Se viene Kast… y la oposición
La foto presidencial ya se dio a conocer y generó polémicas. Las seguirá habiendo. La clave está en enfrentar con sentido de país los grandes problemas sociales y en esos casos dejar la política partidista a un lado.

La última semana de febrero terminó con una noticia que es propia de estos tiempos de cambios, de término del gobierno y ante el advenimiento de una nueva administración. Una de las manifestaciones más claras de ello ha sido la presentación de la banda presidencial y de la fotografía oficial del presidente José Antonio Kast.
El hecho inicial fue el siguiente: el Presidente electo presentó la mencionada fotografía, en la convicción de que era “una declaración. Una imagen con sentido”. En el fondo aparece el cielo azulado de Chile, que es parte del himno nacional; se aprecia al Presidente caminando hacia adelante, dejando atrás “la tormenta, símbolo del periodo de crisis, desorden e incertidumbre” vivido por el país; se trata de un gobernante que “conduce hacia el futuro”. El rostro muestra “esperanza, entusiasmo y convicción”, a la vez que opta por el futuro y no se resigna al estancamiento. En cuanto al escudo incluido en la Banda Presidencial, la Oficina del Presidente Electo (OPE) comienza diciendo que representa “la tradición republicana más amplia de Chile, anterior a nuestras divisiones contemporáneas”. Por lo mismo, ahí no hay una “apropiación política”, sino una “reafirmación institucional”.
Rápidamente surgieron reclamos y críticas, tanto para la foto del Presidente electo como para la banda escogida. Hubo una denuncia a la Contraloría por el uso de la banda, que la foto no tendría la solemnidad de otras imágenes presidenciales, que no aparecen las manos del nuevo gobernante y que podría haber sido mejor por distintas razones. Por cierto, muchos de esos temas son opinables y perfectamente se pueden tener posiciones distintas. Suele ocurrir, además, que las posturas estás definidas según quién gobierne, lo que lleva a valorar las cosas como buenas o malas no por lo que son, sino por quién efectivamente está en el poder.
Rápidamente han sido contestadas algunas cosas. La vocera Mara Sedini explicó el sentido de la fotografía: “El presidente electo José Antonio Kast y su gobierno es un gobierno de unidad y esa fotografía, y todo el simbolismo que hay detrás, lo que representa es una invitación a todos los chilenos, no solo a los que votaron por él, a volver a hacerse parte de nuestra patria, de nuestros símbolos, de nuestro mensaje y de lo que queremos demostrar al futuro con el avance, con caminar hacia adelante”.
Otras personas, particularmente en las redes sociales, han reaccionado señalando que muchos presidentes en el pasado utilizaron una banda presidencial con el escudo, no solo Pinochet –como decía la crítica de algunos– sino también los gobernantes radicales, antes Pedro Montt e incluso han aparecido fotografías del general Carlos Prats con una banda con escudo en un acto oficial. ¿Es la fotografía del Presidente electo la causa de la discordia o es el uso de la banda mencionada? Me parece que en este caso, como en otros, el problema es diferente y es de carácter político.
El tema de fondo es de naturaleza política, de alineamientos y adhesiones, que preceden al detalle o a las cuestiones prácticas. Una acción de “mi gobierno” merece apoyo, pero si es del gobierno al cual me opongo recibe un rápido rechazo. No debería llamar la atención que en los últimos cuatro años el movimiento feminista haya palidecido incluso cuando hubo claros ataques contra las mujeres, o la debilidad del movimiento estudiantil y la ausencia de la CUT u otras organizaciones frente a la mala situación económica y la falta de trabajo. Tampoco han existido reclamos por los más de mil asesinatos al año, ni denuncias mayores por los hechos de corrupción que han acontecido en el último periodo presidencial. El alza del pasaje en la locomoción colectiva solo ha provocado una gran indiferencia. Por cierto, podemos imaginar cómo habrían sido las reacciones, acciones y movilizaciones si todo ello hubiera ocurrido en el gobierno del Presidente Sebastián Piñera o cómo será en el de José Antonio Kast.
Todo lo anterior tendrá gran relevancia en los próximos meses. El 11 de marzo José Antonio Kast asumirá como Presidente de la República y no solo cambiará el mapa del poder, sino también las actitudes ante los temas más diversos. Es bastante previsible que exista una actitud mucho más drástica desde los partidos y las organizaciones sociales politizadas contra la nueva administración. Los errores serán cobrados de inmediato y es casi seguro que Chile tendrá más movilizaciones y un ambiente más hostil contra el gobierno. No me parece que haya ambiente, al menos en este 2026, para movilizaciones como las del 2011 y mucho menos las de 2019. Sin embargo, queda tiempo por delante y todo puede cambiar.
Hay algunos dirigentes, del mundo democratacristiano y el Socialismo Democrático, que han manifestado que no serán una oposición intransigente, sino que van a colaborar en aquello que sea de interés nacional y beneficie a la población. Es un buen augurio, que ahora debe tener su correlato en la realidad, en una manifestación efectiva de apertura para legislar y promover iniciativas que permitan a los chilenos vivir mejor, a superar los problemas sociales con su esfuerzo, pero también con el apoyo del Estado, a dar un sentido de urgencia a las emergencias.
Creo que el tema de la salud es un gran ejemplo que podría poner a prueba no solo al gobierno, sino también a la oposición. Siempre habrá sectores intransigentes y poco abiertos a apoyar iniciativas “de la derecha”. Algunos han dicho que se opondrán al retroceso en derechos sociales, en su comprensión de los mismos. Sin embargo, es evidente que en la salud el problema es grave: en las listas de espera generales, en las de operaciones y en la cantidad de personas que muere cada año sin recibir una atención. El problema debe enfrentarse integralmente, como en su momento Chile enfrentó la pandemia del COVID, y eso requiere una atención pronta, sabiendo que la muerte está al acecho y que las supuestas contradicciones entre el sistema estatal y el privado deben pasar a ser colaboración efectiva y mejores condiciones de salud para los chilenos. En esa línea el gobierno deberá tener propuestas rápidas y amplias, y la oposición deberá estar abierta. No puede preferirse que la gente muera antes que sea atendida oportunamente –por el sector estatal o el privado–, salvo un ideologismo extremo o una extrema indolencia.
La foto presidencial ya se dio a conocer y generó polémicas. Las seguirá habiendo. La clave está en enfrentar con sentido de país los grandes problemas sociales y en esos casos dejar la política partidista a un lado, como también la ideología y la mala disposición hacia un gobierno que fue elegido democráticamente, con más de siete millones de votos.