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Villasmil – 2025: Figuras esperanzadoras ante el carisma del mal

El Papa León XIV recibió a María Corina Machado en audiencia privada | Radio Bicentenario - FM 103.3 en vivo - Tucuman

 

Entre las lecturas de fin de año, leo en “The Conversation” esta frase de la analista Lola Delgado: “2025 fue un año en que el carisma del mal puso al mundo en alerta. 2025 estuvo marcado por guerras, la ultraderecha, la desinformación y algún que otro líder narcisista. La sociedad buscó empatía ante la normalización de algunas conductas psicopáticas”.

El concepto de que «el mal fue carismático en 2025″ se convirtió en una tendencia que psicólogos, analistas culturales y expertos en medios han diseccionado profundamente.

¿Cuáles pueden haber sido las razones principales para que este fenómeno se volviera central en la narrativa de 2025? Fundamentalmente, la llamada «Tríada Oscura».

La Tríada Oscura la conforman el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía, una fórmula que, lamentablemente, está siendo premiada en entornos competitivos, y que nos conduce a la deshumanización; cada vez somos menos persona y más objeto. ¿Suena exagerado? Recordemos que sólo un 6% de la población del planeta vive en democracias plenas.

Los valores éticos y morales tradicionales son tirados a la basura.

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Las personalidades públicas -en política, negocios, la cultura, y especialmente los “influencers”– buscan mostrar una confianza sin obstáculos; proyectan una seguridad y resistencia al estrés que, en tiempos de incertidumbre como los actuales, se confunden con liderazgo fuerte.

Asimismo, crecientemente se celebra la «audacia sin empatía». El carisma de estas figuras radica en su capacidad para tomar decisiones difíciles arrollando, si es necesario, todo impedimento -incluso legal-.

En la política y la sociedad de 2025, el mal no se presentó como un «villano de caricatura«, sino como un antihéroe. Abundan hoy los “relatos de redención”, llenos de narrativa conspiranoica, plena de polémica y de descalificación total del adversario, percibido, explicado y narrado como un “enemigo a destruir”.

Muchas figuras polémicas se sienten víctimas de una «injusticia previa» o una «amenaza externa». Su carisma nace de ofrecer a sus seguidores algo más seductor que la justicia: pertenencia y propósito. Ambos definidos por el líder carismático actual. Lo que es conveniente para el líder, debe serlo para sus seguidores. Su verdad es la única posible.

El carisma en 2025 funcionó a través de la polarización; estas figuras son magnéticas porque prometen proteger «lo nuestro» frente a un enemigo que ellos mismos definen.

El cine y la televisión de 2025 (con estrenos como The Joker o Thunderbolts) han explorado la llamada “villanía vulnerable”. Promoviendo una estética del caos, el estilo visual y retrofuturista que se busca promover en el cine ha dado un envoltorio atractivo y moderno a figuras rebeldes y anárquicas, haciendo que la transgresión de las reglas éticas convencionales se vea estéticamente «cool».

El mal carismático también se ha visto potenciado por la tecnología, por ejemplo, las llamadas “Máscaras digitales”: La capacidad de crear narrativas perfectas y «limpias» mediante IA permitió que personalidades tóxicas ocultaran sus fallos bajo una fachada de control y perfección tecnológica.

Por desgracia, mediante algoritmos de choque, las plataformas premian el contenido confrontativo. El carisma «agresivo» genera más interacción que la moderación, lo que da una plataforma global a figuras que utilizan el conflicto como su principal herramienta de atracción.

El peligro del «carisma del mal» es que deslumbra a corto plazo, pero, como han señalado especialistas, suele dejar tras de sí un desgaste emocional y social profundo. Y ello ocurre ante el horror de que en la actual cultura del éxito en muchos liderazgos se están normalizando los rasgos psicopáticos.

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Ante el auge del mal carismático, hay voces que se levantan para defender las instituciones de la moral y de la ética.

Tanto el papa León XIV como María Corina Machado destacan como las personalidades democráticas del año por haber liderado procesos de defensa de los derechos humanos fundamentales, del rechazo a dictaduras y a las pretensiones tiránicas.

Tras el fallecimiento del papa Francisco en abril de 2025, la elección del cardenal Robert Francis Prevost como León XIV marcó un hito en la Iglesia católica. Se le puede considerar personalidad del año por representar la «Globalidad» de la Iglesia: Al ser el primer papa nacido en Estados Unidos, pero con una identidad profundamente latinoamericana (nacionalizado peruano y con décadas de misión en el país), ha logrado tender puentes entre el Norte y el Sur Global.

León XIV está significando asimismo un retorno a la Doctrina Social; al elegir el nombre de León XIV, envió un mensaje claro de continuidad con el legado de León XIII (uno de los padres de la doctrina social de la Iglesia). En un 2025 marcado por la inestabilidad económica, su enfoque en la justicia social y los derechos de los trabajadores ha resonado globalmente.

Su liderazgo en el Jubileo 2025, en el cierre del Año Santo, lo convirtió en el rostro de la esperanza para millones de peregrinos en un momento de gran incertidumbre mundial. Su mensaje de fin de año fue claro: “Cesen de usar la religión para conquistar mercados y justificar la violencia”.

Mientras, el Nobel de la Paz para María Corina Machado, y los ya famosos discursos en Oslo, el suyo y el del presidente del Comité noruego, marcan una opción claramente ética y moral en la lucha contra toda dictadura.

Su influencia no es sólo en su país, e incluso va más allá de la región latinoamericana. Es mundial, porque el mal carismático se está haciendo presente en toda la geografía planetaria.

El Comité Noruego le otorgó este galardón por su «lucha incansable por la democracia y los derechos humanos». Este reconocimiento la puso en el centro de la diplomacia mundial, elevando la causa venezolana a una prioridad global.

En 2025, Machado dejó de ser solo una líder local para convertirse en un icono de cómo la resistencia civil pacífica puede desafiar a sistemas autoritarios, inspirando movimientos similares en otras partes del mundo.

Gracias a liderazgos como los de León XIV y María Corina Machado, cada uno en su misión específica, la esperanza sigue siendo una virtud democrática.

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