Villasmil: Suicidios electorales

TARJETÓN ELECTORAL DE PERÚ EN LAS ELECCIONES DE ABRIL 2026
Viendo el bochinche candidatural que se prevé en las próximas elecciones colombianas y peruanas, se me ocurrió esta pregunta: ¿Cuál ha sido el número de candidatos presidenciales en las elecciones de los países latinoamericanos en los últimos cinco años? El resultado es este:
El número de candidatos presidenciales en las elecciones de América Latina varía drásticamente según el sistema de partidos de cada país. En los últimos cinco años (2021-2026), hemos visto desde duelos casi bipartidistas hasta fragmentaciones récord con decenas de aspirantes.
Un desglose del número de candidatos en las elecciones más relevantes de este periodo implica ciertas distinciones:
Elecciones con Alta Fragmentación (10 o más candidatos)
Estos países suelen tener sistemas de partidos muy divididos, lo que obliga a menudo a una segunda vuelta (balotaje).
Perú, ahorita, en abril 2026: 36 candidatos presidenciales; ¡un récord histórico!
Costa Rica, en 2022: 25 candidatos. La cifra más alta en la historia del país.
Perú, en 2021: 18. En la primera vuelta, el ganador (Pedro Castillo) entró al balotaje con apenas el 18% de los votos. No es necesario recordarle al lector el desastre posterior, con el señor Castillo habiendo sido destituido y enviado a la cárcel (como algunos de sus antecesores).
Ecuador, en 2021: 16. Una de las boletas más grandes de su historia reciente.
Guatemala, en 2023: 22 candidatos. Marcada por la descalificación de varios candidatos punteros antes de la votación.
Brasil, en 2022: 11; aunque la atención se polarizó totalmente entre Lula da Silva y Bolsonaro.
Paraguay, en 2023: 13. A pesar del número, el Partido Colorado mantuvo su hegemonía.
Venezuela, 2024: 10. Originalmente se inscribieron 13 candidatos, pero la lista se redujo a 10 tras varias renuncias de última hora.
Elecciones con Fragmentación Moderada (5 a 9 candidatos)
Muchos países de la región caen en esta categoría, porque existen coaliciones que agrupan a varios partidos pequeños.
Argentina, en 2023: 5. Tras las primarias (PASO), solo cinco fórmulas compitieron en las generales.
Chile, en 2021: 7. Una competencia diversa que terminó en el triunfo de Gabriel Boric.
Colombia, 2022: 6. Número reducido tras las consultas interpartidistas que funcionan como «pre-filtros».
El Salvador, 2024: 6 candidatos, aunque la reelección de Nayib Bukele dominó el panorama con más del 80% de los votos.
Nicaragua, en 2021: Oficialmente 7 candidatos, pero la mayoría de la oposición real fue encarcelada antes de los comicios, dejando una boleta sin competencia efectiva. Estas “elecciones” fueron una verdadera burla a la voluntad popular.
Elecciones con Baja Participación / Polarizadas (Menos de 5 candidatos)
Suelen ocurrir en países con sistemas más cerrados o donde la oposición se agrupa en un solo bloque.
México, 2024: Solo 3 candidatos (Claudia Sheinbaum, Xóchitl Gálvez y Jorge Álvarez Máynez).
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La tendencia general en Sudamérica (especialmente en la región andina) es hacia la hiper-fragmentación. Los votantes están abandonando los partidos tradicionales, lo que permite que aparezcan decenas de candidatos «outsiders» o de partidos nuevos, como se ve claramente en el caso actual de Perú para 2026.
El caso de Perú es muy especial, porque si bien la economía marcha razonablemente bien, la sociedad, su sistema político, su parlamento, no quieren aprender de los errores del pasado, al contrario, parecen querer hacerlo aún peor: de 18 candidatos en las elecciones anteriores pasan hoy a 36.
En 2021 compitieron en la segunda vuelta Pedro Castillo (2,724,752, votos, o un 18.92%) y Keiko Fujimori (1,930,762 votos, o un 13.41%).
Es decir, que los peruanos hace cinco años, en la segunda vuelta, tuvieron que escoger entre dos candidatos que, sumados sus votos, no fueron seleccionados en la primera por ¡un 68% de los electores!
Que la gente no estaba contenta con la guachafita (y con la mediocridad de ambas opciones) lo demuestra el hecho de que en la primera vuelta los votos en blanco y nulos sumaron más de 3.3 millones, superando individualmente a cualquier candidato.
Estamos en 2026, y como escribió recientemente Jorge Céliz Kuong, “a pocas semanas de las elecciones generales del 12 de abril del 2026, la política peruana presenta una paradoja evidente: hay más candidatos que nunca, pero menos liderazgo que nunca. Con más de 30 partidos inscritos y un ausentismo proyectado que asusta, la campaña se desarrolla en un escenario fragmentado donde ningún postulante logra superar el 15% de intención de voto. Las encuestas de este mes, de firmas como Ipsos y CPI, reflejan un dato revelador: el «voto blanco» y los indecisos suman casi el 50% de la población, evidenciando un hartazgo profundo tras años de choques entre poderes, cambios de mando abruptos y una desaprobación del Congreso que roza el 90%
La clase política peruana lleva al país a un auténtico suicidio electoral.
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Mientras tanto, como si lo anterior no fuera suficiente, hay otra pregunta que nos concierne especialmente a los venezolanos: ¿cuáles son los defectos fundamentales del sistema de votación presidencial de una sola vuelta, (como es el caso de Venezuela)?
Recordemos que el sistema de elección presidencial de una sola vuelta (o mayoría simple/relativa) es aquel donde el candidato con más votos gana directamente, sin importar qué tan bajo sea su porcentaje o qué tanta diferencia tenga sobre el segundo.
En el contexto de Venezuela y otros países que lo utilizan (como México o Panamá), este sistema presenta varios defectos fundamentales desde el punto de vista de la la representatividad:
- Falta de Legitimidad Mayoritaria
Es el defecto más crítico. Un candidato puede ganar la presidencia con un porcentaje bajo (por ejemplo, 30% o 35%) si el resto de los votos se divide entre muchos otros candidatos.
Como consecuencia, el presidente asume el poder con el rechazo de la mayoría absoluta, lo que dificulta la gobernabilidad y debilita su autoridad política desde el primer día; además, es frecuente que ese porcentaje bajo refleje asimismo un bajo porcentaje de representación parlamentaria, una clara minoría en el Congreso.
- Incentivo a la Polarización Extrema
A diferencia de la segunda vuelta (balotaje), donde los candidatos deben moderar su discurso para atraer a los votantes del centro o de otros partidos en la etapa final, la vuelta única premia la movilización de la «base dura».
Como resultado, los candidatos no necesitan convencer a la mayoría del país, sino simplemente asegurarse de ser la minoría más grande. Esto fomenta discursos radicales y divisivos.
- El Efecto del «Voto Útil» y el Miedo
Este sistema castiga la diversidad de opciones. Los electores a menudo dejan de votar por su candidato preferido (si creen que no tiene opciones de ganar) para votar por «el menos malo» que tenga posibilidades de derrotar al que más temen.
Por esa vía, se reduce la competencia real y se asfixia el crecimiento de terceras fuerzas o partidos emergentes, consolidando bloques rígidos.
- Vulnerabilidad ante la División de la Oposición
En una sola vuelta, si la oposición se presenta fragmentada con varios candidatos fuertes, el partido de gobierno (o cualquier fuerza con un voto duro consolidado) puede ganar fácilmente, aunque la mayoría del país desee un cambio.
- Inexistencia de Alianzas Post-Electorales Naturales
En los sistemas de doble vuelta, la pausa entre ambas votaciones permite que los partidos negocien acuerdos de gobierno, programas comunes y coaliciones, frente al electorado.
Por lo demás, en la vuelta única, las alianzas suelen ser pragmáticas y opacas antes de la elección, o simplemente no ocurren, dejando al ganador en una posición de «el ganador se lleva todo» sin necesidad de pactar con otras fuerzas sociales.
En Venezuela hemos tenido elecciones en 2023 (primarias opositoras) y en 2024 (presidenciales). En ambas, el resultado fue aplastante: María Corina Machado arrasa en la primaria con más del 90% (de un total de diez candidatos) , y Edmundo González Urrutia, con el apoyo de Machado, imposibilitada de participar, logra la victoria con un 67% (también de diez candidatos).
Hacia el futuro, la falla evidente del sistema de una sola vuelta, si se presentan varios candidatos con relativo chance, podría volver a mostrarse. Y un resultado funesto y negativo sería posible.
Dentro de las transformaciones a futuro que deben realizarse en las instituciones políticas venezolanas, el cambio del sistema de votación, al menos hacia uno de doble vuelta tradicional, es imprescindible.
Y, last but not least, ¡estudiar la manera de controlar las hemorragias candidaturales tan en boga en la región!
