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¿Qué interés tiene China en que Irán no caiga?

Pekín necesita su petróleo y, sobre todo, que no entre en la esfera de EE.UU.

Los carteles bélicos de la propaganda en Teherán lanzan una advertencia a EE.UU. e Israel: «¡Cuidado con vuestos soldados!» EFE

 

La Administración Trump sigue jugando a elaborar escenarios de conflicto militar con Irán, con la intención de mantener viva la llama de las protestas populares que comenzaron el pasado 28 de diciembre y se han convertido en las más graves –y más reprimidas– de los 47 años de vida del régimen totalitario instaurado en Teherán. Haya o no ataques, el régimen de los ayatolás –el clero musulmán chií que controla el país– resiste. Y una de las claves de su resiliencia es la relación política y económica del régimen teocrático con Rusia y sobre todo con China.

Según un reciente informe de Brookings, un afamado laboratorio de ideas de la izquierda norteamericana, la supervivencia de la dictadura iraní depende por completo de China. Y no al contrario. Pekín podría soportar un cambio de régimen en Teherán, con condiciones muy estrictas: que el nuevo sistema no caiga en la esfera de Estados Unidos sería la primera y principal. Y que el cambio no se instaure al término de una revolución popular. Dada la cercanía de Irán a China, y las semejanzas entre dos culturas milenarias, la revuelta de los esclavos contra los amos –sean estos clérigos de turbante negro o caciques comunistas de ojos rasgados– sentaría un precedente muy peligroso para el gigante comunista.

La dependencia de Irán respecto a China es evidente. El 80% del petróleo y del gas iraní se exporta a las refinerías chinas, y ese factor permite al régimen de los ayatolás respirar –y mantener vivas sus fuerzas militares y su programa nuclear– pese al sistema de sanciones internacionales pastoreado por Estados Unidos. Pekín firmó con Teherán en 2021 un acuerdo para invertir 400.000 millones de dólares en los próximos 25 años a cambio del acceso al mercado energético persa. Tras la pérdida de los recursos del de Venezuela, con la caída de Maduro, solo queda con garantías el ruso. El régimen comunista chino hace bien en no fiarse para no depender exclusivamente del de Moscú asegurándose el suministro iraní.

Irán, China y Rusia forman la entente nada amistosa para Occidente que lleva décadas afinando su aparato militar. Las últimas maniobras conjuntas con fuerzas navales de los tres pabellones tuvieron lugar cerca de las costas de Sudáfrica. China e Irán han suscrito por su parte un acuerdo de cooperación militar y «lucha conjunta contra el terrorismo», que les permite intercambiar tecnología y formación de cuadros militares.

Hasta qué punto está China dispuesta a comprometerse en la defensa del régimen integrista iraní ya es harina de otro costal. Cuando Estados Unidos atacó instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado, el Gobierno chino se limitó a expresar su más enérgica protesta en Naciones Unidas. Teherán habría quizá agradecido algún gesto o movimiento naval chino en el Golfo Pérsico, por ejemplo, que nunca llegó a producirse.

 

Relación de China e Irán:

Todo es intercambiable con cualquier régimen que se instale en Teherán, siempre que quede fuera de la esfera de influencia de EE.UU.

Donde sí se producen movimientos bilaterales y secretos es en el terreno de la vigilancia de sus respectivas disidencias internas, para que no llegue a constituirse ningún movimiento de oposición a las dos dictaduras. Pekín ofrece a Teherán tecnología punta, que ha aparecido con motivo de las protestas callejeras en las ciudades de Irán durante los apagones de Internet y en el control y vigilancia de las redes sociales. Ni el fundamentalismo musulmán chíi de Teherán ni el ateísmo oficial de Pekín son obstáculo para la cooperación: el objetivo común es mantenerse en el poder a toda costa.

Irán constituye por su parte un puente de acceso de China a Oriente Próximo. Hay un «do ut des» permanente por el que los chinos mejoran sus rutas comerciales por el Golfo Pérsico con la ayuda de la infraestructura iraní, y obtienen ventajas en el acceso a los recursos persas del gas y el petróleo; a cambio, China suministra a las Fuerzas Armadas iraníes sistemas de defensa antiaérea y últimas tecnologías en materia de misiles balísticos.

Todo, en la relación entre China e Irán, es intercambiable con cualquier otro régimen que se instale en Teherán, siempre que quede fuera de la esfera de influencia de Estados Unidos. Y siempre que ahorre a los chinos las imágenes de las protestas populares que tensaron los nervios al régimen de Pekín cuando Moscú se levantó contra el comunismo soviético, o cuando la Primavera Árabe produjo el espejismo de ‘Muerte al dictador’ décadas más tarde.

 

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