El PSOE se precipita a su suelo histórico y dinamita la estrategia de Sánchez
La debacle enmienda el plan del presidente de colocar a ministros como candidatos para controlar el partido. Vox da el «sorpasso» a los socialistas en capitales de provincia como Teruel y comienza a morder en caladeros de la izquierda
PILAR ALEGRÍA y PEDRO SÁNCHEZ
No hay Alegría para el PSOE en Aragón. El partido consolida una tendencia a la baja, que arrancó en Extremadura, en la segunda convocatoria de un carrusel electoral que se ha tornado en un calvario para los socialistas. Dos bolas extra forzadas por el PP -al margen de las convocatorias previstas en Castilla y León y Andalucía- que buscan proyectar el fin de ciclo de Pedro Sánchez. Y también los agujeros de una estrategia que ha quedado dinamitada. Los socialistas acudían a las urnas conscientes de las nulas posibilidades de victoria y con la única incógnita de desvelar las dimensiones de la derrota.
Pilar Alegría ha hundido al PSOE hasta los 18 escaños, cinco menos que los que consiguió en 2023, rompiendo un horizonte psicológico clave en la debacle: igualar el suelo histórico que marcó Javier Lambán en 2015. Entonces, en plena irrupción de Podemos, los socialistas se precipitaron hasta esta marca, su peor resultado en democracia que vuelven a repetir ahora con el 24,% de los votos. Las opciones de cierto resarcimiento en la derrota se buscaban mirando al PP, que también cae. La cita con las urnas parte de un adelanto, esto es, de una decisión de alto riesgo político por parte de Jorge Azcón, que no le ha permitido alcanzar el objetivo de limitar su dependencia de un Vox que sale muy reforzado y con quien ahora tendrá que pactar.
El PSOE está más cerca de la tercera plaza que de la cabeza y los de Santiago Abascal les han superado en capitales de provincia como Teruel. La estrategia del muro ha fracasado. También la de alimentar a un monstruo cuya voracidad no se ha limitado a la derecha y comienza a morder ya en caladeros tradicionales de la izquierda. El PSOE ya no se percibe como alternativa, sino como acelerante. Decisiones como la regularización masiva de inmigrantes por parte del Gobierno han tenido un alto impacto en la recta final de la campaña.
Vox ya no da miedo, se ha convertido en opción refugio del voto de castigo y del voto obrero. Algo que asumen incluso en el propio PSOE, que ha comenzado a virar en su retórica para buscar otros referentes que movilicen a su electorado. Las alusiones a Donald Trump -por su actuación con la policía migratoria en Mineápolis- o la entrada en campaña de la ofensiva contra los «tecno-oligarcas» no es casual. Se buscan enemigos externos para tratar de luchar contra unos aliados nacionales ya normalizados y metabolizados por el electorado.
En el espectro de la izquierda, el ganador es la Chunta, que ha conseguido doblar su representación y se convierte en opción refugio para los votantes de este espectro ideológico. Los partidos a la izquierda decidieron ir por separado y esto ha perjudicado a Podemos, que se queda sin representación. El socio minoritario de la coalición mantiene su único diputado. Como ya ocurriera en Extremadura, la suma de las derechas supera el 50% de los votos, consolidando la tendencia de péndulo hacia este espectro ideológico.
Aragón no tiene el componente simbólico de otros bastiones tradicionalmente socialistas -como Extremadura o Andalucía- y el PSOE ni siquiera ganó las elecciones en 2023, pero esta cita con las urnas es importante, porque, más allá de medirse el pulso electoral del partido -en clara bradicardia- es un examen a la estrategia de Sánchez de colocar a ministros como candidatos. Una estrategia que, pese al batacazo, tal como informábamos este domingo en ABC, el presidente no está dispuesto a rectificar. La siguiente, que ya toma nota, es María Jesús Montero en Andalucía.
Alegría ha sufrido su incapacidad para cortar el cordón umbilical que le unió al Consejo de Ministros hasta la misma convocatoria del adelanto electoral. Haber puesto cara, como portavoz, a las decisiones del Gobierno y tener que defender en la víspera de los comicios un acuerdo pactado con Oriol Junqueras para la reforma de la financiación autonómica, algo que alimenta el discurso del agravio en Aragón, han sido losas demasiado pesadas. También los escándalos que cercan al PSOE, como su vinculación con Paco Salazar y la comida que compartieron cuando ya se investigaban los casos de presuntos abusos a sus subordinadas en Moncloa.
Alegría no dimitirá como líder para mantener el «alineamiento» de la federación aragonesa con Ferraz
Las excusas de Extremadura no sirven para Aragón. «Alegría no es Gallardo», sentencian en el partido. Más allá de lo evidente, la candidata socialista no viene lastrada por un horizonte judicial y las maniobras políticas para garantizarse un aforamiento; tampoco se prevé un final abrupto pese al mal resultado. En la dirección no van a pedir su cabeza, como sí hicieron con el líder extremeño, porque Alegría forma parte de una estrategia más elevada, de recorrido, de control interno del partido por parte de Sánchez. La que fuera ministra y portavoz del Gobierno es uno de los peones que se han ido colocando para propiciar un «alineamiento» de las federaciones otrora críticas con la dirección de cara a un escenario futuro en el que sin La Moncloa haya que resistir en los cuarteles de invierno.
Todavía por digerir el resultado también habrá que testar si el sector crítico a la líder del PSOE en Aragón aprovecha este momento de debilidad evidente para forzar movimientos de desestabilización interna y cobrarse las cuentas pendientes que no se saldaron con la celebración de unas primarias que nunca llegaron a celebrarse.