Chitty La Roche: La iglesia es más de Dios que de los hombres

“Yo te digo que tú eres Pedro. Sobre esta piedra edificaré mi iglesia y las puertas de los dominios de la muerte no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”. Jesus de Nazareth, Mateo 16:1-12
“Yo soy de Pablo”, “Yo de Apolo”, “Yo de Cefas” o “Yo de Cristo”, ¿acaso Cristo está dividido? ¡Permaneced unidos! Primera carta del apóstol Pablo a los Corintios. 1,12-13
Tal vez sea un atrevimiento, pero, quiero lamentar el momento que me comentan amigos muy cercanos con angustia, además, acerca del impasse que estarían protagonizando los mas destacados miembros del escalafón orgánico de la iglesia católica venezolana en estos días y que me mueve a preocupación.
No se trata, solamente, de una mera disensión entre semblantes relativos a las perspectivas que tienen unos y otros sobre temas propios de sus ministerios; siempre es legítimo pensar y encarar pareceres de los miembros del liderazgo que busca y necesita encontrar la verdad y especialmente, descubrir, deliberar, interpretar, decidir las conductas acordes con la misión.
Estoy reflexionando sobre posturas que se oponen y se refieren a sus similares en términos quebrantados y desconsiderados en lo personal y que revelan poca o ninguna solidaridad entre quienes se deben unos a otros.
Nuestra iglesia venezolana ha sido un baluarte valiente y consecuente en estos tiempos de extravío que hemos vivido en estos 27 años recientes que han vulnerado profundamente nuestra institucionalidad, nuestros valores e incluso nuestra dignidad y en ese trance difícil, tuvimos siempre el auxilio espiritual y la orientación moral de la iglesia católica y de sus órganos de representación y de su jerarquía.
La percepción que resalta a las lecturas de los últimos mensajes que se expresan en las redes sociales e intervenciones públicas, inclusive, en la homilía por parte de algunos, revela que pudiera haber en lo que llamamos personal y humano, más que diferencias.
Lo grave es que el rebaño venezolano y su entorno, viene sufriendo y lo sigue padeciendo, en medio de todos los peligros, después de los acontecimientos del 3 de enero pasado. Todavía el deletéreo aparato que gobierna al país, por las malas casi siempre, mantiene su talante represivo, indiferente ante el dolor de nuestra gente y, su estilo procaz y displicente hacia los presos políticos y sus familiares, es solo la puntica del iceberg y valga el lugar común.
A cuentagotas y con gríngolas y bozal lenguero, perdónenme la hipérbole, echan a algunos inocentes de las mazmorras y centros de tortura, perseguidos ellos sin razón distinta al ejercicio ciudadano, como si fueran caballos que salen a correr, pero deben saber hacia dónde y cómo hacerlo, entre autorreconocimientos que se conceden melifluos. El resto de los varios cientos siguen privados y sus familiares torturados por la espera y la incertidumbre.
Nuestra iglesia sabe no obstante que no debe distraerse en lo intrascendente o lo postergable. La tarea consiste en pastorear ahora mismo, con humildad, pero firmeza. Evitar la arrogancia y el cálculo que compromete, de cualquier naturaleza el susodicho, al tiempo de insistir en la misión encomendada. Los lobos andan sueltos y ahora, mas que recelosos y sensibles, porque han visto que no son como antes parecían, de legibus solutus, fatalmente impunes.
El país sigue envuelto en una compleja crisis humanitaria y desde luego, debe contar con su iglesia, sus portavoces, sus dirigentes y su confianza para acometer su recuperación.
El pecador que soy ha sido osado y perdónenme, al escribir estas notas, con la mejor intención, y rezo con los otros miles, millones, por nuestra iglesia, nuestro pueblo, nuestro devenir, y lo hace con esperanza.
Nelson Chitty La Roche, nchittylaroche@hotmail.com, @nchittylaroche
