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Dirigentes del PP piden ya la moción de censura aunque se pierda

Entienden que la prisión de Ábalos, sumada al resto de casos, requiere ya una «respuesta política»

                                    Núñez Feijóo y el empresario y senador Josep Sánchez – Llibre

 

«Si no es ahora, va a ser difícil encontrar cuándo. El escenario se ha vuelto insoportable. Cada semana se vuelve peor. Es muy difícil justificar ante los nuestros, también ante los votantes, que no hacemos algo más. Todo lo que esté en nuestra mano». La reflexión de dirigentes de distintos niveles, algunos muy cercanos a Alberto Núñez Feijóo, y que hace meses defendían que era un error presentar la moción de censura sin apoyos suficientes –la tesis que sigue manejando, al menos públicamente, el líder del partido– prueba que algo ha cambiado entre algunos sectores del PP. El debate sobrevuela con fuerza las siglas populares desde hace días, cuando en la cúpula empezaron a sopesar la posibilidad de que José Luis Ábalos entrara en prisión. Finalmente ocurrió.

Feijóo nunca ha sido partidario de presentarla si no tiene amarrados los votos porque está convencido de que su derrota sería una victoria que reforzaría a Pedro Sánchez en un momento de extrema debilidad. Por eso, en distintos momentos a lo largo del último año ha hecho llamamientos a los socios parlamentarios, mirando a Junts y PNV –partido con el que las relaciones están muy deterioradas–. Igual que volvió a hacer ayer desde Barcelona, cuando visitó la casa de la patronal catalana y pidió a los empresarios que le ayudaran a presionar a las formaciones catalanas. En realidad, era un mensaje dirigido en exclusiva a Junts.

Pero internamente algo ha cambiado. En el PP hay dirigentes que asumen que la entrada en prisión de Ábalos no puede ser un elemento más. Entienden que la acumulación de escándalos, llegado este punto –con la familia del presidente procesada o investigada, la condena del fiscal general, la situación de Santos Cerdán y la investigación en la Audiencia Nacional sobre las finanzas del Partido Socialista— tiene que tener un límite. «Una respuesta política» por parte del PP, zanjan.

Consideran que es difícil mantener el discurso de «no dejarse anestesiar» y evitar «la resignación» –como pide a diario Feijóo– si al mismo tiempo el primer partido de la oposición no da un golpe de timón. Algunos dirigentes creen que el PP corre el riesgo de formar parte del bucle en el que se ha instalado la política española. El Gobierno suma ahora la incapacidad para aprobar la senda de estabilidad y, por tanto, los Presupuestos.

Asumir el riesgo

Esos dirigentes populares insisten en que, en el fondo, la única manera de agitar el tablero y retratar a los socios –después de que Junts haya proclamado su ruptura con Sánchez– es llevar el órdago hasta el final. Asumiendo el riesgo, reconocen, de perder la moción de censura como en este momento todo parece indicar. «A veces hay que dar un paso para que otros no lo den por ti, o no ocupen tu espacio», reflexionan, en clara alusión a la crecida de Vox en todas las encuestas y con la preocupación de que, aun en el momento de mayor debilidad del Ejecutivo socialista, el PP también pierda fuelle y se desgaste.

Por eso, la decisión de convocar una nueva manifestación este domingo en Madrid se quedó «muy corta» para algunos dirigentes. En la dirección nacional esperaron la decisión del juez sobre Ábalos y Koldo García para hacer una valoración oficial. En Génova estudiaron distintas opciones, aunque la manifestación ya estaba encima de la mesa desde hacía horas, cuando empezaron a solicitar los permisos para poder concentrar a la ciudadanía en el Templo de Debod, en pleno centro de Madrid. Solo la convocarían si finalmente Ábalos entraba en prisión.

Hay dirigentes que reconocen el riesgo: «A veces hay que dar un paso para que otros no lo den por ti ni ocupen tu espacio»

El PP ha encabezado muchas manifestaciones en el último año. La última fue antes del verano, el 8 de junio, y en ella inauguraron el lema de «mafia o democracia». Aún tendrían que pasar tres semanas desde aquel día para que Santos Cerdán ingresara en Soto del Real. Y antes hubo concentraciones en contra de la amnistía y de otros pactos del Gobierno con el objetivo de canalizar el malestar de la ciudadanía ante unas elecciones que no llegan. También había una intención de que Vox no pudiera arrebatar al PP esa movilización en las calles.

En Génova esperaban y deseaban a partes iguales la decisión del Tribunal Supremo el pasado jueves. La sensación en las filas populares es agridulce porque el margen de maniobra es muy estrecho. Sánchez no da muestras de reaccionar aunque el escenario se agrave cada día. La convicción generalizada en el PP es que el presidente aguantará todo lo que pueda. En este marco llega el «ahora o nunca» mirando a la moción.

«Impasibles»

Hubo una frase durante la comparecencia del líder del PP el jueves por la tarde que hizo saltar las alarmas entre muchos dirigentes. Feijóo había asegurado que «la manzana podrida» era en realidad Sánchez. Y auguraba que no convocaría elecciones porque tratará de retener el poder. A continuación afirmó: «Pero eso no puede traducirse en que todos los que consideramos que esta situación es insostenible permanezcamos impasibles». La palabra fue esa. Impasibles. Hubo cruces de mensajes entre algunos de estos dirigentes. Se revolvieron en la silla desde la que seguían la comparecencia. Llegaron a pensar que podía ser el momento del anuncio. Que iba a jugar la carta final. Pero todo se quedó en la concentración de este domingo en Madrid.

La preocupación viene en pleno auge de Vox y ante el bucle que vive la política a pesar de los escándalos: «Podemos desgastarnos»

Y esa decepción sirvió para que la reflexión todavía tome más cuerpo. «Tenemos que tomar la iniciativa. Si no vamos a quedarnos impasibles, tenemos que demostrar algo más. Retratar a los socios implica llevarles al límite, que tengan que decir ya si siguen sosteniendo a Sánchez con la que está cayendo».

Hubo otra pista cuando Feijóo respondió a los periodistas: «Hasta ahora no he presentado la moción de censura. Si me hubiese precipitado sin los apoyos necesarios y sin toda la información que conocemos hoy, me hubiese equivocado. Cuando tenga que decir algo, se lo diré. Esta es mi posición a día de hoy». Fue la segunda frase que sigue en la retina de mucha gente dentro del PP. «Hoy», se repiten. Para los dirigentes consultados por ABC, el presidente de su partido evitó cerrar la puerta como ha hecho en otras ocasiones.

La cuestión, advierten las mismas fuentes, es que «el momento político es uno, el que es» y «o se aprovecha o se deja pasar». En los últimos meses los escándalos judiciales que acechan al Gobierno se multiplican. Y eso, como reconocen también en la propia dirección del PP, hace «que nos olvidemos de cosas muy graves que tapan las anteriores». Con todo, en el partido de Feijóo asumen que Sánchez ha emprendido una «huida hacia adelante» que puede tardar más o menos, pero que «llegará a su final».

En el PP se agarran al goteo de elecciones autonómicas que vienen, donde descuentan un golpe muy duro para el PSOE y un crecimiento enorme de la suma de PP y Vox. Están convencidos del proceso de derechización que está sufriendo toda la ciudadanía española, incluida Cataluña como demostró el último CEO —el CIS catalán– de hace apenas unos días. Eso, advierten, será «un jarro de agua fría» para el Gobierno.

Aunque el PP sigue primero en todas las encuestas, tendrá que hacer frente a una subida de su principal rival que, además, tiene un valor añadido: el liderazgo de Abascal gana puntos entre los electores de la derecha. Esto también preocupa a los defensores de plantearse ya la moción de censura: consideran que sería un golpe de efecto para la figura de Feijóo que, en los últimos sondeos, pierde impulso. «Estamos en un momento en el que todo es muy líquido. Va muy deprisa. Y hay que saber reaccionar y tomar decisiones», zanjan.

 

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