DictaduraGente y SociedadPolítica

Elizabeth Sánchez Vegas: No se puedo parir una patria antes de tiempo

María Corina Machado pretende compartir el Nobel con Trump y volver a  Venezuela 'lo antes posible' | DIARIO DE CUBA

 

María Corina Machado lleva esta libertad como quien lleva un embarazo de alto riesgo. Todo el mundo alrededor grita que apure el parto, que ya es hora, que el dolor es insoportable. Pero ella sabe, porque lo ha sentido en su propia carne y en la de millones de familias separadas, que forzar el tiempo significa perder al hijo. Por eso actúa con una serenidad que no es frialdad, sino la disciplina sagrada de quien protege lo que aún no ha nacido. Mientras otros exigen que cada contracción se anuncie en vivo y en directo, ella se mantiene firme en la sala de espera más dura del continente, midiendo cada latido, calibrando cada movimiento para que cuando la criatura finalmente respire, respire con fuerza propia y con la vitalidad soberana que la haga capaz de erguirse con dignidad desde el primer instante.

Y eso, queridos hermanos venezolanos, es lo más hermoso y lo más revolucionario que nos está pasando como pueblo. Esta vez el tiempo no es nuestro enemigo: es el aliado que nos permite gestar algo que nadie podrá arrebatarnos. María Corina entiende que Venezuela ya no quiere otro parto prematuro que termine en tragedia, como los que hemos vivido tantas veces. Esta vez no. Esta vez ella carga con el peso, con las noches sin dormir, con las voces que la apuran desde todos los rincones, porque sabe que el hijo que viene, la Venezuela libre, digna, próspera, tiene que nacer completo, con pulmones fuertes y con la cabeza erguida.

Nuestra tarea no es apurarla. Nuestra tarea es esperar a que ella haga exactamente lo que tiene que hacer. Ya no somos el pueblo que se desangraba con cada ola de ansiedad. Hoy somos la familia que se ha reunido alrededor de esa cama con las manos entrelazadas, el llanto contenido y la mirada serena: sin pedir ecografías en tiempo real, sin exigir explicaciones que solo debilitarían el proceso. Ya sabemos que las cosas grandes se gestan en la penumbra sagrada: diálogos que nadie puede oír, alianzas que se fortalecen como venas ocultas, pasos que parecen quietud pero que están abriendo el camino para que este niño nazca de pie y libre.

Venezolanos de adentro y de afuera, ya no gritemos. Cada uno manténgase haciendo lo suyo, atento y confiado en su puesto: el de adentro resistiendo con dignidad, el de afuera sosteniendo desde lejos, todos tejiendo con su esfuerzo diario la red que protege este nacimiento. Es hora de acompañarla con una madurez que nos llene de orgullo callado. Sostengamos esta unidad sin aflojar, porque cada segundo de esta espera es oro que se forja en fuego lento.

Cuando llegue ese primer llanto y llegará, no diremos “por fin se acabó el dolor”. Diremos, con la voz quebrada y el corazón pleno: “estamos listos”. Listos para recibirlo. Listos para criarlo. Listos para que nadie nos lo quite nunca más.

María Corina Machado está pariendo el país que soñamos. Y nosotros, por fin, somos la familia que ese parto se merece. Esa es la verdad que hoy nos incendia el pecho. Y esa verdad, hermanos venezolanos, ya nadie nos la quita.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba