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Chitty: Érase una vez, los Estados Unidos de América

 

Estatua De La Libertad Con El Pelo De Donald Trump Foto de archivo - Imagen de cara, móvil: 200186040 

Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal.

  Henry Kissinger 

 

Ciertamente la historia no olvidará un turbado capítulo correspondiente a la segunda presidencia de Donald Trump. Ninguno de los antes elegidos para tan alta dignidad, marcó de su influencia e incidencia, de su liderazgo, a la sociedad norteamericana como lo hace y lo intenta además cada día hacer, como lo hizo y viene haciendo y hará en el tiempo en que gobierne a los Estados Unidos de Norteamérica, el todopoderoso empresario y hombre público. 

Una suerte de jefatura, desde un plano neoconservador, se mezcla con un accionar impredecible, intuitivo y caprichoso, presentándolo como un sultán más que como el presidente de una república, y me refiero a la construcción política e institucional que se va conociendo en la lectura de El Federalista. 

Todo luce subordinado a su voluntad y se resienten las bases que otrora exhibían a ese país como un auténtico modelo de libertad y progreso. No es que Trump no lo busque y lo pretenda, no es eso lo que escribo, sino que antepone sus modos, métodos, maneras a las convenciones, a las leyes, al Estado, desafiando o tensando las relaciones de los poderes públicos que, por cierto, se le inclinan, medrosos o impotentes hasta ahora.  

La Corte Suprema de Justicia, por ejemplarizar, atenta históricamente a cuidar la organicidad republicana y a la constitucionalidad, se expresa en los momentos presentes con un discurso ora anfibológico y, a ratos, sinuoso, para no soliviantar al hegemón. Pudo ser y no lo fue, más contundente con varios de los asuntos que su competencia atrajo y el último caso sobre los aranceles es revelador. 

Revisando entonces la conducta de Trump, sus discursos, entrevistas, sus mensajes, creo advertir que su gobierno, como antes dijimos y repetimos, toma la forma de un Reality show,” en el que la posverdad ocupa el espacio de la realidad y de la confiabilidad. 

Lo importante para el blondo consiste en mostrarse enérgico y esquivo al mismo tiempo, inasible y próximo; en resumen, todos los personajes en el mundo serían piezas en su ajedrez, y él es el rey con la potencia de la reina y, en cada torneo en que juega, lo hace con las blancas. 

La nación que contradijera a Renan, porque de muchas naciones de inmigrantes venidos de todas partes se formó, deviene a diario desconcertada, sacudida, dividida. Atraviesa este tiempo con el bajo psiquismo que ha emergido de ese difícil coexistir de gente desemejante, con colores de piel diferentes, idiomas, valores, culturas, religiones que tropiezan entre ellas y que han puesto a prueba su condición humana y sus pretensiones de humanidad. Algo parecido está en los complejos de los ingleses que los llevó, con el perdón de Lord Acton, a insularizarse nuevamente y de allí, a esa estupidez que suscitó el Brexit. 

El siempre exitoso “Real State”, aparatoso, estridente, soberbio, pareciera haber tomado como libro de cabecera al Príncipe de Maquiavelo, aunque hoy en día se le lee e interpreta de otra manera, así como al decálogo de la manipulación, de Noam Chomsky. 

Lo grave es que puede hacerlo porque en efecto hay percepciones y apreciaciones disímiles en la sociedad norteamericana que, sin embargo, parece reunir en ella los que se llaman iguales pero que son y se postulan existencialmente como de las antípodas. Esto va mucho más allá de lo que advertía Samuel Huntington en sus trabajos sobre la identidad norteamericana; se asumen unos a otros como extranjeros y todavía peor, adversarios entre ellos y enemigos para con los demás que comparten esa tierra.   

La América de hoy en día, es la del ICE, la que persigue y es perseguida, la que nace de colonos británicos y se nutre de la inmigración, pero la rechaza; la que creció en la diversidad y luchando contra aberrantes tendencias racistas y segregacionistas, pero, retorna ahora a la marginación y a la discriminación. 

Pronuncia hace dos semanas el discurso sobre el estado de la Unión, y se permite fundar sus asertos sobre el empleo y la inflación, con datos largamente discutibles, reiterando su inocultable xenofobia y más aún, su soberbia.  

Quiere Trump en su Hybris, la genuflexión del cosmos y reclama airado que no le reconozcan sus aportes a la paz; si solo se dedica a buscar pleitos internos y externos, aunque comprendemos que se trata de una potencia mundial que ha sido, como diría Aron, forzada por las circunstancias después de la segunda guerra y el peligro soviético, a jugar el rol del imperio, pero cómo evolucionan las cosas, y junto con China y Rusia, derivan en imperios terrófagos, pero sobre todo, entidades que se reparten el mundo   y lo que pasa en Irán -y no lo digo por simpatía con la oligarquía religiosa persa- es otra irrefragable prueba de la compulsiva tendencia del presidente norteamericano a asumirse como gendarme y emperador, disfrazando su política  con el argumento de la seguridad nacional, aunque en realidad se trata de construir una hegemonía.  

No será grande nuevamente la América si puede anexionarse a Groenlandia, Canadá y Venezuela, pero el guerrero que aspira lo reconozcan como un pacifista se siente merecedor de la pleitesía universal y envidia quizás no tan secretamente al tenebroso líder norcoreano. 

La economía norteamericana se sostiene más en el consumo interno que en la competitividad, aun siendo laboriosa y productiva, pero, el gigante amarillo se le viene acercando en los números y superándola incluso en algunos escenarios. Es una competencia que construye una rivalidad peligrosa, pero, que pareciera inevitable. 

Por otro lado, el giro es aislacionista en el fondo. Separándose de aliados históricos y fundamentales culturalmente incluso, se exhibe arrogante y dominador. Deja de financiar programas de Naciones Unidas de índole distinta que tienen no obstante en común que prestan un servicio al mundo y, sobre todo, se aparta de una responsabilidad real como primer país contaminador del mundo, al que los temas ambientales y las patologías consecuentes con el recalentamiento y cambio climático no le conmueven en lo más mínimo. Trump descalifica a los expertos y se separa de los criterios que reclaman compromiso. 

Grueso consumidor de energía y especialmente del género fósil, se obsesiona con el control del petróleo, siendo, por cierto, el mayor productor y consumidor mundial al tiempo que lo usa como ariete de su política exterior, que siempre es como su política interna, susceptible de considerar todo de seguridad nacional, insisto en ello, arguyendo entre otras, la ley patriota y estableciendo una suerte de estados de excepción permanentes, como lo deja ver en sus trabajos Giorgio Agamben. 

No puede separarse a los Estados Unidos de América de su presidente hoy en día, prácticamente en nada, se ha cosido a su majestad presidencial la dinámica pública. Él fue electo como su representante y director, pero se subroga el poder casi enteramente. Aquello de, “L’État, C’est moi “le viene al pelo al catire, quien lo deja ver a cada instante. 

En Venezuela, Donald Trump es visto con agradecimiento por la gran mayoría y con simpatía luego del 3 de enero pasado. El resto de la historia aún está por verse. Se oyen rumores y se advierten cambios que lucen positivos a la distancia, para un pueblo que ha sufrido y sufre mucho. Sin la presión de Trump y Rubio, no estaríamos viendo, aunque insuficiente una amnistía y una cierta apertura en lo económico y social cuyo alcance también esperamos con ansiedad, pero cuidado con los espejismos. 

Sin embargo, preocupa la persistente incertidumbre que suscita el discurso oficial, como si nada hubiera pasado, y la campaña publicitaria que demanda el regreso de la pareja Maduro y Flores. Empero, el Delcysmo, refiriéndonos a los toques cuya amplitud y entidad aún no se conocen que le pondrá la encargada y su inteligente hermano al desempeño protagónico que les toca adelantar y la resonancia que tendrá ese proceso de gobierno y liderazgo, puede lucir como un simple cambio de piel o quizás más. 

Muchas cosas traen este año en su agenda y otras que aparecerán, pero, algo me luce impajaritable; lo que pase allá arriba en el norte, de cualquier naturaleza, se sentirá acá abajo en nuestro país que por ahora está conforme con mirar los árboles de enfrente y, obviar que atrás está el bosque. Sería tal vez exagerado decir que somos una especie de protectorado, pero oírlos decir que los dineros que produce el petróleo irán a la reserva federal y que Trump y Rubio decidirán en qué se han de gastar, es perturbador por descuidar las formas y llamar las cosas por su nombre al menos. 

Es difícil realmente creer en este tiempo social relativo e incierto para la filosofía y que sabiamente Habermas llama “postmetafísico”; sin embargo, God bless America se oye cantar y yo de mi lado, le acoto, a nosotros tanto como a ellos nos bendiga Dios porque, no sé dónde va a llevarnos esta experiencia.  

 

Nelson Chitty La Roche, @nchittylaroche, nchittylaroche@gmail.com 

 

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