Más tragedia en Mineápolis: muere otra persona por disparos de agentes federales
El gobernador de Minnesota pide al presidente Trump que ponga fin a la operación: «Esto es repugnante»
El gobernador de Minnesota (EE.UU.) denuncia que agentes del ICE han disparado contra otra persona en Minneapolis: «Esto es repugnante» –
Una nueva muerte por disparos de agentes federales ha sacudido Mineápolis, convertida en el foco de la tensión política y migratoria en EE.UU. El incidente ha ocurrido en la mañana de este sábado, en el sur de la principal ciudad de Minnesota, en la avenida Nicollet con la calle 26.
Un vídeo grabado por un testigo muestra un operativo en el que media docena de agentes federales tratan de detener a una persona, la inmovilizan contra el suelo, la golpean. En pleno forcejeo, suena un disparo, seguido de otras detonaciones. El hombre ha muerto poco después. Según el jefe de la policía local de Mineápolis, Brian O’Hara, se trataba de Alex Jeffrey Pretti, un hombre de 37 años, blanco y ciudadano estadounidense. No era uno de los inmigrantes indocumentados que son objetivo de las redadas de los agentes federales.
El incidente de este sábado es el tercer tiroteo protagonizado por agentes de la policía de inmigración y aduanas (ICE, en sus siglas en inglés), desde que comenzó un gran operativo masivo de fuerzas federales el pasado mes de diciembre. El objetivo, ejecutar redadas masivas de inmigrantes indocumentados.
La primera muerte fue la de una vecina de Mineápolis, Renee Nicole Good, a la que un agente federal disparó en un enfrentamiento durante un operativo. Entonces, la Administración Trump alegó que el agente actuó en defensa propia ante un caso de «terrorismo doméstico» porque la mujer trató de embestirle con su vehículo (los vídeos del incidente cuestionan esta versión).
Su fallecimiento desató las tensiones en la ciudad, donde se habían repetido las protestas por acusaciones de redadas indiscriminadas -que han incluido detenciones de personas con papeles e incluso ciudadanos estadounidenses- y por actuaciones abusivas y agresivas de los agentes.
Pocos días después, un inmigrante venezolano, Julio César Sosa-Celis, recibió un disparo en una pierna en un enfrentamiento con un agente que trababa de arrestarle.
En el caso de la muerte de este sábado, la versión del Departamento de Seguridad Nacional, del que depende ICE, fue que «un hombre se aproximó a agentes de la Patrulla Fronteriza con una pistola semiautomática de 9 milímetros». Ocurrió durante una operación para la detención de otra persona que está en EE.UU. de forma ilegal. Los agentes, según el comunicado, «trataron de desarmar al sospechoso pero se resistió con violencia». También aseguró que el hombre portaba dos cargadores. La legislación de Minnesota permite portar armas en público si se tiene licencia para ello.
«Con miedo a perder su vida y las vidas y la seguridad de sus compañeros, un agente realizó disparos defensivos», añade la versión oficial, a pesar de que en el vídeo, grabado desde una panadería en la acera de enfrente, el fallecido estaba siendo agarrado y golpeado por varios agentes cuando sonó el disparo.
En un clima de máxima tensión en Mineápolis, centenares de vecinos se personaron de inmediato en el lugar de la tragedia, y se registraron incidentes y enfrentamientos con la policía, que los repelió con uso de fuerza y gas pimienta. Los congregados gritaban «¡nazis!» a los agentes y el gran lema de estas semanas: «¡ICE fuera!».
La muerte de este hombre se produce al día siguiente de que decenas de miles de personas desafiaran al frío -se registró una sensación térmica de -34 grados- y a Donald Trump con una gran marcha por las calles del centro de Mineápolis. Fue la mayor movilización popular contra la presencia de ICE desde su despliegue a comienzos de diciembre.
Invasión federal
«Acabo de hablar con la Casa Blanca después de otro horrendo tiroteo por parte de agentes federales», reaccionó el gobernador de Minnesota, el demócrata Tim Walz, en redes sociales. «Esto es repugnante. El presidente debe acabar con esta operación. Debe sacar a estos miles de agentes violentos y sin preparación de Minnesota. Ahora».
«¿Cuántos vecinos más, cuántos estadounidenses más, necesitan morir o salir heridos para que acabe esta operación?», clamó el alcalde de Mineápolis, el también demócrata Jaco Frey, en una rueda de prensa de autoridades locales tras la tragedia. «Una gran ciudad estadounidense está siendo invadida por su propio gobierno federal».
I just spoke with the White House after another horrific shooting by federal agents this morning. Minnesota has had it. This is sickening.
The President must end this operation. Pull the thousands of violent, untrained officers out of Minnesota. Now.
— Governor Tim Walz (@GovTimWalz) January 24, 2026
Tanto el gobernador Walz como el resto de autoridades locales han exigido que la investigación de lo ocurrido esté en manos de sus propios investigadores. Se debe a que el FBI y la fiscalía federal en la ciudad, controlados por la Administración Trump, decidieron dejar a los investigadores estatales fuera de las pesquisas sobre la muerte de Good el pasado 7 de enero, lo que desató las dudas sobre un intento de controlar su resultado.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras conocer estas declaraciones acusó al alcalde de Minneapolis y al gobernador del estado de «incitar a la insurrección» por su respuesta al asesinato de un civil en la ciudad por parte de agentes federales. «El alcalde y el gobernador están incitando a la insurrección, con su retórica pomposa, peligrosa y arrogante», escribió Trump en las redes sociales.
El presidente de EE.UU. había amenazado previamente con invocar la Ley de Insurrección, que le permitiría enviar tropas a Minnesota para fines de aplicación de la ley.
Visita de Vance
La muerte de este estadounidense ocurre poco después de que el vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, visitara Mineápolis. Aseguró que buscaba «bajar la temperatura», admitió que los agentes federales pueden cometer «errores», pero culpó del caos a «agitadores de extrema izquierda» y a la falta de cooperación de las autoridades locales, en su gran mayoría demócratas.
O’Hara, el jefe de la policía local, ante los disturbios que se estaban produciendo en el lugar del tiroteo, declaró que la concentración era «ilegal». «Por favor, no destruyáis nuestra propia ciudad», pidió a los vecinos.

