminalizados o ideologizados, empero esos ejercicios no serán jamás calificados como buenos ni por ellos mismos. 

¿Es el gobierno y él o los gobernantes entonces responsables por sus conductas y ejecutorias? ¿Lo son ante la historia? 

Sí, definitivamente. El poder y sus actores son responsables en toda la gama de escenarios posibles y si acaso no hay ponderación de sus prestaciones porque el sistema mismo es el imputable, queda la historia y la posteridad para establecerlo. 

Fidel no fue y no será absuelto por la historia como pretendió, sino que ha sido condenado por la susodicha. El dúo de los Ortega de Nicaragua alguna vez saldrán del averno que han edificado y no serán recordados como buenos y en el caso nuestro, concluyo con una interrogante para los que me leen, ¿Como juzgará la historia a Hugo Chávez y a la revolución que nos quitó lo que teníamos y nos trajo a este tremedal de tristeza, amargura, precarización y desolación en que vivimos?  

¿Cuándo sabremos si el gobierno es bueno? El desempeño nos lo va diciendo, aunque el mejor y más preciso balance lo hace el tiempo. En Venezuela, por solo referirnos a nuestro país, seria y objetivamente, el periodo 1958/1998 que recibió muchas críticas y fue blanco de todos los denuestos y reclamos posibles, con medios de comunicación orquestados e implacables para, pareció a ratos, defenestrarlo, todo el día se reivindica ante propios y extraños no solo por sus méritos que abundan y la estadística lo comprueba, sino que se le compara con el peor de todos los gobiernos de nuestra historia y cuidado si del mundo. 

La asignatura del mal gobierno suele verse inscrita por doquier y supera largamente a aquella del buen gobierno. Sin embargo, cabe una afirmación y no es de Perogrullo, hay que hacerlo mejor para que sea mejor. 

Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@gmail.com, @nchittylaroche 

 

 

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