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António José Seguro, el socialista moderado que frena a la derecha radical en Portugal

Aunque llevaba diez años apartado de los radares mediáticos y no era el candidato favorito de su partido, ha ganado las elecciones presidenciales lusas al derechista André Ventura por su contención en estos tiempos polarizados

António José Seguro se ha impuesto con su moderación al derechista André Ventura EFE

 

Contra todos los pronósticos, el socialista António José Seguro será el próximo presidente de Portugal. Llevaba diez años apartado de los radares mediáticos y, cuando presentó su candidatura, ni siquiera contó con el apoyo oficial del Partido Socialista ni partía como favorito. Sin embargo, su sentido de Estado y su perfil moderado acabaron imponiéndose a la retórica antisistema del candidato de la derecha radical, André Ventura, y le llevaron a batir un récord personal: en la segunda vuelta celebrada el domingo recabó más votos que el histórico socialista Mario Soares cuando, en 1986, ganó las elecciones presidenciales. Hacía exactamente 40 años que Portugal no celebraba una segunda vuelta y Seguro fue capaz no solo de imponerse a la derecha, sino de vencer en todas las regiones, duplicando los apoyos obtenidos en la primera vuelta.

Más que un socialista, António José Seguro se ha presentado ante los portugueses como «la casa de los demócratas». El hecho de no ser el candidato oficial del Partido Socialista, lejos de perjudicarlo, lo ha beneficiado a la hora de conquistar el voto fuera de su espectro político. Su campaña evitó siglas y símbolos partidistas y apostó por una imagen de presidente institucional, casi por encima de los bloques ideológicos, en un momento de fuerte polarización.

Pero su gran mérito no es tanto haber vencido de forma holgada la segunda vuelta 66% de los votos y frenar a la derecha populista, sino haberse impuesto ya en la primera ronda, disputada por once candidatos. En estas elecciones, la derecha estaba muy fragmentada, algo poco habitual en Portugal. En medio de debates crispados y acusaciones cruzadas, Seguro no entró en polémicas, optó por un perfil más institucional y se centró en repetir su lema: «Si la política no sirve a las personas, entonces la política no sirve para nada». Mientras otros buscaban el choque, él apostó por la calma. Y esa serenidad, en un país cansado del ruido político, terminó siendo su mejor argumento electoral.

En todas sus intervenciones quiso dejar claro que sería el presidente de todos los portugueses porque, a pesar de sus convicciones socialistas, siempre ha sido un político del consenso. Fue una de las principales críticas que recibió dentro de su partido cuando asumió el liderazgo tras la dimisión de José Sócrates en 2011. Entonces, como líder de la oposición, hizo viable el presupuesto del Gobierno socialdemócrata en nombre del interés general y de la estabilidad del país.

Su campaña evitó siglas y símbolos partidistas y apostó por una imagen de presidente institucional, casi por encima de los bloques ideológicos, en un momento de fuerte polarización

Quizá por ese perfil más institucional que partidista fue derrotado internamente por António Costa en 2014, lo que le llevó a apartarse de la política activa. Durante años desapareció del foco público y, para muchos, era ya una figura del pasado. Sin embargo, esa ausencia terminó jugando a su favor: regresó sin desgaste, sin polémicas recientes y con una imagen de integridad y decencia.

Su principal fortaleza

Una década después, Seguro ha hecho de su «falta de carisma», defecto señalado por sus rivales, su principal fortaleza. No ha prometido grandes gestos ni revoluciones, sino estabilidad, moderación y distancia de los extremismos. En un país golpeado por crisis sucesivas –económica, pandemia, incendios y ahora el temporal–, ese discurso de contención democrática ha calado en los portugueses.

Acabó convenciendo su llamamiento a «votar en la opción moderada el domingo para no tener que lamentarlo el lunes». La candidatura de Ventura, con un discurso duro contra las instituciones, movilizó a un electorado moderado que quizá no se sentía plenamente identificado con Seguro, pero vio en él la única opción capaz de frenar el avance de la derecha radical. Aun así, Ventura sumó 400.000 votos más que en la primera vuelta.

En Portugal, el papel del presidente es principalmente representativo, pero conserva herramientas clave como vetar leyes o disolver el Parlamento, algo que no entra en los planes inmediatos de Seguro. Durante esta larga campaña, ha sabido ganarse la confianza de los portugueses al dejar claro que vigilará al Ejecutivo conservador de Luís Montenegro para que cumpla lo prometido, sin bloquear la gobernabilidad. En su primer discurso tras la victoria insistió en esa idea: no será por él que caiga el primer ministro Montenegro, que gobierna en minoría.

Entre el discurso antisistema, los mensajes populistas y el ruido político de André Ventura, los portugueses han preferido un perfil moderado, más árbitro que protagonista. En su último discurso antes de las elecciones, su antecesor, Marcelo Rebelo de Sousa, reconoció que Seguro lo tendrá más difícil que él porque el momento actual es más exigente que cuando asumió el cargo hace diez años. El próximo presidente tendrá que demostrar que ese equilibrio entre convicciones socialistas e independencia institucional no fue solo una estrategia electoral, sino la forma de ejercer la Presidencia que esperan los portugueses. No lo han elegido por ser un político de izquierdas, sino por ser una garantía de estabilidad y moderación frente al avance de la extrema derecha.

 

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