¡Qué rico ser oposición!
Aun siendo oficialismo, ya ensayan ser opositores frente al futuro gobierno. Es lo que acomoda a una generación que reemplazó la inexperiencia y la improvisación por el relato, como el de la “normalización” o los “Mil Avances”.

AGENCIAUNO
La izquierda está ansiosa por recuperar la comodidad de la que gozaron cuando fueron oposición. No tienen que gestionar nada, pueden pasarle al nuevo gobierno el fardo del 90% de las casas del incendio de hace dos años en Viña del Mar sin reconstruir, más el total destruido en los incendios, aún en desarrollo, en Biobío. Y comenzar a fustigar, a zaherir, a mostrarse indignados moralmente, a invocar razones humanitarias y emocionales para criticar en videos en terreno porque no se avanza lo suficiente, las soluciones no son las óptimas o el ministro tal dijo algo inapropiado para las diversidades sexuales, los ambientalistas o cualquier otra identidad.
Les quedan menos de dos meses en que tienen que conformarse con escuchar la crítica de los pobladores y las autoridades, como el gobernador de Biobío, quien denuncia que Hacienda, a pesar de la emergencia, no les ha mandado los recursos que le corresponden.
Mientras, el oficialismo ensaya la nueva postura como oposición frente a la nominación del nuevo gabinete del Presidente electo, José Antonio Kast. El hecho despertó los afilados dientes de hasta la Coordinadora Feminista 8M. Ésta durmió a pata suelta los cuatro años de Gabriel Boric, no despertó ni siquiera cuando se acusó a un inquilino importante de La Moneda de violar una subordinada, pero ya muestra los dientes porque considera inaceptable que una mujer pro vida vaya a encabezar el Ministerio de la Mujer, cuando todavía no asume. Pudimos tolerar un equipo de mujeres en el Palacio de gobierno con pañuelos verdes promoviendo el aborto, féminas metiéndose aparatos por el recto trepadas en la estatua de un ilustre en el frontis de la Casa Central de la PUC, pero ellas consideran un “escándalo” que Judith Marín haya publicado una foto suya en Instagram con un pañuelo celeste que tiene escrito “salvemos las dos vidas”. Lo exhiben como un delito…
El venenoso diputado PS Daniel Manouchehri se burla de movimientos en el gabinete, antes de que éste sea anunciado.
En el Socialismo Democrático algunos dicen que aprendieron la lección frente a la tolerancia a la violencia que tuvieron, como lo han declarado Carolina Tohá y Paulina Vodanovic, pero sus aliados del Frente Amplio y del PC presentan dos proyectos para eliminar la Ley Naín Retamal. Esta nunca debió ser necesario dictarla, porque es impensable que Carabineros sean considerados victimarios cuando son ordenados a contener el orden público y reprimir los delitos y tengan que defenderse de una agresión. Pero fue necesario dictarla porque dirigentes como Gabriel Boric, quien dijo haber “reflexionado”, parece que lo olvidó todo. La semana pasada volvió al punto de partida, asegurando que cualquiera que se movilice, aunque use la violencia, es víctima si sufre una lesión. El diputado electo Gustavo Gatica aparece en los videos que tuvo a la vista el tribunal para absolver al exteniente Crespo, agrediendo a Carabineros en medio de una turba agresiva cuando recibió el impacto ocular. Pero, no importa qué estuviera haciendo. Para el Presidente es un “manifestante”, y el carabinero tiene que pagar. Lo contrario -sentenció- es “impunidad”.
Qué corta la memoria, cuando en 2023 estaba de rodillas consolando a la madre de un carabinero asesinado que lloraba sobre su hombro. Qué olvidadizo, cuando les ofreció todo su respaldo ante las agresiones de muerte que sufrían los dos primeros años de su período. “Carabineros cuenta con todo el respaldo del gobierno para combatir la delincuencia y asegurar el control del orden público”, aseguraba en octubre de 2022. Se olvidó de todas las objeciones en materia de derechos humanos que alegaba como diputado para inmovilizarlos… Incluso enterró en un cajón todas sus propuestas para refundar la institución.
¿Qué se puede esperar de la nueva oposición? Poco. El nuevo oficialismo tendrá que buscar hacer los cambios con los suyos y un par de votos del otro lado, porque por ahora la izquierda está dividida, como le ocurre en vísperas de elecciones o cuando pierde el poder. Los presidentes del PPD y del PS, Jaime Quintana y Paulina Vodanovic, aseguran que habrá dos oposiciones al futuro gobierno, la del Socialismo Democrático y la de la extrema izquierda -el FA y el PC- que los culpó por haber aprobado la Ley Naín Retamal. Si este episodio hace de parte aguas, está por verse, porque lo más probable es que vuelvan a enfrentar unidos las futuras elecciones y estén nuevamente dispuestos a tolerar la violencia, a promover el “parlamentarismo de facto” ideado por Quintana, los retiros de los fondos de pensiones y a afirmar que la soberanía de la calle, al ritmo de los tambores de la violencia, exige iniciar un nuevo proceso constituyente.
Es cierto que Chile cambió, que la ciudadanía tolera menos la protesta brutal que en 2019. Pero, ¿cuánto se demorará Camila Vallejo en afirmar que la gente no llega a fin de mes o que la salud es un desastre? Y, ¿cuánto antes de alentar la agitación con la movilización social -que ya anunció el PC – que terminó en destrucción y saqueo, y facilitó la expansión del crimen organizado y desembocó en la crisis de seguridad más grave de nuestra historia?
La generación en el poder no hizo mucho y tampoco aprendió mucho. Reemplazaron la inexperiencia y la improvisación por el relato, como el de la “normalización” del país que tendríamos que agradecerles. Como oposición fueron capaces de convencer a la ciudadanía que el país se caía a pedazos, cuando cuatro años después no se caerá a pedazos, pero está mucho peor que en 2019, sin ninguna duda, a pesar del inconsistente legado de los “Mil Avances”.
