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Ovidio Pérez Morales: Ignorancia ciudadana culpable

Los regímenes dictatoriales y los sistemas totalitarios no brotan y crecen en el vacío. No olvidando, por lo demás, que los vacíos los llena siempre algo o alguien

 

Un ciudadano común no tiene por qué conocer los nombres de los directivos de su asamblea nacional ni de los ministros en ejercicio, como tampoco el listado de códigos que rigen el ordenamiento de la República ni de los convenios internacionales vigentes. Pero hay algunas cosas que sí resultan de conocimiento obligante y constituyen una especie de abc en materia de orientación política.

En un pequeño libro titulado Doctrina Social de la Iglesia, que escribí y subí a mi blog perezdoc1810.blogspot.com, luego de abordar algunos temas fundamentales en esa materia incluí algo que entiendo como de conocimiento básico y necesario para un ciudadano común y corriente de este país: el Prólogo y los Principios Fundamentales de nuestra Constitución, así como la tabla de la Declaración universal de derechos humanos proclamada por la ONU en 1948. Por cierto que hace poco en un encuentro con jóvenes universitarios comprometidos en servicios sociales de variada índole les preguntaba si habían leído alguna vez esos textos y respondieron negativamente.

El principio filosófico básico de que “la raíz de la voluntad está en el intelecto” se refleja en una frase sencilla corriente: “nadie quiere lo que no conoce”. Las consecuencias de esto para un buen comportamiento ético y una actitud constructiva social son más que evidentes. Si importante es saber sumar y restar, igualmente o más es tener herramientas mentales básicas para fundamentar una convivencia humana digna de tal nombre.

Hay dos ejemplos que me gusta recordar. El primero es el del Arzobispo de Caracas Rafael Arias Blanco (autor de la carta pastoral que contribuyó poderosamente a generar la caída de una dictadura en enero de 1958); él, unos años antes, en un catecismo para los primeros grados de instrucción elemental, había introducido ya una lección sobre Doctrina Social de la Iglesia; dos décadas después el Papa Juan Pablo II, en un documento sobre la formación de la fe, afirmó que la instrucción en esta materia debía estar presente desde los inicios mismos de la enseñanza catequística.

La corresponsabilidad de todos los ciudadanos en la construcción de la polis exige una formación correspondiente en los principios básicos del ordenamiento constitucional del país, de los derechos humanos -que tienen como su otra cara los deberes-, de elementos teóricos y orientaciones prácticas que estimulen el compromiso de personas, familias y grupos sociales por el bien común y la participación cívica también electoral. En este orden de cosas se inscriben los elementos fundamentales de la política como algo en lo cual estamos inmersos desde nuestro nacimiento y llamados a tomar parte en diversas formas según capacidades, vocaciones, circunstancias y oportunidades.

Los regímenes dictatoriales y los sistemas totalitarios no brotan y crecen en el vacío. No olvidando, por lo demás, que los vacíos los llena siempre algo o alguien. A veces se usa entre nosotros la expresión “no somos suizos” para justificar realidades marcadas o por comportamientos sociales anárquicos o por manejos gubernamentales autoritarios. Se olvida que lo definitivamente determinante en la persona no es la geografía, sino su educación y el manejo de su libertad. Teniendo presente, además, que lo intelectual y volitivo no se dan en el ser humano al estado puro y que en ese mismo ser siempre están dando vueltas tanto la tentación como el pecado; en este sentido no hay que olvidar una vieja sentencia latina: “veo y pruebo lo mejor pero sigo lo peor”.

Por último, si importante nos es el conocimiento de las ciencias y dentro de ellas las sociales y políticas, lo que definitivamente interesa es la rectitud ética y espiritual en el actuar.  De allí lo clave de cultivar y poner por obra valores que generen autenticidad personal y positividad societaria. No en vano ha quedado como brújula para la posteridad aquello de Simón Bolívar de la moral y las luces como primeras necesidades.-

 

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