Ucrania protege su ecología

En Ucrania, mientras conmemoramos el cuarto aniversario de la invasión rusa y el arranque de un conflicto que se eterniza con un dramático balance de pérdidas humanas y daños severos a la infraestructura, raya en lo heroico la iniciativa de un grupo de científicos de salvaguardar el patrimonio botánico de la barbarie rampante.
Desde entonces, Rusia se ha apoderado del 20% del territorio de su vecino al costo de dos millones de víctimas, entre militares muertos, heridos y desaparecidos, legiones de civiles desplazado
Las zonas orientales, más prósperas industrialmente, se hallan ahora bajo el control de Moscú junto al 40% de las extensas llanuras al sur que significan más de un tercio de la biodiversidad europea – por lo cual siempre se las consideró el granero del continente- y son el hábitat de las especies endémicas más raras a. lo largo de las costas y montañas de Crimea.
Los combates han creado barreras impenetrables con los territorios ocupados y entre los investigadores ahora dispersos, exilados o enrolados en las fuerzas armadas, impotentes para restaurar la devastación de reservas forestales atrincheradas, cuyas poblaciones animales han sido trasladadas o sencillamente eliminadas, igual que la riqueza botánica de una nación tan extensa y en gran medida silvestre.
Más de 1.500 sitios culturales han sido averiados o totalmente destruidos, obligando al Gobierno a proteger con sacos de arena, estructuras metálicas y de madera y fundas anticombustibles los monumentos en Kiev y otras ciudades, a mover piezas importantes de su patrimonio museístico a bunkers subterráneos o abrigarlos en países vecinos.

Así mismo, han reproducido surico patrimonio en modelos 3D con la colaboración de fotógrafos profesionales para su eventual restauración y en el terreno legal, han marcado numerosos sitios históricos conforme los tratadosinternacionales y
Parque Sofiyivka
añadido el centro histórico de Odesa al patrimonio cultural de la humanidad.
Y en el plano ambiental, se ha creado la llamada Red Esmeralda de áreas protegidas, que cubre 377 sitios para cumplir con las normas de la Unión Europea y preservar los suelos, el agua y el aire, limpiando las tierras agrícolas de metales pesados y desechos químicos de las municiones, reciclar toneladas de escombros con el apoyo del PNUD y el Japón en grava y ladrillos como material para la reconstrucción, y, haciendo de tripas corazón, devolver a su perfil original milenario estructuras destruidas, como las 140 mil hectáreas de la represa de Kakhovk, aprovechando la espectacular reforestación espontánea de álamos y sauces.
Y como lo más grave es que las autoridades admiten que cuando vuelva la paz no tendrán acceso a ellas por décadas e incluso siglos, sembradas como han sido de minas antipersonales, están en la tarea de documentar lo que califican de ecocidio, con la remota esperanza de que se incluya algún día en los crímenes de guerra sujetos a compensación.
En paralelo, organizan la protección de esa riqueza natural en el Jardín Botánico de Nikytsy, el más importante del país, fundado en 1796 por un noble polonés y, según informa el Guardian londinense, los expertos del parque dendrológico Sofiyivkan Uman se afanan para proteger docenas de especímenes de la planta Moehringia hypanica,
Varsovia, marzo de 2026




