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Chitty: Sobre el 23 de enero y la república: Un desafío ciudadano a la hora actual

12 datos para recordar el 23 de enero de 1958 • elucabista.com

 

No sé si la democracia liberal plena es lo mejor para Venezuela. No estoy segura de que el modelo que se ve en países anglosajones o nórdicos sea apropiado para acá. Me parece que la mezcla que hubo entre algo populista, pero republicano, con principios liberales, no es tan grave. El imaginario venezolano no es liberal. No sé la razón, pero no lo ha sido. Me conformaría con revertirlo a la idea de la República, que se disolvió». Ana Teresa Torres (1945). 

 

No hemos todavía ponderado y menos aún valorado suficientemente, el 23 de enero de 1958 y la huida del dictador Marcos Pérez Jiménez. Avanzaré una idea, no obstante; diré que se trató de uno de esos escasos episodios en que conscientes o no, los venezolanos nos comunicamos sin hablarnos como ciudadanos y algo de patriotismo también se evidenció.  

El déspota se marchó comprendiendo que no solo no era querido, sino que la corporación militar que lo sostenía se había mostrado sensible al discurso democrático y republicano. Había sonado la hora, anunciada y desconocida tantas veces, de un gobierno civil, de vivir una auténtica experiencia republicana, además. 

Décadas han pasado y cabe una reflexión sobre la efeméride y el momento que vivimos, más grave, pienso yo, de lo que le parece a la mayoría que, sin embargo, fue esa misma la que por la vía del voto eligió a un militar golpista, como si no hubieran sido en nuestra historia suficiente, los gobiernos de hombres de armas. Como siempre pasó, derivó en tragedia. 

 ¡Salve oh destino, eres cruel, inexorable y ciego! Repetía José Gil Fortoul, a quién mi padre llamaba sabio y, viene a mi memoria, por esta mueca que el devenir nos presenta, luego de 27 años de gobierno de los de uniforme y el impacto fulminante que recibió el mundo civil institucional y la comparsa militar que asociadas, retrotrajeron al país a otra infame experiencia autoritaria, con sus genéticas secuelas de arbitrariedad y pudrición que ahora aparentemente encontrarían su final, aunque más lentamente de lo que hubiéramos querido. 

Esta gesta que hoy está de aniversario, consagrada por nuestra historia como de libertad y democracia, también lo es del inicio de práctica republicana. Y no es cualquier cosa, al contrario, en mi criterio y lo he dicho antes, ese lapso de 40 años entre 1958 y 1998, ha sido en nuestra historia el único período verdaderamente republicano y así, no hablaré de republica civil porque si no es civil, no es república. 

Hoy, la patria anda de parto con fórceps. El regreso del militarismo, compulsivamente irreverente de la condición humana y ciudadana, disfrazado de falaz revolución con Chávez y sus epígonos revestidos de falsedades ideológicas, demagogia, populismo, ignorancia y sobre todo infección, metió a Venezuela por un camino sin salida de errores económicos, políticos, sociales que nos extravió y convirtió en misérrimos. Peor aún, nos atrasó y trastocó de nuevo, en un país gobernado por la brutalidad de las armas y la represión que criminaliza todo ejercicio ciudadano, abortando nuestra democracia y des republicanizándonos inclusive. 

Ausente Maduro, por las razones conocidas, queda una tarea a cumplir, retornar a la democracia y a la República, entiéndase, una república que pudiéramos definir tentativamente, como una forma de gobierno fundada en un sistema de organización política, social e institucional, razonado en un ideal de libertad, no dominación e igualdad que hace posible la dignificación de la persona humana, un predominio de la normación que se acompaña de una impronta ética en cuanto al ejercicio del poder que es asumido como una responsabilidad política, dentro de una democracia constitucional. 

La actual situación venezolana, eclipsada en su verdadera naturaleza por la emoción que ha supuesto, para decirlo en palabras de Fernando Mires, “el descabezamiento” del aparato dictatorial y, acotemos, el arribo de una voluntad superior que desde el exterior asiste como protector y aún sin enteramente percatarnos, pone a prueba valores fundamentales, fortalezas conceptuales y asideros históricos que son propios de cualquier Estado, que se reclame soberano. Algún socarrón decía, con la típica ironía criolla, “tenemos nuevo presidente, Donald Trump”. 

La responsabilidad de esta degradación la tienen quienes han gobernado por casi tres décadas, de abusos y crimen los susodichos y, demolición sistemática del orden constitucional y legal. La deletérea asociación de militares y civiles corrompidos que, por cierto, emergieron desde la felonía de un grupo de oficiales que olvido su juramento y se dedicó a hacerse del poder, y la repetida y lamentable delegación de soberanía que recibieron de un pueblo que careció de consciencia histórica. 

Toca ahora recomenzar la labor de recuperación de la dignidad y la nacionalidad, de la constitucionalidad, de la legalidad y de la genuina soberanía; lo que requerirá inteligencia, astucia, tesón, paciencia y patriotismo. Corresponde el rescate de la fuerza armada que se le enajenó al dictador y hoy yace humillada, para volver a ser de los venezolanos y no del psuv, de Chávez y de Maduro y de mandos incapaces, concupiscentes, venales y viciados.  

Una fuerza armada que garantice la autoridad del pueblo y la defensa de nuestras instituciones, nuestros recursos, nuestro territorio, nuestras fronteras, nuestro orgullo legítimo por la herencia recibida de la epopéyica trayectoria de nuestros libertadores. 

Regenerar una justicia que dejo de ser justa para solo ser sumisa y prevaricadora, una educación que de ser modelo pasó a ser vergüenza, una salud y unos servicios públicos groseramente ineficientes y, en suma, asegurar un Estado constitucional en este momento malogrado y disfuncional, reconquistar la libertad de prensa, la libertad de expresión, la propiedad, la seguridad en su más amplio sentido, el respeto para cada ser humano, haciendo valer las garantías que  de suyo constituyen su preciado tesoro, reanimar una economía maltrecha y arruinada y llevarla por la senda del crecimiento y la justicia social. 

Quiero recordar a Don Rómulo Betancourt y terminar con una cita, en la que cada palabra pesa: “Los padres de la Patria no se propusieron signar en los mapas parcelamientos nacionales, cerrados lotes para el regodeo de caudillos y de castas. Quisieron, ante todo, forjar una conciencia republicana, un sentimiento democrático, fórmulas de convivencia que hicieran posibles las contradicciones que encierra la lucha política”. 

Nelson Chitty La Rochenchittylaroche@hotmail.com, @nchittylaroche 

 

 

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