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Antonio Caño: El trumpismo español

«La crisis de Venezuela ha aflorado una derecha liberal que se identifica plenamente con la política de fuerza del presidente de EEUU»

El trumpismo español

   Ilustración de Alejandra Svriz.

 

España era hasta ahora un caso bastante original en el que los dos principales movimientos populistas de la última década estallaron en campos diferentes a los habituales en otros países: el equivalente al Brexit no se produjo en el nacionalismo español sino en el independentismo catalán y la reproducción de Donald Trump no surgió en la derecha sino en el socialismo, de la mano de Pedro Sánchez.

Sánchez es el político español que mejor ha recogido la esencia del trumpismo: pasión narcisista por el poder, desprecio al rival, ocupación y anulación de las instituciones democráticas, eliminación de los contrapoderes y deriva autoritaria en el ejercicio del gobierno. Podía considerarse eso un demérito para un líder político en Europa, donde, salvo la excepción de Orbán, toda la derecha trataba de huir de la comparación con el presidente de Estados Unidos, incluida Marine Le Pen.

La derecha española, en cambio, parecía estar envidiosa del papel que les había arrebatado Sánchez y ha bastado una acción por parte de Trump que parecía apuntar hacia una de sus reivindicaciones más insistentes, la caída del régimen chavista, para adular sin pudor la actuación del presidente de Estados Unidos y echarse literalmente en sus brazos con la esperanza de que se decida a completar el trabajo en Venezuela.

Dejando de lado -no es motivo de este artículo- cualquier consideración sobre el derecho y las normas internacionales, lo que ha hecho hasta ahora Trump, a cambio de convertir Venezuela en un protectorado y adueñarse de su petróleo, es detener a Maduro y conseguir la liberación de una decena de presos políticos. Por ahora, no hay más.

Sin embargo, a la derecha convertida súbitamente al trumpismo eso le parece suficiente como para aplaudir al presidente norteamericano y de paso denigrar a todos los que objetan su conducta. Destacan su resolución, su firmeza contra la izquierda woke, su rechazo a las restricciones legales, su confianza en la acción militar, su lenguaje amenazante, su severidad con el enemigo. En definitiva, todo lo que caracteriza a un implacable ejecutor de la ley del más fuerte.

«La confianza en Rubio, en todo caso, ignora la naturaleza del trumpismo y el carácter del propio Trump»

Es obvio que existen muchos otros escenarios en el mundo en el que, si aceptamos que el derecho internacional es ya papel mojado y su reclamación es cosa de tibios e izquierdistas de salón, Trump podría haber exhibido todas esas cualidades con iguales o más razones que en Venezuela. Irán, por poner un solo ejemplo. Pero nada de eso cuenta para nuestros antiguos liberales convertidos al trumpismo, adscritos ahora a la escuela del pragmatismo e imitadores hoy del contorsionismo argumental que ha sido siempre santo y seña del sanchismo.

¿Recuerdan aquello de que la ley de amnistía quizá no se entendía en el momento de su aprobación desde fuera de Cataluña, pero algún día veremos todos sus efectos positivos? Se parece bastante a que ahora no se comprende que Maduro haya sido sustituido por su número dos, chavista hasta la médula, pero con el tiempo iremos viendo cómo la democracia se abre paso. En ambos casos, paciencia, yo sé lo que me hago.

Contra toda evidencia, los liberales trumpistas intentan convencernos de que quizá Trump es algo errático e imprevisible, pero ahí está Marco Rubio para poner orden y conseguir alcanzar el objetivo final en toda América Latina. Imagino que se refieren al mismo Marco Rubio que en 2016 advirtió que Trump era un peligro para Estados Unidos. No importa, es un simple cambio de opinión. Tampoco se trata ahora de exigir a los políticos ser coherentes con lo que dijeron años atrás.

La confianza en Rubio, en todo caso, ignora la naturaleza del trumpismo y el carácter del propio Trump. Incluso si es posible que Rubio trate de jugar con el mejor criterio posible sus bazas dentro del Gobierno, lo cierto es que su margen de actuación es mínimo. Nadie del equipo de Trump tiene autonomía para aplicar sus propias ideas -seguro que esto les suena y lo condenan en España- y cuando Marco Rubio dé un paso que Trump desapruebe, será fulminado de inmediato.

«Nuestros trumpistas nacionales siempre encontrarán razones para seguir apoyando a su líder, como los sanchistas»

Las mentes más lúcidas del conservadurismo norteamericano han alertado de que Trump está destruyendo la democracia y convirtiendo ese país en una autocracia en la que los ciudadanos están dejando de ser libres. Ha llenado las calles del país de una especie de ejército privado, el ICE, cuyas fuerzas se han duplicado en el último año y que mata y detiene arbitrariamente y bajo el amparo y la protección de las autoridades, como en cualquier dictadura.

En su propio país, Trump ignora al Congreso, desprecia a los jueces, insulta a cualquiera que no esté con él y pisotea los derechos de los Estados y de los ciudadanos. En el ámbito internacional, la actuación de Trump es elocuente: amenaza con invadir territorio de un país aliado en Europa, se ríe en público del presidente de Francia, confiesa sin complejos su amistad con Putin y aboga por la desaparición de la OTAN y de la Unión Europa.

Cualquiera de esos comportamientos debería estremecer a un auténtico liberal. Pero no a nuestros liberales trumpistas nacionales, que encuentran siempre un motivo para justificar a quien, por otra parte, se muestra cada día con más claridad como un demente. ¿Qué otra explicación puede tener el comportamiento de alguien que se pelea con María Corina Machado porque cree que él merece el Nobel de la Paz y está dispuesto a que le dé el que ella ha ganado?

Como digo, nuestros trumpistas nacionales siempre encontrarán razones para seguir apoyando a su líder, como los sanchistas, por cierto. ¿La UE? Una organización ineficaz y burocratizada, mejor Trump. ¿Macron? Pura pose, mejor Trump. ¿Groenlandia? Bueno, en realidad, tampoco ha querido nunca ser parte de Dinamarca, mejor con Trump.

No saben nuestros liberales trumpistas que Trump siente por ellos exactamente el mismo desprecio que por Macron o por Dinamarca y que incluso aquellos de nuestros liberales trumpistas que disfruten de un pasaporte norteamericano deben de tener mucho cuidado, si visitan Estados Unidos, de no hacer un giro sospechoso con el coche delante de un agente del ICE. Les va la vida en ello. Mucho más si, como imagino, nuestros liberales trumpistas hablan español.

 

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